Pensiones en España. El desafío de la transición

Toda crisis económica abre la oportunidad de un cambio. La crisis económica en España, con su terrible efecto sobre el empleo, comienza a abrir una agenda de reformas indispensables que se hallaba cerrada desde hace mucho tiempo.

Dentro de esta agenda, el debate sobre las pensiones vuelve a estar encima de la mesa, y ya se han alzado las voces liberales del país en contra del sistema de reparto y a favor de un sistema de capitalización. En tal sentido podemos destacar los valiosos aportes de Pedro Schwartz, Juan Ramón Rallo, Gabriel Calzada y Carlos Rodríguez Braun. Incluso el ex presidente José María Aznar ha destacado que “el sistema de pensiones no puede aguantar“. (Lástima que no aprovechara su gestión para implementar una reforma).

En este artículo sólo quiero hacer una reflexión sobre un punto que ha enfatizado mi colega María Blanco: “Pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización no es cosa fácil, las transiciones suelen ser siempre complicadas”.

Observo una tendencia, tanto en los liberales argentinos como en los españoles, a caer en el simplismo de resumir los grandes logros del caso chileno en la reforma de las pensiones. Yo mismo lo he hecho en mi columna. Pero pocos, o quizás ninguno de nosotros, nos hemos arremangado y puesto a trabajar en lo que seguramente es la preocupación de los políticos (y con ello me refiero tanto al poder ejecutivo como el legislativo): como efectuar la transición a tal sistema.

Me refiero a que el sistema de capitalización resolverá el problema de las futuras generaciones, puesto que el ahorro de la actual población activa se invertirá y rendirá sus frutos para dentro de dos, tres o cuatro décadas, dejando además una importante generación de empleo y un positivo efecto sobre la actividad económica. Sin embargo, también dejará un agujero fiscal que obligará al Gobierno que lleve adelante la reforma a endeudarse o a incrementar los recursos tributarios para financiar a los actuales pensionistas.

Y en este sentido Argentina puede ofrecerles una lección. Argentina “resolvió” el problema de la transición obligando a las administraciones de pensiones a invertir un tercio del dinero recaudado en la compra de deuda pública. Las administradoras, por un lado, recibían así importantes ganancias fruto de adquirir los arriesgados títulos públicos. El Estado, por el otro, lograba resolver un problema de caja acuciante, y así financiar a los actuales pensionistas, con los cuantiosos recursos que recibía de las administradoras. Esto es lo que en otra columna denominé el mito de las pensiones privadas.

Si el Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner decidió estatalizar el sistema, fue tanto por la voracidad fiscal que los caracteriza, como por la necesidad de interrumpir un proceso de endeudamiento público que hacía inviable la política fiscal de su Gobierno.

Los liberales españoles deben estudiar el exitoso caso chileno y también el fracaso argentino. El desafío es imaginar una transición que convenza a la clase política española de que un sistema de capitalización, además de superior, es posible.

Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek y escribe regularmente en su bitácora.

Publicado originalmente en Libertad digital, 16 de marzo de 2010.

Una respuesta

  1. Adrián,

    El problema de las pensiones es sólo una de las patas de algo mucho más complejo. España se encamina al precipicio.

    1. La Constitución no se cumple y el Tribunal Constitucional esta hiperpolitizado. La inconstitucionalidad del Estatuto de Cataluña lleva tres años deliberándose y la tésis de Alberto Recarte es que nunca habrá sentencia.

    2. La organización territorial en autonomías ha creado 15 nuevas castas políticas a las que el poder central ha transferido inmensas cuotas de poder, las cuales aumentan la regulación y fiscalización de la actividad privada mientras fomentan el clientelismo político, obstaculizando en el proceso la unidad de mercado.

    3. El deficit está fuera de control y ya ayer Angela Merkel habló de la expulsión del Euro para algunos países y la SEC está estudiando la posibilidad de obligar a las empresas norteamericanas a que revelen su exposición a España.

    4. Productividad. Se necesita una reforma laboral profunda que es dificil que se lleve a cabo por la fuerte oposición de los sindicatos, los cuales tienen una cuota de poder que no refleja el nivel de afiliación. Tres cuartos de lo mismo en el terreno educativo.

    5. Los medios de comunicación se inclinan mayoritariamente a la izquierda.

    6. La oposición, en particular el Partido Popular, no está proponiendo medidas, esperando la caída de ZP para heredarlo, mientras la democracia interna brilla por su ausencia. Es más, en la mayor parte de los lugares donde gobierna no muestra mejores aptitudes que los socialistas, excepción hecha de Esperanza Aguierre en Madrid, la cual está enfrentada a la cúpula del partido por sus inclinanciones liberales. Rajoy es un líder que se mantiene en el poder gracias a los barones territoriales y que sufre de los complejos típicos de la derecha española.

    Soy profundamente pesimista ante la situación española, y veo más plausible que surja algún tipo de peronismo en clave ibérica antes de que se lleven a cabo reformas necesarias.

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