Honduras, hipocresias ideologicas y la crisis de la democracia – por Gabriel Zanotti

El caso Honduras refleja varias cosas. Una, la hipocresía y crueldad de los discursos ideológicos. Dictadorzuelos y “presidentes” afectos al partido único y, por supuesto, al “democrático” socialismo del s. XXI, se llenan la boca ahora hablando de estado de derecho, democracia constitucional, estabilidad institucional, todos nobles ideales del liberalismo político que desprecian profundamente y eliminan gradual y eficazmente de sus propios países.

ZanottiTuve una vez una genial autoridad académica que me hizo una pregunta fascinante. Siendo yo un joven egresado de la carrera de filosofía, despertaba en él y en otro ciertas expectativas que por suerte los años se han encargado de desmentir. Entre ellas, que yo “sabía” Latín. Cada tanto me llamaba y me preguntaba por la traducción de tal o cual texto. Ahora diría “no tengo la más remota idea”, pero entonces, intentando vanamente sacar algo de provecho de los tres años donde traté de estudiar tan noble lenguaje, elaboraba algunas conjeturas. “Bueno, podría ser… Pero también se podría interpretar como… Déjeme confirmar……”. Y entonces mi interlocutor me hizo una pregunta espectacular: “Pero dígame, ¿usted sabe Latín o no sabe Latín?” ¡Impresionante!! Claro, en ese orden como en todos los demás, ¿qué es “saber”?

Pasaron los años y el Latín –del cual lo único que ahora me interesa es utrum Deus sit– cedió paso a la fenomenología de las ciencias sociales, para afirmar, en muy académicos artículos, que en ciencias sociales no puede haber definiciones in abstracto. Se puede, sí, conocer el sentido de cada interacción social en cuestión, pero se debe caracterizar en una definición abierta, enraizada en la complejidad de la historia. Democracia, poder, legitimidad, mercado, precios, sí, admiten una definición, pero nunca una que logre lo imposible e indeseable: salir de la historia, salir de circunstancias complejas que, afortunadamente, nos muestran los límites de nuestro conocimiento y nos dejan abiertos a una sana incertidumbre dentro de razonables certezas.

Qué bien. ¿Suena bonito, no? Pero cuando vienen los apasionamientos ideológicos, todo se acaba. Nacen nuevamente las certezas absolutas, las definiciones tajantes, las condenas totales, la sabiduría total, o expresiones tan abiertas a la comprensión del otro como “no puedo entender cómo se defiende lo indefendible” (Insulza, infalible, dixit).

Ahora todos los “actores” en cuestión han descubierto que no es tan fácil definir qué es un “golpe”, o que sí lo es, y el que no lo entiende es el malo de la película. Fascinantes los debates epistemológicos y fenomenológicos en la OEA o en el Congreso de los EEUU afirmando qué es un golpe y qué no lo es, y acusando de las maldades más impresionantes a la “insólita” opinión contraria. Es que el caso Honduras refleja varias cosas. Una, la hipocresía y crueldad de los discursos ideológicos. Dictadorzuelos y “presidentes” afectos al partido único y, por supuesto, al “democrático” socialismo del s. XXI, se llenan la boca ahora hablando de estado de derecho, democracia constitucional, estabilidad institucional, todos nobles ideales del liberalismo político que desprecian profundamente y eliminan gradual y eficazmente de sus propios países. Hasta el embalsamado Castro salió a decir ayer que los pueblos tienen derecho a elegir sus gobernantes. ¡Autoridad moral en todo su esplendor!!!

Parte de esta hipocresía es la inoperancia, doble moral, doble standard e insulsa banalidad del mal de los organismos internacionales y sus autoridades, y autoridades de países vecinos, que en el fondo de su conciencia moral saben todo esto, pero, claro, no se atreven jamás, en su bucólico y burocrático papel existencial, a condenarlos abiertamente en público, a decirles lo que se merecen (qué solo que ha quedado el genial “por qué no te callas” del honestísimo Rey de España) y además, cuando esos dictadorzuelos y “jefes del poder ejecutivo” violan sistemáticamente el estado de derecho en su propio territorio, a los golpes institucionales y mediáticos (reitero: a los golpes), claro, entonces no hay ninguna condena internacional, nada, sólo un silencio hasta que la situación explota. Qué mundo cruel pero, como dije otra vez, qué vidas insulsas las de todos ellos, sumergidos en la triste existencia de nuevos pilatos menos dignos que el Pilato abiertamente pagano y romano que al menos tuvo el honor de que Jesucristo le hablara.

Y el doble standard, también, de algunos que, ante uno o dos casos de presidentes “de derecha” que también quieren su reelección, retroalimentando con ello la anomia institucional de América Latina, miran para otro lado. Vamos, si es así, ubíquense en la política real, díganlo, pero dejen de hablar de liberalismo político, porque “eso” es otra cosa.

Qué ingenuidad supina, también, que torpeza total, si es verdad que Zelaya violaba la Constitución, armar una película digna de “Bananas” para que toda la comunidad internacional, esa comunidad internacional insulsa e inservible, y esos dictadorzuelos crueles e hipócritas, los condenen. Prácticamente, servirles el plato, armarles el escenario de su gran teatro. ¿No imaginaban lo que iba a pasar?

Ante todo esto, ¡qué interesante debate académico! ¿Qué es un golpe? ¿A alguien verdaderamente le importa?

Pero a quienes realmente les importe, y no traten de sacar provecho para crueles ideologías, para quienes realmente estén preocupados por la democracia, Honduras es a la política lo que la crisis financiera es a la economía. Revela el límite de viejos paradigmas ante realidades sociales que los superan. La democracia constitucional está en crisis pero nadie lee o estudia a aquellos que diagnosticaron la crisis y propusieron salidas institucionales nuevas para renovar el ideal de los padres fundadores de los Estados Unidos. Buchanan y Hayek comenzaron a escribir de todo esto en los 60. Tolle, lege. Allí están. Estudien. Si, tal vez es tarde. Tal vez sea ya muy tarde, pero yo, un profesor que no existe, que no insiste, que sólo resiste, ¿qué voy a proponer?

Mientras tanto, que Dios proteja a los hondureños.

Gabriel Zanotti es filósofo y miembro del Departamento de Investigaciones de la Fundación Friedrich A.  von Hayek.

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