ALFONSIN: Un símbolo de los límites de la democracia

En las últimas semanas torrentes de tinta han inundado los medios locales e internacionales para hablar sobre el fallecimiento de Raúl Alfonsín y tratar de mostrar un vínculo fundamental entre su persona, el fin de los sangrientos gobiernos militares y el comienzo de la democracia. Alfonsín dejó una frase que todos recordamos: “Con la democracia se come, se educa y se cura”.

La democracia es una institución fundamental, necesaria para el progreso, ya que permite retirar a los gobernantes sin uso de la fuerza; pero también insuficiente para alcanzar este objetivo. De hecho, en la práctica, el Gobierno de Alfonsín terminó con el colapso total de la economía: con un proceso hiperinflacionario que dificultó enormemente el acceso de los argentinos a los alimentos, a la educación y a los hospitales.

Y es que la práctica democrática suele ser concebida como una forma de tomar decisiones que se oponga a las voluntades de la menor cantidad posible de individuos a través de un sistema de “votos”.

Así entendida, y sin ningún límite adicional, en una sociedad de tres personas A, B y C, los dos primeros podrían imponer su voluntad sobre el tercero. Este sencillo ejemplo nos muestra que “los resultados de la práctica democrática” ni serán necesariamente justos ni eficientes e incluso –muchas veces– serán contrarios a la voluntad de los mismos que en su momento votaron a favor de quien resultó victorioso en los comicios.

Juan Bautista Alberdi, consciente de este problema, ofreció a la Argentina las Bases de una Constitución Nacional que hoy, para la clase dirigente, parece ser letra muerta. La Constitución Nacional de Argentina protege las libertades individuales y los derechos de propiedad, no sólo de las mayorías que votaron al Gobierno, sino también de las minorías.

El Ejecutivo puede tomar hoy las decisiones que crea convenientes, pero las mismas jamás deberían ir en contra de las libertades individuales o de los derechos de propiedad. Hacerlo en un sistema republicano debiera ser declarado inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia. Algo que en Argentina no sucede.

Algunos historiadores argentinos han catalogado a Alfonsín como el “restaurador de la democracia“. Yo creo que Alfonsín debiera ser más bien un símbolo de sus limitaciones.

Publicado originalmente en Libertad digital.

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