PARTIDO LIBERTARIO ARGENTINO

Los Libertarios no nos sentimos representados políticamente por ningún partido. Este es un primer paso para luchar por un mundo diferente.

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Convocatoria
Amiga, Amigo,
Si crees que es tiempo de comenzar una nueva forma de vivir y relacionarse, buscar una base filosófica y política nueva a partir de ideas básicas simples, únete al PLA , Partido Libertario Argentino.
Por el respeto de todas las personas como individuos, por las libertades, por la reducción drástica de la injerencia del estado en la vida de las personas, por el fin de la coerción como forma de gobierno. Por la libertad de intercambio e iteración entre las personas. Por la reduccion ó eliminación de la mayoría de los impuestos. Por la inviolabilidad de tus propiedades.
Estamos reuniendo a las personas de los más diversos orígenes que estén dispuestas a respetar claramente las libertades de los demás y a defender las suyas con igual convencimiento.
Te necesitamos para organizar el movimiento que tarde o temprano influenciará la vida social Argentina, para bien de todos.
¡Ayudémonos para ser mas libres y mas felices!¡Es posible, y se hará realidad!
Nestor Hugo CirilloInterinamente a cargo de PLA
Manda una mail con tus datos para incorporarte a: mail.partidolibertario Estaremos en contacto. Gracias.

Una respuesta

  1. Dr. Adrián Ravier,
    De mi mayor consideración y valoración profesional y ética hacia su persona:

    En altas horas de la madrugada del 17/09, viendo y habiendo visto y escuchado lo que nos pasa a los argentinos y a los ciudadanos del globo, quise plasmar unas palabras que reivindican la libertad por un lado y reivindican el derecho a la esperanza individual por el otro, aún cuando estos conceptos sean, tal vez, equivocados, o tan siquiera efímeros.
    Y sobre todo, la desesperación en el cuarto oscuro por poder votar algo que me represente. (Sólo como votante cada dos años, ninguna otra cosa).
    Quería compartir con Usted, Dr Adrián Ravier, estas vindicaciones.
    Si el valor es escaso o nulo, me queda solamente el solicitarle el perdón más sincero. Sé que la tecla “DELETE” podrá sacarlo del problema de manera definitiva.
    Lo saludo con la consideración más distinguida.
    Alfredo Polin.
    Lic en Química, 48 años, argentino.

    Ideas básicas sobre la necesidad de un
    Partido Libertario

    La Argentina es un gran país, posee un gran potencial, tiene su población aptitudes y características que rechazan la idea de que debe estar condenada a las sucesiones de fracasos y pobrezas vanas.
    Cuánto influye en esto la ideología imperante, es uno de los factores que más contribuyen.
    También es dada al facilismo, a los pensamientos mágicos alimentados por una caterva de dirigentes ignorantes y de medio pelo que hablan sin tener idea de lo que dicen, que no conocen el estudio profundo.
    Su población es potencialmente rica y generosa, pero se esconde en ella un par de defectos muy graves que echan por tierra los esfuerzos, que no son muchos, por encauzar el rumbo.
    Uno de esos defectos, ya señalado, es el del pensamiento mágico y el apego a ideologías “salvadoras” que en poco tiempo demuestran su incompetencia.
    El otro, más grave, más escondido y arraigado, es que el argentino es envidioso. Le duele, en el fondo, el éxito del prójimo. Aún entendiendo por “éxito” cualquier fenómeno por el cual el sujeto que envidia así lo interprete.
    Y no hemos tenido la oportunidad de probar un verdadero liberalismo.
    Es aquí donde quisiera plantear mis inquietudes: hemos probado todo tipo de ideologías, de izquierda, de derecha, de jure y de facto, de democrática elección y de terrorismo sanguinario, de constituciones ejemplares y de delincuentes que han asaltado el poder para erigirse en dictadores absolutistas. También hemos probado un partido tradicionalmente dirigista y denigrador de las libertades individuales que, casi mágicamente, pasó a utilizar, en provecho propio y de la elite de jerarcas corruptos que lo encabezaban, algunas de las fórmulas del liberalismo.
    Hemos tenido neo-liberalismo, ese neologismo tan repugnante y desastroso.
    No fuimos capaces de advertir y gritar que este neoliberalismo es un liberalismo falso, que el neo aniquila el concepto de lo que el liberalismo realmente es.
    De pronto pasamos a creer que hacer cambiar de manos estatales de empresas del estado argentino a terceros estados (estados, al fin y al cabo) era “privatizar”.
    Hemos creído que un gobierno que ejerce el monopolio de la emisión de moneda de curso forzoso podía “estabilizar” nuestras décadas de inflación y desbordes de todo tipo, hiper incluida. Hasta llegamos a poner convertible la moneda impresa contra otra moneda igualmente monopolizada por otro estado. Y esta barbaridad ya había sido advertida por Ludwig von Mises medio siglo atrás.- Y además es como echarle las culpas a un alucinógeno de las carencias y falencias del alucinado.
    No creemos en el valor de la experiencia humana, y este es un defecto que generosamente compartimos con muchos otros países del planeta, si no, cómo se explican los intentos de restalecer un socialismo “del siglo XXI”, o bien un keynesianismo que ahora sí nos va a salvar, cuando no fue capaz de hacerlo cuando el propio Keynes vivía.
    Si es cierto que el hombre es el único animal que tropieza muchas veces con la misma piedra, creo que nuestras recientes décadas han dado fe sobrada de esta sospecha.
    Ahora nos vamos a entretener, quizás, con otra de esas carreras armamentistas que lo único que ganan es agigantar el poder omnímodo del Estado en función de las excusas más bizarras.
    Y el planeta sigue girando, sin advertir que el giro es un movimiento que no conduce a nada.
    Estoy plenamente convencido de la necesidad de que nuestro País, nuestra Argentina tan sufrida y tan errante, tenga la oportunidad de un partido que le ofrezca una solución verdadera dentro del marco de la organización social del estado de derecho y de las libertades individuales. Ese estado será una base para las reglas del juego, pero no podrá, como ningún modelo puede hacerlo, garantizar la alegría y la felicidad de las personas. Este es un tema demasiado individual para pedirle milagros al concepto “Estado”, que apenas ha sabido librar guerras a lo largo de la Historia.
    Creo entonces que un Partido en el sentido clásico de la palabra Liberal es más necesario que nunca. Pero nada de neoliberalismo, que nada tiene en común con los idearios del liberalismo clásico. Mises, o Hayek, si vivieran hoy, podrían explicarlo muy claramente.
    Que sea entonces plenamente y convencidamente Liberal es la clave.
    Y como la palabra, ese juego de lenguas que a veces plantea escenarios macabros, está tan vilipendiada, deberíamos utilizarla con algún giro que no remita al escuchador desprevenido al más genuino de los pánicos.
    Por eso creo en la palabra Libertario, que suena igual, pero distinto. También tengo para mí que ese ideario Libertario está representado por una palabra que le da fuerza, un ímpetu nuevo, casi como la reacción furiosa de aquellos primeros liberales contra los estados absolutos, los feudos y la falta del derecho ecuánime.
    Argentinos a las cosas, decía alguien. Pues bien, el Estado a sus cosas, que principalmente debe ser garantizar el Estado de Derecho. Y que la soberanía no se manifiesta por un papelito pintado, sino con la capacidad de sus ciudadanos de vivir la vida según sus propias tendencias. En el éxito personal y aún en el fracaso.
    Para ello deben ser ciudadanos libres. Y los ciudadanos libres no viven en estados totalitarios o semitotalitarios.
    Basta hacer una pequeña síntesis de lo que nos ocurre:
    Un Estado que emite moneda forzosa, falsificada, que genera alteraciones en la oferta crediticia de todo tipo.- Un Estado que no garantiza el efectivo reino del Estado de Derecho, tal como los Libertarios lo entendemos y sabemos de su eficacia.- Un Estado que regula o quiere regular todo, desde el funcionamiento de los medios de comunicación hasta las pautas de la educación de los niños. Y nada de esto se cumple en la práctica, ni tan siquiera se cumple la aberración que se proclama.- Un Estado que succiona la riqueza y las ganancias de las personas en pos de algo que llama justicia social, pero que en realidad jamás ha podido dar muestras de solucionar los problemas sociales de fondo, tanto económicos como de cualquier otra índole.-
    Como antídoto, el programa de un verdadero y genuino Partido Libertario prometerá pocas cosas, pero cumplibles. Gozará de un tamaño pequeño, no necesitará para ello recurrir a la exacción de la riqueza de las personas. Garantizará el Estado de Derecho, justo e imparcial para todos. No tendrá prevendas ni compromisos con ningún factor de poder, ya que el poder mismo le será de muy poco interés. No es la función del estado liberal el acumular poder, sino simplemente de garantizar la libre concurrencia de las personas a las reglas del juego. Esto implica imperiosamente transformar al Poder Judicial en un órgano eficaz, sabio, creíble, rápido, predecible, justo.
    Son enemigos del estado liberal todos aquellos que quieran usarlo para acumular poder, para inclinar la balanza de cualquier tipo a su favor, los corruptos, los torpes, los idólatras de los mesianismos más estúpidos de la era moderna.
    Puede llevar a cabo este programa toda persona de buena voluntad que crea en el prójimo, que se sepa limitado y humilde, que no tenga una especial vocación de poder, sino de servicio para facilitar la vida de los individuos, no el hacerla cada vez más penosa. Pueden hacerlo aquéllos que consideran y saben que las cárceles son pozos ciegos inmundos y repulsivos a la dignidad humana, aún del criminal más temerario. Que toda persona posee la potencialidad de la sabiduría y de la bondad, y que lo más justo es permitirle que desarrolle esas cualidades, reprimiendo solamente a aquellos que se oponen con violencia al prójimo. Y que la administración de Justicia debe ser un verdadero mecanismo para rescatar al individuo equivocado, nunca para castigarlo o para torturarlo.
    Son expresiones aberrantes para un Libertario todas las palabras que describen las conductas más violentas y bajas de un individuo: el asesino, el ladrón, el corrupto, el que ama las guerras, el que ama la pena de muerte, el que irrespeta la dignidad humana del prójimo, el que se aprovecha innoblemente de las necesidades de ese prójimo, el que discrimina por preconceptos o prejuicios absurdos e ignorantes, el que desconoce que la justicia está hecha para garantizar la vida en sociedad, en cooperación mutua, y que lo que debe hacer es rescatarlo para la sociedad, nunca enviarlo a un pozo de tormentos. El que desea imponer sus creencias y/o su estilo de vida a los demás, ese es un verdadero enemigo de la libertad tal como el libertario la entiende.
    De allí la necesidad de un Partido Libertario que ofrezca al público que vota y que es el soberano, la oportunidad de poder elegir este estilo de ver la política y la cosa pública. Después, si el público no vota esta opción, será bien porque no ha sabido este partido transmitir sus ideas claramente, o bien porque el público no está interesado en dichas ideas.
    ¡Pero por lo menos démosle la oportunidad al Soberano!.
    Si luego el Soberano quiere otra cosa, por lo menos será debidamente responsable de sus elecciones en plena libertad. Ya la cosa marchará por otros carriles, y entonces quienes creemos en esta sociedad liberal genuina tendremos nuestra conciencia tranquila.
    Reconozcamos que hoy no la tenemos, porque hoy no posee el público votante la opción de este voto.
    ¡Voto por dar esta oportunidad!.

    Alfredo Polin
    17 de septiembre de 2009.

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