¿Es posible desarmar el Sistema de la Banca Central? – Fundación Atlas 1853

La imposibilidad del cálculo económico trasladada al sistema financiero

Por Adrián Osvaldo Ravier*

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En 1920 Ludwig von Mises realizaba un aporte fundamental para la ciencia económica al demostrar la imposibilidad teórica de practicar el Socialismo. Desde entonces numerosos teóricos han reforzado esta brillante idea, entre los que podremos nombrar a Friedrich A. von Hayek, Murray N. Rothbard, Israel Kirzner o nuestro contemporáneo español Jesús Huerta de Soto.

Todos estos autores y muchos más que sería imposible incluir en este breve artículo, han permitido que hoy el mundo haya desplazado prácticamente por completo a dicho sistema, con las lamentables excepciones de Cuba y Vietnam. A la caída del muro de Berlín le han seguido todas las economías de Europa Oriental e incluso China, quien no hace mucho se ha integrado a la Organización Mundial de Comercio logrando lo que seguramente será llamado el “Milagro Chino”.

El fracaso del Socialismo entonces habría sido anticipado por los pensadores de la Escuela Austríaca, que a pesar de ser desconocida aún para muchos economistas, comienza rápidamente a trascender en el mundo de las ideas.

Según el Profesor Huerta de Soto, el Socialismo es “todo sistema de agresión institucional contra el libre ejercicio de la acción humana o función empresarial”.

Los defensores de este sistema, sean científicos, políticos o filósofos sostienen que el proceso de coordinación social podría hacerse mucho más efectivo y perfecto mediante la utilización sistemática de la coacción.

La tesis de Mises consistió justamente en demostrar lo opuesto afirmando que el Socialismo es un error intelectual porque no es teóricamente posible que el órgano encargado de ejercer la agresión institucional disponga de la información o conocimiento práctico y disperso suficiente como para dar un contenido coordinador a sus mandatos. El profesor Huerta de Soto apoya esta idea mediante los siguientes cuatro motivos: primero, por razones de volumen (es imposible que el órgano de intervención asimile conscientemente el enorme volumen de información práctica diseminada en las mentes de los seres humanos); segundo, dado el carácter esencialmente intransferible al órgano central de la información que se necesita (por su naturaleza tácita no articulable); tercero, porque, además, no puede transmitirse la información que aún no se haya descubierto o creado por los actores que sólo surge como resultado del libre proceso de ejercicio de la función empresarial; y cuarto, porque el ejercicio de la coacción impide que el proceso empresarial descubra y cree la información necesaria para coordinar la sociedad.

El mundo en el que vivimos se haya entonces libre de un órgano central planificador de las características que alguna vez experimentaron Alemania Oriental o Rusia. Sin embargo, encontramos aún en todas las economías (tanto de occidente como de oriente) que en materia monetaria sigue existiendo un órgano central planificador. El Banco Central sigue contando con las mismas atribuciones que se observan en un Sistema Socialista. En otras palabras, el mundo depende hoy de las políticas monetarias, cambiarias y financieras tomadas por el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan. Y de la Reserva Federal dependen también las políticas monetarias, cambiarias y financieras del resto de los bancos centrales del mundo, incluyendo, el Banco Central Europeo o el Banco de Japón.

Debemos afirmar aquí, que estas políticas se hayan ante la misma imposibilidad de cálculo económico que el Sistema Socialista. Alan Greenspan no puede jamás hacerse de la información necesaria para tomar las políticas monetarias, cambiarias y financieras que se correspondan con lo que los agentes demandan. Se trata en términos del Premio Nóbel Friedrich A. von Hayek, de una “fatal arrogancia” el hecho de siquiera intentarlo.

La economía mundial requiere en forma urgente de una reforma del sistema financiero orientada en los principios de la economía de mercado, esto es eliminando el banco central y el curso forzoso e impidiendo que el sistema bancario pueda inyectar dinero de la nada sea a través de la simple emisión o a través de simples notas contables apoyándose en el sistema de reserva fraccionaria.

Pero, ¿cuáles son los factores que impiden una reforma monetaria de dichas características? Lo analizaremos en función de los distintos agentes que existen en cualquier economía.

En primer lugar, el sistema político. Los gobernantes de todo el mundo saben que ante la necesidad de sumar votos, no hay nada mejor que hacerse rápidamente de la liquidez que provee el banco central para así aumentar el gasto público sin necesidad de incrementar la presión impositiva.

En segundo lugar, parece ser una norma para la sociedad que ante un problema económico el estado debe actuar resolviéndolo todo. La inactividad estatal sería así sospechosa considerando la cultura intervencionista de las sociedades modernas.

En tercer lugar, los bancos centrales ya no cumplirían el mismo rol que hoy, sino que se limitarían a regular que los bancos cumplan la ley, esto es, confirmar que guardan el 100 % de los depósitos que reciben.

En cuarto lugar, el sistema bancario se deberá acostumbrar a ver reducidos sus beneficios, al no poder continuar generando dinero de la nada, función que hoy ejerce gracias al sistema de reserva fraccionaria.

En quinto lugar, muchos pseudo-empresarios poderosos ya no podrán contar con el favor del gobierno, sino que deberán ganarse en el mercado el favor del consumidor.

En sexto lugar, los sindicatos perderían sus afiliados una vez que se reconoce que sus actividades sólo conducen a mayor desempleo.

En séptimo lugar, habrá numerosos grupos de presión que perderán sus contactos políticos donde hasta ahora se dirigen.

En octavo lugar, todos los sectores que hoy viven de la “ayuda estatal” tendrán que desaparecer o bien buscar ayuda voluntaria del sector privado.

En noveno lugar, tenemos a los funcionarios con sus asesores, que por todos estos cambios se verán enormemente reducidos en cantidad y a la vez, contarán con menor volumen de fondos para aplicar políticas públicas.

Y por último, aparece el problema de todas las organizaciones internacionales que puesto que viven de las transferencias de los estados nacionales rápidamente desaparecerán o al igual que los sectores que viven de la “ayuda estatal” deberán hacerse de “ayuda voluntaria y privada”.

Destruido ya el Socialismo, tanto en la teoría como en la práctica, debemos preocuparnos los intelectuales por extender estas mismas ideas al campo monetario. No hacerlo implicará continuar experimentando ciclos económicos recurrentemente con todas las consecuencias negativas que esto trae aparejado.

· El autor es Economista (UBA-ESEADE) e investigador asociado a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Actualmente cursa el doctorado en Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España, junto al Profesor Jesús Huerta de Soto.

* Artículo publicado en el sitio web de la Fundación Atlas 1853

http://www.atlas.org.ar/articulos/articulos.asp?Id=1667

 

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