Por qué los europeos debieron y deben decir NO a la Constitución Continental Europea – Fundación Atlas 1853

Por Adrián Osvalo Ravier
Le doy una razón objetiva e incuestionable por
la cual debería usted y cualquier enemigo de la
libertad precipitarse a votar sí en el referéndum:
la expresión “propiedad privada” no aparece ¡ni
una sola vez!
Carlos Rodríguez Braun, Mercado en Europa
Libertad Digital
La Real Academia Española, define Constitución, en su acepción referida al derecho, como “Ley fundamental de un Estado que define el régimen básico de los derechos y libertades de los ciudadanos y los poderes e instituciones de la organización política.” En otras palabras, la Constitución es un instrumento jurídico que fundamentalmente debe declarar derechos y libertades para los individuos que viven en Sociedad y limitar poderes para el Estado. Es el objeto de estas líneas intentar realizar algunas consideraciones sobre una Constitución continental, luego de que en España casi el 80 % de los votantes respondiera afirmativamente.
¿Cómo surge esta Constitución Europea?

No hace falta ser un constitucionalista para saber que siempre que se desee elaborar o modificar una Constitución se debe llamar previamente al Poder Constituyente. La Constitución que hoy los europeos deben aprobar o rechazar es un documento que surge gracias a una Convención realizada en Bruselas y presidida por el ex presidente francés Valery Giscard d´Estaing. Esa convención no fue elegida directamente por los ciudadanos y su labor primordial era simplificar tratados previos, logrando con ellos una Europa más simple, eficiente y democrática. Es por ello que debemos afirmar que esta mal llamada Constitución Europea más que una Constitución, es un tratado entre países.

Sus características

El documento en cuestión cuenta con más de 400 artículos y se extiende en más de 300 páginas. Esto la convierte en una de las constituciones más largas del mundo, junto a la de la India y es diez veces más extensa que la constitución más exitosa del mundo, la de Estados Unidos.
La misma está escrita en un lenguaje imposible para el común, dejando la puerta abierta a innumerables disparates en el terreno económico.
Podemos afirmar que consagra claramente a la economía social de mercado. La misma que hoy es responsable del estancamiento de las dos potencias más importantes de Europa: Alemania y Francia. Esto queda claro, si se observa la cita expuesta al comienzo de Carlos Rodríguez Braun quien afirma que la expresión “Propiedad Privada” no aparece en la Constitución Continental Europea ni una sola vez. A su vez, Gabriel Calzada, un economista liberal español agrega que el término “propiedad” aparece en 11 ocasiones y 6 de ellas es para defender la propiedad pública o industrial y 2 para atacar directamente la propiedad privada.
En sus palabras,
un individuo tiene derecho a la propiedad de sus bienes, faltaría más, pero sólo si no hay una ley que diga lo contrario: “Toda persona tiene derecho a disfrutar de la propiedad de sus bienes adquiridos legalmente, a usarlos, a disponer de ellos y a legarlos. Nadie puede ser privado de su propiedad más que por causa de utilidad pública, en los casos y condiciones previstos en la ley y a cambio, en un tiempo razonable, de una justa indemnización por su pérdida. El uso de los bienes podrá regularse por ley en la medida que resulte necesario para el interés general.” ¿Quién decide lo que es el interés general? ¿Los burócratas de Bruselas o nuestros políticos? Poco importa. La cuestión es que el derecho a la propiedad privada brilla por su ausencia.”
Aun peor es el hecho de que la Carta Magna Europea no cumple con su principal función que debiera ser limitar los poderes del Estado, y establecer claramente la división de poderes. En su lugar, la Constitución europea abunda en concesiones a intereses especiales. Mientras que la Constitución de Estados Unidos, entre otras, cuenta con derechos “negativos”, que protegen a los estadounidenses de transgresiones a sus vidas, libertades y propiedades, la europea otorga derechos “positivos” y es una larga lista de reclamos a los servicios que el Estado debe proveer. Estos derechos incluyen el permiso de maternidad, educación gratuita, capacitación vocacional, un servicio gratuito de colocación laboral para el desempleado, empleo en sí mismo, por supuesto, así como asistencia para vivienda, beneficios de seguridad social, altos niveles de salud, protección ambiental y para el consumidor.
Directamente relacionado con esto, debemos destacar que la constitución no debiera tratar de políticas particulares que un gobierno, una vez electo legalmente, podría o no pretender. La Constitución Europea está llena de declaraciones políticas y supuestos derechos. Una de sus secciones por ejemplo se titula “Las Políticas y Funcionamiento de la Unión”. Estas políticas no son otra cosa que “objetivos”. En este sentido, la Unión Europea se compromete a proteger la “justicia social”, el “empleo pleno”, la “solidaridad”, la “igual oportunidad”, la “diversidad cultural”, y la “igualdad entre los sexos”. La Unión Europea desea “desarrollo sostenible”, “paz”, y “respeto mutuo entre los pueblos”. Y aunque parezca curioso, la Unión Europea desea “proteger la integridad física y moral de los hombre y mujeres deportistas.”
Conclusión

Luego de transcurridos más de 200 años, la Constitución estadounidense ha demostrado ser la más exitosa. La misma se caracteriza por su simplicidad. El preámbulo, por ejemplo, describe los objetivos de la Constitución en tan sólo 52 palabras; palabras que, por sí mismas no brindan autoridad para ninguna decisión política. El texto principal, en únicamente siete artículos, describe pocos poderes bien limitados que son autorizados a las diversas ramas del gobierno. Los poderes que no fueron delegados al gobierno federal le fueron reservados a estados, o al pueblo sin haber nunca concedido a ningún nivel de gobierno.
La Constitución Continental Europea por su parte, entiendo debe seguir el mismo camino. Si bien predica el federalismo, practica el punto opuesto, la centralización. Como bien sostiene Lorenzo Bernaldo de Quirós en un artículo publicado por el CATO Institute titulado “Ante la Constitución Europea”,
a partir de ahora cesará de existir como una asociación de Estados para convertirse en una sola entidad política y jurídica cuya legitimidad nace de su propia carta fundacional. Este es un hecho fundamental porque modifica de facto y de jure la naturaleza de los que ha sido Europa desde hace siglos, un equilibrio entre la unidad y la diversidad entre Estados-nación independientes. La Carta Magna constituye el certificado de defunción de los Estados-nación en un horizonte no muy lejano. (…) Se corre el riesgo de crear un Leviatán a escala continental, un superestado con las suficientes atribuciones para aumentar la injerencia de la eurocracia en todas las facetas de la vida social y económica de los países y , por tanto, de los ciudadanos.
En toda constitución deben primar los principios de economía de mercado, gobierno limitado, libertad individual y derechos de propiedad. Si estos están ausentes el camino que se elige es el del empobrecimiento y la desocupación. El federalismo tampoco puede estar ausente, cuando se habla de una región compuesta por más de una veintena de países miembros, cada uno con una soberanía nacional propia. Por todo lo expuesto, desde la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, aconsejamos a los ciudadanos europeos a rechazar esta Constitución Continental Europea.
  • Artículo publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 25 de febrero de 2005

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