¿Premio Nóbel para Alberdi? – Libro: Claves para interpretar la Argentina

Kydland y Prescott fueron premiados por un aporte que Alberdi sostuvo 125 años antes
Por Adrián Osvaldo Ravier
Finn Kydland y Edward Prescott resultan ser dos de los economistas más estudiados por los “nuevos economistas”. En todas las Universidades del mundo no hay programa de economía monetaria o de macroeconomía que no incluya sus aportes sobre ciclo económico o sobre inconsistencia temporal.

Dichos aportes acaban de convertir al dúo en los “Premio Nóbel de Economía de 2004”, más precisamente por su ensayo de junio de 1977 titulado “Rules Rather than Discretion: The inconsistency of Optimal Plans”. Su tesis apunta a destacar los incentivos que tienen los gobiernos para revisar sus planes después de un anuncio inicial.

Como señalara Zarazaga, un economista argentino que se desempeña en la Reserva Federal de Dallas, “a un gobierno que tiene un problema de credibilidad, Prescott y Kydland le recomendarían diseñar instituciones fuertes que les aten las manos para que no tomen medidas que no serán positivas en el futuro.”

Tanto Zarazaga como Kydland y Prescott entienden que la única forma de reducir la pobreza, disminuir el desempleo en forma sostenida y generar riqueza es con inversiones de capital privado. Y que los inversores que deciden donde destinar dicho capital, lo analizan fundamentalmente bajo dos variables: alto retorno y bajo riesgo.

La “fortaleza de las instituciones” remarcada por estos prestigiosos economistas está fuertemente correlacionada con el bajo riesgo, y debe ser entendida como respetar los derechos de propiedad, defender la seguridad jurídica y evitar el cambio en las reglas de juego. En el contexto de la economía argentina implicaría todo lo contrario a devaluar, confiscar depósitos, pesificar asimétricamente, romper contratos, controlar precios y financiar parte del gasto público con emisión monetaria o endeudamiento.

En el caso argentino todo esto puede cumplirse con simplemente volver a la Constitución Nacional original de 1853 y respetar cada uno de sus artículos.

Como dijera Juan Bautista Alberdi en su obra “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”,
Al legislador, al hombre de Estado, al publicista, al escritor, sólo toca estudiar los principios económicos adoptados por la Constitución, para tomarlos por guía obligatoria en todos los trabajos de legislación orgánica y reglamentaria. Ellos no pueden seguir otros principios, ni otra doctrina económica que los adoptados ya en la Constitución, si han de poner en planta esa Constitución, y no otra que no existe. (T. IV, p.145)

Y luego agrega,
No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios.
Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad (ante la ley), asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales. (T, IV, p.266)

En otras palabras, “el capital no quiere más apoyo de la ley que el que le da la Constitución” (T.IV, p.267)

Ahora, resulta llamativo que el aporte de Kydland y Prescott sobre “fortalecer las instituciones” ya habría sido recomendado por Juan Bautista Alberdi 125 años antes que los Nóbel premiados,
“Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre.” (T.IV, p. 374)

Y es en relación al pasado reciente que Zarazaga afirma,
“Por eso la Argentina tiene escasa inversión desde hace 25 años, incluyendo el corriente porque los inversores que conocen saben que con las instituciones actuales van a caer en la trampa de la inconsistencia temporal y que se exponen a ser víctimas del comportamiento oportunista de la clase política local. Por lo tanto no invierten.”.

La ausencia total de inversión privada y por ello el desempleo, la pobreza, el hambre que resumen la Argentina de hoy son la consecuencia directa de debilitar continuamente nuestras instituciones. Si queremos cambiar la historia debemos empezar por respetar los principios de la Constitución Nacional: propiedad privada, libertad individual, estado limitado y economía de mercado.

  • Artículo publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 20 de octubre de 2004
  • A su vez, formó parte del libro “Claves para interpretar la Argentina”, editado por la Fundación Atlas en Enero de 2004.
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