La Hora de la Verdad: se terminó el corto plazo – Fundación Atlas y Diario Acción (de General Rodriguez y la Región)

Por Adrián Osvaldo Ravier

Desde el comienzo del gobierno de Néstor Kirchner, la Argentina se ha visto favorecida por un contexto macroeconómico sumamente propicio. Esto permitió una rápida e importante recuperación de la economía, a tal punto de convertirse en el primer presidente democrático de los últimos 50 años que ha convivido con un crecimiento real de la economía en el primer año de mandato. Recordemos a su vez, que en 2003 la tasa de crecimiento de la economía argentina ha ocupado el segundo lugar, sólo detrás del ya “milagroso crecimiento chino”.

Políticamente, la hegemonía del PJ impidió disputas de magnitud. Con Carlos S. Menem en Chile, un radicalismo debilitado, tasas de recaudación tributarias récord y sin siquiera mencionar la Reforma de Coparticipación Federal de Impuestos (que puede provocar malestar a los gobernadores por un potencial ajuste), el gobierno evitaba confrontaciones.

En cuanto al nivel de aceptación de la opinión pública, la imagen del presidente acompañaba estos aspectos “favorables” ubicándose en el 71%. Sin embargo, distinto era la aceptación sobre la política económica, con sólo un 38%. Los argentinos advertían que el salario real no crecía, que el nivel de pobreza no caía, que el empleo sí crecía, pero sólo en sectores informales y que en el largo plazo no se esperaba un horizonte seguro para continuar en esta senda de recuperación.

Las reformas estructurales resultaban así imprescindibles: el gobierno no aceptaba, y no acepta aún asumir el costo político que las mismas significan. No por nada, varios analistas ya afirman que el presidente decide con las encuestas de opinión pública en los temas de mayor trascendencia.

Si bien la recuperación como decíamos fue rápida e importante, la economía argentina aún lejos está de su pico de 1998. Cabe remarcar entonces, que debemos retroceder 6 ó 7 años para encontrar un PIB similar al presente. Y respecto de la inversión esta apenas se recupera, y muy lentamente. Cabe destacar, que hoy se encuentra un 40 % por debajo de 1998. En el corto plazo, el crecimiento es posible, pero en el largo plazo, la historia es otra.

Respecto de nuestro Ministro de Economía, hemos escuchado que la devaluación implicaría un enorme crecimiento en la competitividad, resultando entonces en un importante crecimiento de las exportaciones, un fuerte proceso de sustitución de importaciones, y logrando como consecuencia mayor empleo y un fuerte superávit comercial. Esto último es cierto, el superávit comercial es mucho mayor, pero no por un crecimiento en las exportaciones, sino por un terrible descenso en las importaciones que en definitiva repercuten fuertemente en el consumo, que hoy es apenas superior al de 1995.

Ahora, veamos detenidamente las exportaciones. El gobierno se jacta de que éstas han crecido un 14 %. Sin embargo si desglosamos esto en Precio y Cantidad, notamos que el crecimiento se debe en un 9 % a Precio, y sólo un 5 % a Cantidad. Y decimos más de este 5 %: una gran proporción se debe a la soja, lo que implica que si la quitamos del análisis el crecimiento en las exportaciones en cantidad sería sólo del 1,9 %. En pocas palabras, la demanda presente de China por bajar el precio de la soja puede hacer desaparecer rápidamente el 14 % que el gobierno anunciaba hacia principios de este año como un importante crecimiento en las exportaciones.

Pasemos ahora a la política monetaria. Como dato, luego de la devaluación, la política fue totalmente expansiva, a tal punto de llevar la base monetaria al triple si comparamos principios de 2002 y principios de 2004. Para llevar esto a un solo número debemos afirmar que se emitieron 34.351 millones de pesos. Esta expansión de pesos, en un principio, fue (por suerte para el gobierno) demandada en su plenitud, lo cual le permitía al Banco Central hacerse de las divisas que los exportadores se ven obligados a liquidar y sin incurrir en presiones inflacionarias. Pero a partir de mayo de 2003 el gobierno ha tenido que ubicar una diferencia creciente entre lo que emitía y era demandado, con Lebac. Dado que el stock de Lebac crece, la presión inflacionaria comenzará a ser creciente si el gobierno no desiste de continuar con la política monetaria expansiva.

En materia fiscal debemos observar dos datos: Por un lado, el enorme crecimiento de la recaudación que ya ha batido varios récord (con una enorme incidencia en comercio exterior, dado por las retenciones a las exportaciones). Pero por el lado del gasto primario (recordemos que Argentina prácticamente no paga los servicios de la deuda) el crecimiento ya supera el 40 % si comparamos con 2001, el año de la devaluación.

El problema entonces es que el gobierno nuevamente privilegia el corto plazo, en lugar del largo plazo, pero el largo plazo está tocando la puerta.

La crisis energética no resuelta, el potencial descenso en el precio de la soja, el incremento de la tasa de interés en Norteamérica, el descenso de la imagen del Presidente y su política económica, la imposibilidad de continuar con la emisión por la presión inflacionaria que generaría, la imposibilidad de seguir incrementando el gasto son sólo seis factores que esperemos motiven al gobierno a cambiar la estrategia.

 

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