UNA CRITICA A LAS CONDICIONES PARA EL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL RECOMENDADAS POR EL PLAN FENIX

Por Adrián Osvaldo Ravier
Incrementar el bienestar de la sociedad en su conjunto es el objetivo último que cualquier individuo dedicado a la filosofía política busca con la recomendación de políticas económicas. Esto es así tanto para los defensores del Mercado Libre, sean estos “Austriacos”, “Monetaristas”, economistas de la oferta o seguidores del “Laissez Faire”, como para los defensores de un Estado Benefactor en los distintos niveles, esto es desde el extremo Comunista-Marxista, pasando por los Socialistas y culminando con el intervencionismo Keynesiano.[1]

Lo que diferencia a unos y a otros entonces, no es el objetivo último a alcanzar, sino el camino que se debe recorrer para ello. Unos aceptamos que la forma de alcanzar la eficiencia, y con esto el mayor bienestar, es a través del libre proceso de mercado. Otros creen que el Estado debe corregir ciertas falencias siempre presentes en la economía, a las que llaman “fallas de mercado”.

La Argentina de hoy, gobernada por el presidente Néstor Kirchner, parece estar implementando un conjunto de políticas Keynesianas seleccionadas particularmente por un conjunto de economistas y profesores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Como egresado de dicha Facultad he tenido la suerte de presenciar clases de muchos de los intelectuales y pensadores que inspiraron dichas políticas. El Plan que encierra las mismas es el ya conocido por muchos, “Plan Fénix”, cuyo objetivo es establecer “una estrategia de reconstrucción de la economía argentina para desarrollo con equidad”, generando propuestas concretas en distintas áreas como ser Deuda y financiamiento externo; Empleo, desempleo y marginación social; Globalización y desarrollo nacional; Política internacional; Moneda y crédito; Política cambiaria; Política comercial y externa (MERCOSUR y ALCA); Política Fiscal. (UBA, 2001)

El objetivo del presente trabajo es confrontar las condiciones para el desarrollo económico y social de dicho Plan con el que denominaré “Plan Atlas”. Este último se encuentra comprendido en un libro de algo más de 600 páginas, de reciente publicación por la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, titulado “Soluciones de Políticas Públicas para un País en Crisis”. El mismo comprende un conjunto de propuestas semejantes a las recién enumeradas pero basadas en los principios de “libertad individual, propiedad privada, gobierno limitado, economía de mercado, en el marco del imperio de la ley”. (Fundación Atlas, 2003)[2]

Condiciones para el desarrollo económico y social

El presente apartado es un intento de réplica hacia algunos puntos desarrollados en “Hacia el Plan Fénix” como paso previo a la recomendación de políticas públicas. En dicho trabajo se sostiene lo siguiente:

“La teoría y la experiencia histórica y contemporánea de las economías mundial y argentina revelan que el desarrollo económico y la elevación de la calidad de vida requieren el cumplimiento de un conjunto de condiciones:

1. Estabilidad institucional y política.
2. Aumento del empleo e incorporación de la fuerza de trabajo al proceso de crecimiento como requisito de integración del tejido social.
3. Funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales.
4. Equilibrios macroeconómicos sólidos sobre la base de altas tasas de ahorro interno e inversión, financiamiento genuino del sector público, competitividad internacional, reducción drástica del déficit crónico en la cuenta corriente del balance de pagos. Esto requiere, entre otros requisitos, la búsqueda flexible de precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo, y una baja tasa de inflación.
5. Competitividad de la producción nacional, limitando el endeudamiento externo a la capacidad de generación de divisas e inversiones privadas directas en actividades transables que, como mínimo, mantengan en equilibrio sus operaciones en divisas.
6. Incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico en todo el sistema económico y social, participando de las corrientes dinámicas del comercio internacional compuestas por bienes y servicios altamente diferenciados.
7. Presencia de un Estado que asegure el desarrollo nacional, la integración social, la equidad distributiva y el bienestar.
8. Soberanía monetaria, cambiaria y fiscal, dentro del contexto de la economía internacional.
9. Existencia de mercados de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio.
10. Desarrollo de concepciones arraigadas en la realidad nacional y orientadas a dar respuestas a los desafíos y oportunidades de la economía mundial.

La experiencia histórica y contemporánea es categórica: sólo tienen éxito los países que participan activamente frente a la globalización manteniendo el comando de su propio destino.” (UBA, 2001, 5 y 6)

Estas 10 condiciones establecidas por el “Plan Fénix” encierran en cierta forma el corazón de su pensamiento y de las políticas que en otros trabajos se desarrollarán. Es por esto que consideré fundamental comenzar por exponer las debilidades que aquí detectamos.

1 – Estabilidad institucional y política.

Una de las principales críticas que he hecho al programa de la carrera de Economía de la UBA es la ausencia de alguna materia que revele al estudiante y futuro egresado la importancia de un marco jurídico adecuado para la implementación de políticas públicas. Es realmente sorprendente que el economista egresado de la UBA alcance el grado de Licenciado en Economía desconociendo absolutamente por completo los principios contemplados en nuestra Constitución Nacional. La materia “Instituciones al Derecho Público” ha sido eliminada del programa obligatorio con la reforma del Plan de 1997 y recientemente incorporada como materia optativa.

Esto refleja a nuestro juicio la poca importancia que el Plan Fénix y/o la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA otorga a un punto fundamental en cualquier sociedad como es el señalado en este apartado.

Es importante remarcar que en toda economía el factor fundamental que determinará el nivel de empleo, crecimiento y desarrollo es la inversión. El capital se dirige siempre hacia donde la rentabilidad es mayor y el riesgo menor. Y el riesgo siempre será menor en la medida que las reglas sean claras, estables y permitan que se cumplan los principios de libertad individual, economía de mercado y gobierno limitado. La propiedad privada es aquí el factor fundamental. La Argentina ha quebrado este principio en la década del ´90 al violar la ley como ya todos conocemos a través de la confiscación de depósitos entre muchas otras aberraciones al Estado de Derecho.

No se trata simplemente de “estabilidad” institucional y política. Podríamos argumentar que la Argentina ha mantenido un comportamiento estable a lo largo de los últimos 70 años en materia institucional y política violando incesantemente la ley y la seguridad jurídica y con ello no hemos logrado nada. Es fundamental que las reglas sean claras y estables pero que guarden una relación directa con los principios sobre los cuales está basado el Plan Atlas. Estos no son otros que los defendidos por el creador de nuestra Constitución Nacional, Juan Bautista Alberdi. Es fundamental por ello como principal política a recomendar en la Argentina de hoy, que volvamos hacia la Constitución original de Alberdi, aquella de 1853, y se eliminen entonces las aberrantes reformas denominadas “sociales” que se han implementado en 1860, 1866, 1898, 1957 y 1994.

Consecuentemente, es fundamental que se respete la constitución nacional y con ello, la división de poderes. Esto implica entre otros puntos derogar la posibilidad explotada por ejemplo por el presidente Menem de utilizar incesantemente los decretos de necesidad y urgencia, o la entrega de poderes extraordinarios a Cavallo durante del gobierno de De La Rúa. Parece mentira que en la Argentina aún no se haya comprendido los enormes retrocesos que se generan al desconocer los principios fundamentales de la Constitución Nacional. El Plan Fénix pareciera desconocer estos puntos.

2. Aumento del empleo e incorporación de la fuerza de trabajo al proceso de crecimiento como requisito de integración del tejido social.

La generación de empleo es uno de los aspectos fundamentales para alcanzar mayor bienestar, esto es, el objetivo último que busca cualquier política económica. Más aún cuando nos encontramos en una situación como la actual argentina en donde el desempleo y subempleo alcanza niveles propios de países de enorme decadencia económica. Sin embargo, se deduce del Plan Fénix que el Estado debe participar activamente como generador de empleo, incorporando a la fuerza de trabajo al proceso de crecimiento consiguiendo así la integración del tejido social.

Ahora, ¿Qué implica que el Estado participe activamente? Un claro ejemplo: El Gobierno de Kirchner ha implementado un subsidio o salario mensual que se la paga a cada Jefe/a de Hogar desocupado/a. Esto guarda relación con la política económica recomendada por Keynes hace casi 70 años, en donde el Estado debía emitir dinero y generar empleo productivo o improductivo, no importa, para así lograr la tan necesitada reactivación. El ejemplo que la literatura económica expone con frecuencia es aquel en donde a cambio de dicho subsidio el beneficiario debía cavar pozos y luego volver a taparlos. En palabras de Keynes, la recesión sólo puede deberse a una insuficiencia de la demanda. No es que no se produzcan bienes y servicios sino que lo que está ausente es la demanda de estos bienes y servicios. De esta manera, otorgando subsidios e inyectando dinero en la economía, la demanda será mayor y con esto la oferta se verá empujada hacia arriba consiguiendo la tan anhelada salida de la crisis.

Keynes fue inteligente. Lo que buscaba con esto era reemplazar la ausente inversión privada por inversión pública. Reemplazar el ausente ahorro privado por la emisión monetaria. Simultáneamente los distintos gobernantes encontraban otros objetivos: Reemplazar una tasa de desempleo alta por otra más baja, aunque más no sea con trabajo improductivo. Reemplazar la siempre necesaria reforma fiscal por simultáneos incrementos de gasto público. Reemplazar la recesión por el crecimiento económico. Y por sobre todas las cosas destinar dichos fondos a una redistribución de los ingresos desde las clases más altas hacia las más bajas, logrando con esto la supuesta equidad.

Keynes parecía así encontrar la solución al problema económico de la escasez y su consecuente necesidad de asignar eficientemente los recursos. La emisión monetaria pareciera resolverlo todo. Es quizás esta la razón por la cual la economía intervencionista keynesiana ha logrado enorme cantidad de adeptos, incluyendo como principales seguidores a todos aquellos encargados de tomar decisiones en algún gobierno benefactor.

Frederic Bastiat nos enseña que la Economía nos permite “ver lo que no se ve”. El análisis económico debe llevar no sólo a ver los efectos directos de la política implementada sino también los efectos secundarios e indirectos de la política a implementar. Analicemos entonces los argumentos expuestos con un poco más de profundidad:

Ya desde los clásicos ha quedado clara la identidad existente entre ahorro e inversión. Para invertir, necesariamente debe existir ahorro previo. Sin ahorro sería imposible poder incursionar en inversiones que requieren mayores etapas de producción, o en otras palabras mayor plazo.
La emisión monetaria pareciera reemplazar la inversión privada en el corto plazo, pero inmediatamente se hacen notar las consecuencias más temidas. Un Monetarista diría entonces que el incremento de precios haría insostenible el objetivo keynesiano, pero mientras la emisión no sea excesiva el problema está resuelto.[3] Pero esta no es la consecuencia más importante a remarcar. Un “Austriaco” argumentaría que el principal punto podemos encontrarlo en la distorsión de los precios relativos. El sistema de precios en una economía de mercado surge como resultado del proceso de libre mercado y refleja qué es lo que los distintos individuos que componen la sociedad necesitan. Un cambio en el precio de una mercancía es simplemente una señal que retro-alimenta información al sistema permitiendo que los agentes espontáneamente produzcan la coordinación que parece ser el producto de una mente omnisciente. Es por esto que resulta fundamental la no distorsión de los precios relativos. Sin la información que provee el sistema, el empresario se encuentra cegado. Nada le dice hacia donde apuntar en cuanto a la producción.
Si los precios se distorsionan, la producción jamás alcanza la eficiencia resultante de un proceso de libre mercado. Nunca se alcanza el pleno empleo sostenible y la desocupación siempre estará presente. La solución Keynesiana, o para este caso, la solución del Plan Fénix, de un Estado activo para disminuir el desempleo no es tal si consideramos los argumentos expuestos. La solución del Plan Fénix es insostenible en el largo plazo.

3. Funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales.

Es fundamental antes de continuar con el análisis definir correctamente eficiencia. No nos referimos con esto al óptimo de Pareto, según el cual la eficiencia sólo es alcanzada cuando ningún agente puede estar en una situación mejor sin empeorar la situación de nadie, sino aquella en donde el proceso de libre mercado asigna los recursos según la información que obtiene del sistema de precios. Dicha información a su vez proviene de las interacciones de los sujetos actuantes estando ausente la intervención estatal. El factor fundamental para ello es la competencia. Sostenemos que la competencia debe jugar un rol trascendente en cualquier economía que quiera cumplir los principios de libre mercado. El proceso competitivo debe estar presente no sólo en la producción de bienes y servicios reales, sino también en la producción de bienes y servicios financieros.

Lo que con esto queremos decir es que es fundamental eliminar por completo la intervención estatal en materia monetaria. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) debe renunciar por completo a regular tasas de interés, asistir a los bancos, establecer un tipo de cambio determinado, emitir moneda para financiar el déficit de presupuesto nacional y provincial, y muchas otras políticas que dicha entidad toma, día a día, consiguiendo únicamente evitar o más bien, desviar la búsqueda hacia el equilibrio que el proceso de mercado tiende a alcanzar.

La tasa de interés de mercado debe reflejar la preferencia temporal de los distintos agentes. Los bancos deben ser responsables de su propia política de encaje, tomando los recaudos necesarios para responder por los depósitos. El tipo de cambio debe ser el de mercado, aquel que se regula con la entrada y salida de divisas, sea por exportaciones, importaciones y la simple entrada y salida de capitales. El presupuesto provincial y nacional debe ser financiado con recursos genuinos únicamente, eliminando la emisión monetaria y la posibilidad de endeudamiento. Sólo de esta forma podrá desarrollarse el libre proceso de mercado y con ello la eficiencia y el bienestar.

En resumen, se debe eliminar el rol activo del Estado para alcanzar el funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales. Sólo se alcanza la eficiencia permitiendo operar al libre proceso de mercado.

4. Equilibrios macroeconómicos sólidos sobre la base de altas tasas de ahorro interno e inversión, financiamiento genuino del sector público, competitividad internacional, reducción drástica del déficit crónico en la cuenta corriente del balance de pagos. Esto requiere, entre otros requisitos, la búsqueda flexible de precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo, y una baja tasa de inflación.

A) Aquí existirá un completo acuerdo: Alcanzar un equilibrio macroeconómico sólido sobre la base de altas tasas de ahorro e inversión. Sin embargo es fundamental hacer una acotación:
No debemos referirnos a ahorro interno o externo como si fueran algo distinto. Esto es desde nuestro punto de vista un tema central para comprender la visión de los defensores del libre mercado:
El capital no tiene patria. El capital uno lo encuentra representado como grandes sumas de dinero que se dirigen, como dijéramos previamente hacia donde el retorno es mayor y el riesgo menor. Dichas sumas de dinero que podríamos denominar inversión provienen siempre de ahorro previo. Ahora, como se mencionó en el primer apartado sobre “estabilidad institucional y política” es fundamental para atraer ahorro e inversión que las reglas sean claras y por sobre todas las cosas que guarde fuerte relación con el Estado de Derecho. Esta es una condición necesaria para atraer ahorro, sea este de argentinos, brasileños, norteamericanos, europeos y/o asiáticos. Es una condición para que los retornos de las inversiones que se producen en nuestro país se reinviertan en el país. Es una condición para que haya empleo, crecimiento y desarrollo. Es una condición para incrementar el nivel de vida de los argentinos.
El dato expuesto en varios medios periodísticos de que los argentinos “tenemos” más de 150 mil millones de dólares en el exterior es un claro indicio de que nadie confía en la Argentina. Ni siquiera nosotros mismos.
El ahorro “interno” tampoco llegará a la Argentina mientras no coloquemos a la seguridad jurídica como un aspecto fundamental a ser respetado.

B) El financiamiento genuino del sector público sería otro aspecto fundamental. Veamos: El estado puede financiarse a través de 4 fuentes alternativas:
En primer lugar, con el cobro coactivo de impuestos, esto es a través del uso del monopolio de la fuerza;
En segundo lugar, con emisión monetaria. Esto no es otra cosa que el conocido “impuesto inflacionario”, porque si bien no se paga un tributo directamente, es algo semejante considerando la reducción del poder adquisitivo que esto provoca en el dinero que poseen los individuos. Como todos los argentinos sabemos, este medio ha sido utilizado desde los años ´40, y en 1989 ha sido hiper-utilizado, lo que ha provocado la conocida hiperinflación. Esta demás aclarar los efectos que la inflación provoca.
En tercer lugar, a través de los empréstitos externos e internos, esto es el endeudamiento. Si bien esto no es el pago coactivo de impuestos de las generaciones presentes, lo es para las generaciones futuras. Y si bien este es un medio que debería utilizarse en situaciones extraordinarias según los manuales de Finanzas Públicas, los gobiernos argentinos lo han venido utilizando durante varios períodos. Podemos citar dos ejemplos claros: Por un lado, el período en el cual Martínes de Hoz era ministro de economía, en el gobierno militar, esto es a fines de la década del ´70. Y por otro lado, durante los diez años del gobierno menemista.[4]
Y por último, nos encontramos con la venta de activos del estado. Esto no es otra cosa que las conocidas privatizaciones. En el caso argentino, un fuerte proceso de las mismas se ha realizado en la década del ´90 durante el gobierno de Menem y prácticamente se encuentra agotado.

Ahora, si analizamos detenidamente estas cuatro alternativas de financiamiento notamos que sólo es genuino el pago de impuestos. El Plan Fénix habla de una inflación baja, pero no nula, con lo cual estaría indicando que debe haber emisión monetaria para financiar el presupuesto nacional y/o provincial. Esto sería una contradicción que encontramos en el párrafo arriba citado.
Cabe destacar también el caso del actual gobierno de Kirchner: Ya se ha establecido que habrá un 10 % de inflación anual provocado por la emisión monetaria necesaria para financiar parte del presupuesto nacional de 2004. Dudamos que los defensores del Plan Fénix consideren inapropiada dicha política.

C) Finalmente, el Plan en cuestión busca “competitividad internacional y reducción drástica del déficit crónico en la cuenta corriente del balance de pagos. Esto requiere, entre otros requisitos, la búsqueda flexible de precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo, y una baja tasa de inflación.”

En otras palabras, esto refleja la actual política Kirchneriana o del Ministro Lavagna. Esto es, emisión monetaria para financiar el presupuesto nacional y simultáneamente lograr un dólar alto alrededor de los $3. Como sabemos el dólar alto representaría para el gobierno unos precios relativos consistentes con el mantenimiento del poder adquisitivo y el equilibrio externo, sin por ello provocar una fuerte inflación. El dólar alto además sería un estímulo para las exportaciones y un desincentivo para las importaciones, logrando así la tan ansiada competitividad internacional. Esto a su vez, lograría sustituir importaciones y recrear la industria nacional, objetivo fundamental del Plan Fénix.

Cabe aquí la reflexión ya expuesta sobre la importancia de no distorsionar los precios relativos. Es esta justamente la causa de la imposibilidad del proceso de mercado de alcanzar la eficiencia y con ello disminuir el desempleo y alcanzar el desarrollo sostenido.
Cabe también destacar que mientras el tipo de cambio sea el de mercado, sea alto o bajo, no importa, el equilibrio macroeconómico estará dado. Un déficit de la balanza comercial por ejemplo llevaría a un incremento en el tipo de cambio que equilibraría la balanza. Lo opuesto sucedería con un superávit comercial, pero siempre tendiendo al equilibrio. Lo que se necesita para ello es un tipo de cambio flexible.

Es absurdo insistir en que las importaciones son “malas” y las exportaciones “buenas” para el desarrollo de un país. Esta discusión ya ha sido señalada hace mucho tiempo por David Ricardo en sus Principios de Economía Política. Por supuesto Keynes no lo entendió y parecería que también es ignorado por los defensores del Plan Fénix.

También es absurdo buscar competitividad con la emisión monetaria y el dólar alto. Lo que hace que un país sea más competitivo que otro es el capital invertido. Y como se ha expuesto, el capital invertido se dirige siempre hacia donde las reglas de juego son consistentes con los principios de la economía de mercado. No existe un camino alternativo para alcanzar mayor prosperidad y con ello empleo, crecimiento, desarrollo y bienestar que no sea el ya mencionado de respetar el Estado de Derecho, tener reglas de juego claras, priorizar la seguridad jurídica y liberar al proceso de mercado de todo tipo de regulaciones e intervenciones en materia monetaria, fiscal o incluso política.

Parece increíble que los argentinos nos olvidemos del proceso de sustitución de importaciones implementado a mediados del siglo pasado, el cual fue un rotundo fracaso para nuestro país. La inexistencia de una industria fuerte es el resultado de aquellas políticas tomadas entonces. No se puede argumentar que la apertura económica de la década del ´90 ha sido la responsable de la destrucción de nuestra industria como suele mencionarse, dado que ya al culminar el gobierno de Alfonsín la industria argentina se hallaba en la ruina.

Una industria fuerte sólo nace en aquellos lugares en donde se cumplen los principios defendidos por la Constitución Nacional original de 1853. Es por ello que reiteramos la política fundamental: derogar las reformas subsiguientes.

5. Competitividad de la producción nacional, limitando el endeudamiento externo a la capacidad de generación de divisas e inversiones privadas directas en actividades transables que, como mínimo, mantengan en equilibrio sus operaciones en divisas.

Algo ya se ha dicho respecto de la competitividad de la producción nacional en el apartado previo. Ahora, no basta con limitar el endeudamiento a la capacidad de generación de divisas e inversiones privadas directas en actividades transables. Como se dijera en un pie de página previamente, debe ser eliminada por completo la posibilidad de endeudamiento. Ya el premio Nóbel James Buchanan lo propuso hace tiempo. Dicha reforma es fundamental no sólo para la Argentina sino para la economía mundial. Esto dejaría sin efecto a organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Organización Mundial de Comercio (OMC). Todo este conjunto de organismos deben ser desestimados por nuestro gobierno.

Y cabe otra reflexión: ¿Por qué restringir las inversiones directas a la producción de bienes transables? Esto es desconocer que el PBI de prácticamente todos los países desarrollados se compone en un 60 a 70 % en servicios y sólo en un 30 a 40 % en bienes transables. La economía global se encuentra hoy liderada por la producción de servicios. Parece ilógico entonces restringir las inversiones en dicha materia.

6. Incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico en todo el sistema económico y social, participando de las corrientes dinámicas del comercio internacional compuestas por bienes y servicios altamente diferenciados.

La “economía abierta” inexistente en la Argentina desde la primera guerra mundial es la mejor alternativa para incorporar continuamente el cambio tecnológico en todo el sistema económico y social. El libre comercio establecido por las diferentes regiones como el MERCOSUR, el ALCA, la Unión Europea, el NAFTA, etc. no son más que diversas excusas para evitar abrirse al mundo. La Argentina debe permitir el ingreso y salida de todo tipo de bienes, servicios y personas tal como lo dijera Juan Bautista Alberdi en “Las Bases”.

Sólo así podremos incentivar todo tipo de inversiones a ingresar en nuestro país. Mientras mayores sean las trabas, limitaciones y/o restricciones impuestas mayor será la ausencia de inversiones hacia nuestro país y por ende menor será la incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico.

Es inconsistente hablar de inversiones selectivas, de industria nacional o incluso de desarrollo económico sostenido si no hablamos de “economía abierta”.

7. Presencia de un Estado que asegure el desarrollo nacional, la integración social, la equidad distributiva y el bienestar.

Estado limitado es uno de los principios sobre los cuales está basado el Plan Atlas.
Estado activo es uno de los principios sobre los cuales está basado el Plan Fénix.
Es ésta la principal diferencia de las políticas recomendadas por ambos proyectos.

Respecto de la equidad, para el Plan Atlas es fundamental que se respete la igualdad ante la ley. Una cosa es que a los individuos desiguales se los trate de un mismo modo ante la ley y otra cosa bien distinta es que se los haga iguales mediante la ley, lo cual significa la peor de las desigualdades.

Al respecto resulta de suma importancia las palabras del Premio Nóbel en Economía de 1974, Friedrich A. von Hayek: “Aquí puedo mencionar el hecho de que solamente porque los hombres son en realidad desiguales, podemos tratarlos con igualdad. Si todos los hombres fueran completamente iguales en sus dotes e inclinaciones, tendríamos que tratarlos en forma diferente para lograr cualquier especie de organización social. Afortunadamente, ellos no son iguales y, solo debido a tal circunstancia, la diferenciación de funciones no necesita ser determinada por la decisión arbitraria de alguna voluntad organizadora sino que, después de crear la igualdad formal de las normas que se apliquen a todos de la misma manera, podemos dejar a cada individuo encontrar su propio nivel. Hay una gran diferencia entre tratar a la gente con igualdad e intentar hacerlos iguales. Mientras lo primero es la condición de una sociedad libre, lo segundo implica, como De Tocqueville lo describió, una nueva forma de servidumbre.”[5]

8. Soberanía monetaria, cambiaria y fiscal, dentro del contexto de la economía internacional.

En materia monetaria, cambiaria y fiscal es fundamental también adoptar los principios enumerados. Para ello se deberá eliminar por completo todo tipo de regulaciones e intervenciones en materia monetaria. El BCRA no sólo debe ser independiente, sino que además debe olvidarse de emitir dinero, buscar un tipo de cambio dado o asistir a los bancos. En otras palabras, las funciones del BCRA deberían ser reconsideradas.

El tipo de cambio debe ser el resultante de la entrada y salida de divisas. Sólo así se alcanza un equilibrio macroeconómico sólido.

En materia fiscal es fundamental que sólo se utilicen recursos genuinos.

9. Existencia de mercados de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio.

Este punto guarda especial relación con el primero. La seguridad jurídica y las claras reglas de juego son fundamentales para que existan mercados de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio. Alta rentabilidad y bajo riesgo son las dos variables claves a ser buscadas por el inversor.

Resulta inconsistente hablar de la existencia de mercado de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio, cuando todas las políticas seleccionadas violan sistemáticamente la eficiencia del libre proceso de mercado.

10. Desarrollo de concepciones arraigadas en la realidad nacional y orientadas a dar respuestas a los desafíos y oportunidades de la economía mundial.

La realidad nacional presenta enorme cantidad de desafíos y oportunidades. Para afrontar los desafíos y aprovechar las oportunidades es fundamental reinsertarse en el mundo y aplicar políticas que guarden una fuerte relación con los principios de economía de mercado, libertad individual y gobierno limitado.

A su vez, una condición necesaria para tomar las políticas adecuadas es hacer un correcto diagnóstico de la realidad que nos toca vivir. La inexistencia de una organización federal como dicta nuestra Constitución Nacional; la nunca presente economía abierta; el excesivo gasto público necesario para sostener una estructura política propia de una nación gobernada por la corrupción; un nivel de endeudamiento que supera todos los niveles históricos si se lo mide en relación con el PIB; la inexistencia de un estado fuerte para proteger el Estado de Derecho, esto es fuerte en seguridad y justicia; y un nivel de desocupación y empobrecimiento propio de una nación devastada por políticas económicas intervencionistas son sólo algunos de los puntos a tener en cuenta.

Algunas consideraciones finales

Los puntos desarrollados en el presente trabajo hacen simplemente a las “condiciones necesarias para el desarrollo económico y social”. A modo de resumen sostenemos como condición necesaria para alcanzar mayor bienestar para toda la sociedad argentina:

1. Proteger el Estado Derecho. Aplicar políticas económicas que guarden consistencia con los principios de economía de mercado, libertad individual y gobierno limitado. La Seguridad Jurídica es el aspecto institucional fundamental que jamás debe ser violado.

2. Asegurar el funcionamiento libre del proceso de mercado para solucionar problemas como el desempleo y subempleo, la marginación social y la pobreza generalizada al que nos han llevado las políticas intervencionistas de los últimos 70 años.

3. Eliminar el rol activo del Estado, para alcanzar el funcionamiento eficiente y competitivo de los mercados de bienes y servicios, financieros y reales. Sólo se alcanza la eficiencia permitiendo operar al libre proceso de mercado.

4. Si protegemos el Estado de Derecho, esto llevará a incrementar el ahorro y la inversión dirigida hacia nuestro país consiguiendo simultáneamente el equilibrio macroeconómico sólido.
Para ello es fundamental el financiamiento genuino del sector público, erradicando completamente la emisión monetaria y la posibilidad de endeudamiento.
La competitividad internacional sólo será efectiva en la medida en que se respeten los principios de libre mercado, incentivando a los inversionistas a traer su capital a nuestro país. Alto retorno y bajo riesgo son los indicadores claves para atraer capital.
La cuenta corriente del balance de pagos no debe ser inducida a acumular superávits, sino que se debe permitir que el tipo de cambio libre ajuste el mismo a través de la entrada y salida de divisas.
Los precios relativos deben reflejar las valoraciones de la gente, y nunca ser inducidos a reflejar lo que el gobernante de turno desee. La inflación debe ser erradicada por completo.

5. La competitividad de la producción nacional guarda una fuerte relación con el capital invertido. Para esto, como se ha dicho es fundamental respetar los principios de economía de mercado. Es fundamental que el endeudamiento sea erradicado institucionalmente por completo.

6. La economía abierta es fundamental para alcanzar la incorporación generalizada y continua del cambio tecnológico. Esto implica abrirse a la entrada y salida de bienes, servicios y personas. La constitución nacional de 1853, aún contemplando las reformas posteriores, hace explícito este derecho para todo aquel que quiera habitar suelo argentino. Cualquier política que vaya en contra de una economía abierta, está violando la constitución nacional, y por ende debe ser derogada por la Corte Suprema.

7. La igualdad que debe ser respetada es la igualdad ante la ley, no la igualdad de oportunidades. No es lo mismo tratar a todos por igual a través de la ley, que hacerlos a todos iguales mediante la ley.

8. En materia monetaria, cambiaria y fiscal es fundamental también adoptar los principios enumerados. Para ello se deberá eliminar por completo todo tipo de regulaciones e intervenciones en materia monetaria. El BCRA no sólo debe ser independiente, sino que además debe olvidarse de emitir dinero, buscar un tipo de cambio dado o asistir a los bancos. El tipo de cambio debe ser el resultante de la entrada y salida de divisas. Sólo así se alcanza un equilibrio macroeconómico sólido. En materia fiscal es fundamental que sólo se utilicen recursos genuinos.

9. El mercado de capitales en cualquier economía se ve guiado por dos variables: Alta rentabilidad y bajo riesgo. Resulta inconsistente hablar de la existencia de mercado de capitales financieros al servicio de la producción y el comercio, cuando todas las políticas seleccionadas violan sistemáticamente la eficiencia del libre proceso de mercado.

10. La realidad nacional presenta enorme cantidad de desafíos y oportunidades. Para afrontar los desafíos y aprovechar las oportunidades es fundamental reinsertarse en el mundo y aplicar políticas que guarden una fuerte relación con los principios de economía de mercado, libertad individual y gobierno limitado.
Hasta aquí sólo se han analizado las condiciones para el desarrollo económico y social. Sin embargo, aun no se ha procedido a confrontar las diversas políticas económicas concretas recomendadas por el Plan Fénix con las presentadas por el Plan Atlas.

Vemos a continuación los trabajos a confrontar:

Por supuesto el lector puede acceder a la bibliografía para sacar sus propias conclusiones. Cabe destacar que todos estos documentos de investigación se encuentran a disposición del lector en internet en los sitios señalados.

Y cabe una última reflexión: La experiencia histórica y contemporánea es categórica: sólo tienen éxito los países que implementan políticas económicas en relación directa con los principios de economía de mercado, libertad individual y gobierno limitado. Al respecto, resultará de sumo interés para el lector el volumen que anualmente publica la Heritage Foundation y el Wall Street Journal sobre el Index of Economic Freedom o índice de libertad económica. Como análisis empírico, allí se hace evidente que sólo triunfan aquellos países cuyas políticas guardan consistencia con los principios mencionados.

Bibliografía:

Universidad de Buenos Aires (2001), “Hacia el Plan Fénix. Diagnóstico y Propuestas. Una estrategia de reconstrucción de la economía argentina para el desarrollo con equidad”, Buenos Aires, Septiembre de 2001. Autores: Daniel Aspiazu, Eduardo Basualdo, Luis Beccaria, Víctor Beker, Marta Bekerman, Rubén Beremblum, Abraham L. Gak, Manuel Fernández López, Aldo Ferrer, Natalia Fridman, Alfredo T. García, Norberto González, Jorge Katz, Saúl Keifman, Benjamín Hopenhayn, Marcelo Lascano, Hugo Nochteff, Arturo O´ Connell, Oscar Oszlack, Mario Rapaport, Alejandro Rofman, Jorge Schvarzer, Héctor Valle, y Salvador Treber. http://www.uba.ar/fenix/index.html;
Fundación Atlas para una Sociedad Libre (2003), “Soluciones de Políticas Públicas para un País en Crisis”, Ciudad de Buenos Aires, Noviembre 2003, 1º Edición. Autores: María Soledad Arraigada, Jorge C. Ávila, Eugenio Andrea Bruno, Diego Buranello, Carlos Escudé, Álvaro G. Feuerman, Gustavo Gesualdo, Pablo E. Guido, Diego Gordal, Adrián C. Guisarri, Eduardo Helguera, Héctor Huici, Alejandro D. Jacobo, Martín Krause, Gustavo D. Lazzari, Agustina Leonardi, Julio A. Piekarz, Adrian O. Ravier, Ricardo M. Rojas, Martín C. de J. Simonetta, Germán Roberto Wachnitz, Guillermo M. Yeatts, http://www.atlas.org.ar/;

[1] Cabe destacar que para muchos “Economistas Austriacos”, el “Monetarismo” por ejemplo debería encuadrarse junto con el Keynesianismo particularmente por las políticas monetarias que defienden, pero esto no será tratado en el presente trabajo.
[2] Se debe aclarar también que si bien todos los autores del libro mencionado somos defensores del Mercado Libre, existen importantes diferencias en temas trascendentales. El autor del presente artículo por ejemplo es seguidos del pensamiento austriaco, mientras que otros se inclinan por el Monetarismo.
[3] Milton Friedman por ejemplo, ha recomendado a la Reserva Federal de los EE.UU. emitir moneda en forma estable, entre un 3 y un 5 %, dado que esa es la tasa que la economía norteamericana suele alcanzar.
[4] Si bien en la Argentina el crédito de encuentra restringido por la cesación de pagos y por otras causas que serían largas de enumerar, existen interesantes propuestas de eliminar esta fuente de financiamiento. Dicha sugerencia, no es otra que la del premio Nóbel en economía James Buchanan, que ha argumentado en el sentido de prohibir institucionalmente la contratación de nueva deuda pública, no solo debido a que constituye un procedimiento antieconómico que quita recursos al mercado, sino inmoral, porque significa comprometer compulsivamente el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobierno que contrajo la deuda. Hoy, naturalmente, la Argentina no tiene crédito, pero este bconsejo de Buchanan debería tomarse muy en cuenta para nuestro futuro. De este modo, los ingresos gubernamentales estarán circunscriptos a la vía tributaria y, en el límite, la exacción estará contenida con por la rebelión fiscal.

[5] Friedrich A. von Hayek, “Individualismo: verdadero y falso”, Centro de Estudios sobre la Libertad – Pág. 39

  • Publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, en Dicimebre de 2003
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