¿Emisión sin inflación? – Fundación Atlas

Por Adrián Osvaldo Ravier

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Muchos analistas no pueden comprender por qué los precios y el dólar no suben luego de ver claramente como el gobierno utiliza como fuente de financiamiento la emisión. Cinco medidas resumen lo que el gobierno actual está haciendo en materia de política monetaria. Comentemos las mismas: 1) Emisión de $ 7800 millones para el rescate de bonos; 2) Emisión mientras no haya suba de precios; 3) Cambiar un artículo clave de la Carta Orgánica del Banco Central para ampliar los recursos provenientes de esta institución; 4) Emitir para mantener un dólar alto que permita aumentar la producción interna, la competitividad, las exportaciones y la recaudación; 5) Emisión para evitar la deflación de precios, y así no volver a una recesión.

En resumen, podemos ver que con la emisión espuria de dinero el gobierno logra cumplir todos sus objetivos: reemplaza los bonos emitidos; mantiene el dólar alto; impide una deflación de precios; y por sobre todo, financiar el gasto público y evitar reducciones del mismo que generarían automáticamente un malestar social que este gobierno no quiere o no puede absorber. Cada uno de estos puntos, representa objetivos secundarios que el gobierno espera lo lleven a aumentar el bienestar de su pueblo.

Ahora, la teoría económica nos enseña que la emisión monetaria siempre produce inflación. ¿Por qué entonces no suben los precios?, ¿Por qué el dólar se mantiene estable?

En primer lugar, debemos remarcar que la inflación no es la suba sostenida de precios. Esta es normalmente la consecuencia de la inflación. La misma es definida como la expansión exógena de dinero, la cual genera distorsiones en los precios relativos, impidiendo que la economía funcione normalmente y resultando en mayores niveles de pobreza, mayor desempleo y menor bienestar.

Luego de diez años de haber renunciado a emitir dinero en forma exógena y haber alcanzado una etapa de estabilidad única en el último medio siglo de la historia argentina, un nuevo gobierno recordó el pasado argentino y recurrió una vez más a la devaluación como medio para “ganar competitividad”. En lugar de hacer las reformas necesarias, el gobierno nuevamente eligió el camino de la devaluación. El objetivo central era que así “aumentarían las exportaciones” y se generarían “puestos de trabajo”, punto que no ocurrió como tampoco se había dado en otras oportunidades.

La devaluación, además de generar una destrucción total de todos los contratos vigentes, generó miedo a una posible hiperinflación, con lo cual muchos argentinos, obedeciendo a sus expectativas racionales, salieron rápidamente a comprar dólares. Volvieron los “arbolitos”, y la suba de precios comenzó a hacerse moneda corriente. Varios analistas comenzaron a realizar regresiones econométricas para explicar que la cotización del dólar estaría alrededor de los $10. Todos se equivocaron. Era imposible saberlo. La única variable que nos diría la cotización del dólar en ese momento eran las expectativas de los casi 40 millones de individuos que vivían en la Argentina. Esta información nadie la tenía, ni la tendrá nunca, con lo cual sólo se podía decir que pasó en la Argentina en otras oportunidades, o explicar lo que sucedió en otros países en situaciones similares, pero imposible resultaba hacer una proyección correcta y exacta, excepto por una pura casualidad. Si dichas expectativas no fueran consistentes, el tipo de cambio se mantuviese libre y el gobierno no hiciese una política monetaria activa, entonces la cotización del dólar bajaría nuevamente hacia el nivel de mercado. La brecha de aumento que se daba por las erróneas expectativas que se formularon los agentes sería corregida.

El dólar tocó los $ 4 y a partir de allí comenzó a bajar. El miedo se hizo a un lado, y de a poco el mercado cambiario se comenzó a ajustar a su nivel de mercado. Cabe destacar el rol fundamental en este análisis del bajo nivel de importaciones causado directamente por la devaluación, la ausencia de demanda de divisas por parte del Estado por el no pago de sus compromisos, las retenciones a las exportaciones que generan importantes ingresos al Estado Nacional, y los controles a la libre entrada y salida de capitales. Por todas estas razones nuevamente nadie podía decir hasta dónde bajaría la cotización del dólar. ¿De qué dependía? De las expectativas que se formularan todos los individuos. Sin embargo, de un momento a otro el dólar paró su descenso.

El gobierno advirtió que convalidando la cotización del dólar vigente contaría con una fuente de financiamiento fundamental como es la emisión monetaria, sin sufrir los efectos de la suba de precios y el consecuente malestar que genera en la gente. Esto no es otra cosa que la antigua política Keynesiana, la cual consiste en la emisión como un medio para cubrir la demanda de dinero insatisfecha, y con ello, mediante políticas activas provocar un crecimiento de la economía.

En consecuencia, hoy los titulares de los diarios exponen semanalmente como el gobierno emite para evitar una deflación, esto es según el gobierno, una baja de precios que se traduzca en una nueva recesión, lo cual lleva a varios analistas a explicar que es correcto emitir.

Es importante entonces señalar que la deflación en una economía de mercado no es causada por otra cosa que la contracción monetaria. Lo que actualmente vive la Argentina no es un proceso semejante, sino un reajuste necesario luego de los desastrosos efectos que ha vivido nuestro país causados por una devaluación que se ha traducido el pasado año en aumentos siderales de precios. El proceso será siempre más eficiente si el gobierno deja de jugar con la economía, y elimina la emisión de moneda.

Conclusión: No puede haber emisión de dinero sin generar inflación, debido a que la inflación es la emisión. Todo me lleva a pensar que de continuar así, este gobierno se verá “excedido por las circunstancias” y no podrá cumplir con las “metas de inflación” que por ahora medianamente controla.

El gobierno debe entender que la emisión monetaria además de las distorsiones terribles que genera es sólo un beneficio de corto plazo. Los precios no suben porque lo hicieron en forma exagerada luego de la devaluación. Sin embargo, el gobierno debe saber que si continúa con su política monetaria irresponsable, los precios comenzarán a subir, lo mismo que el dólar y que el asalariado perderá poder adquisitivo y con ello su pueblo será más pobre, y que no se generará más empleo, sino todo lo contrario.

El único camino posible es hacer las reformas estructurales que el peronismo siempre presente evitó realizar. Esto es, no sólo bajar el gasto público sino reestructurarlo. Hacer un presupuesto base cero. Respetar el Estado de Derecho. Reformar la ley de coparticipación, hacia un sistema verdaderamente federal. Abrir la economía al mundo, y no sólo al MERCOSUR. Respetar la independencia del Banco Central. Llevar a cabo una reforma tributaria que no tenga como objetivo sólo la baja de las alícuotas sino también la unificación de impuestos de tal manera de simplificar un aspecto que en la economía actual argentina es sumamente perjudicial. Por supuesto estos son sólo títulos para reformas aún ausentes. Pero las propuestas concretas existen y el camino ya lo han transcurrido otros países. ¿Por qué no la Argentina?

  • Artículo publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 8 de Septiembre de 2003

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