NUEVAS EXPERIENCIAS INTERNACIONALES PARA DESTRUIR VIEJOS MITOS SOBRE EL LIBRE COMERCIO – CADAL

Por Adrián Osvaldo Ravier

“El proteccionismo, las tarifas aduaneras y el control de cambio no
constituyen, por cierto, un método para industrializar los países. El
único método es tener más capital. El proteccionismo sólo puede
desviar las inversiones de una rama de la industria a otra, pero no
añade un solo peso al capital”

Conferencia brindada por Ludwig von Mises en la Facultad de
Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
Domingo 14 de junio de 1959.

Introducción

Existen numerosos mitos sobre los efectos de políticas económicas internacionales. Por supuesto, esto no es un fenómeno actual sino que viene ya desde el surgimiento del comercio entre naciones. En su momento, los mercantilistas eran quienes apoyaban políticas del estilo “vivir con lo nuestro”, “controlar la entrada y salida de capitales”, “exportar lo más posible”, “importar lo menos posible”, “acumular reservas como objetivo de la política económica”, “cerrar la economía para que surja una industria fuerte que pueda competir con el mundo”, etc. En resumen, un claro no al capital extranjero.

El objetivo de este trabajo es simplemente dar un aporte sobre los beneficios que puede afrontar cualquier país latinoamericano si decide seguir los principios de libre comercio, esto es abrir su economía al mundo, eliminando todas las restricciones para la libre circulación del capital. Dicho aporte, en esta oportunidad, no pasa por un análisis económico sino por la experiencia de algunos países que en los últimos años han sabido aprovechar los frutos que genera la apertura económica. Es el caso de Chile, que hoy es según la Heritage Foundation la única nación de Latinoamérica que puede denominarse “Libre” a través de su arancel único del 8%. A su vez, puede ser interesante para Latinoamérica el caso de Irlanda, que luego de realizar fuertes reformas impositivas e integrarse a la Unión Europea hoy es un ejemplo para el mundo. No podemos desestimar el caso de México que se ha visto sumamente beneficiada por su ingreso al NAFTA a través de un importante crecimiento en sus intercambios con Estados Unidos y Canadá. Finalmente, el caso de China es un claro reflejo de la importancia de la inversión extranjera directa, tras su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Por último, desarrollamos algunas consideraciones finales de tal manera de resumir los puntos más importantes presentados en este trabajo y a la vez, recomendar diez claros pasos a seguir para cualquier nación que quiera sumarse a los beneficios que trae el
libre comercio.

Chile

He elegido particularmente el caso de Chile porque es, como destaqué en la introducción, el único país latinoamericano que puede ser considerado libre según la Heritage Foundation.1 El país trasandino es, desde las reformas económicas de los años 70 y 80, el país de América Latina que más ha liberalizado el comercio exterior. En otras palabras, Chile es hoy uno de los países internacionalmente más competitivos. Esto podemos verlo en el siguiente mapa de Latinoamérica:
El ínidce de Economic Freedom que anualmente es publicado por la Heritage Foundation de los EE.UU. y el Wall Street Jounal menciona a Chile en el puesto número 11 de la lista de las economías más abiertas del mundo que comprende un total de 161 países. Ver tabla 1 del anexo
Por otra parte, el World Competitiveness Scoreboard del International Institute for Management Development (IMD), Suiza, que mide la competitividad internacional de los países, ubica a Chile en el lugar 24 entre un total de 49 países, delante incluso de Francia y Japón. Esto se puede observar en la tabla 2 del anexo.
Finalmente, no podemos desestimar el índice diseñado por la revista Foreign Policy y el Consejo Global de Política Comercial (GBPC), de A.T.Kearney, Inc., una filial de investigación y asesoría de EDS Company, la cual halló una relación positiva entre el grado de globalización alcanzado por un país y su pequeño tamaño y economía abierta.
De este índice, que el lector puede encontrar en la tabla 3 del anexo, Irlanda, Suiza, Suecia, Singapur y Holanda son los estados más globalizados del mundo. Panamá1y Chile son los primeros países latinoamericanos en la lista, con los números 30 y 31 respectivamente. Luego siguen, Argentina y México en los lugares 48 y 49.
Por otra parte, debemos destacar que gracias a las reformas económicas que empezaron en 1974, Chile amplió sus mercados de exportación de 50 a 120 países y de 500 a 6000 productos.2 Además, dado por su arancel externo relativamente bajo de actualmente 8%, el cual le permitió incrementar la competitividad internacional en su economía, es el único país que no tiene dudas sobre su integración al ALCA. Por el contrario, espera obtener nuevas oportunidades de exportación.
Hasta este año reducirá su arancel externo uniforme hasta llevarlo a tan sólo 6%; paralelamente, Chile se esfuerza por celebrar una densa red de acuerdos de libre comercio bilaterales. Ejemplos de esta política son el acuerdo de asociación con el MERCOSUR y las negociaciones sobre el libre comercio con la Unión Europea, así como el acuerdo con los EE.UU.
En el caso de este último, es de destacar que las negociaciones ya finalizaron y que si bien aún queda por llevarse a cabo la ratificación de los congresos de ambos países, no debiera haber mayor dificultad para que este acuerdo entre a regir a partir de principios del 2004.
Respecto de este acuerdo, en el Informe de Diciembre de 2002 de Coyuntura Económica titulado “Un pequeño paso para Estados Unidos, uno grande para Chile” publicado en el sitio del Instituto Libertad y Desarrollo (www.lyd.com) se comenta lo siguiente: “Con este acuerdo, Estados Unidos avanza un paso más en la estrategia definida por el Presidente Bush para recuperar el liderazgo en materias de libre comercio ,liderazgo que se perdió bajo la administración Clinton.
En este sentido, no sólo se encuentra en su agenda el ALCA, sino también el establecimiento de mayor integración con Asia y África, lo que se plasma en las negociaciones que se mantienen simultáneamente con Singapur y Marruecos. De esta manera, no era gratuito para Estados Unidos no llegar a acuerdo con Chile, ya que fallar en la negociación con uno de los países más abiertos de la región era fallar a toda la secuencia que vendrá a continuación con los países centroamericanos y que terminará en varios años más con Brasil.”
Y agrega: “Para Chile, el acuerdo tiene sustanciales beneficios. El primero tiene que ver con la creación de comercio, ya que al moderarse las restricciones comerciales se abren nuevas oportunidades de negocios para chilenos, especialmente en aquellos productos de mayor valor agregado, que a su vez eran los que enfrentaban mayores dificultades. En segundo lugar, la moderación o eliminación de una serie de distorsiones que existen en nuestro país y que generan pérdidas de bienestar a los chilenos, entre ellos la eliminación de las bandas de precios, la modernización de nuestro sistema regulatorio con relación a la protección a los derechos de propiedad intelectual, la eliminación del impuesto al lujo de los automóviles, la imposibilidad, en la práctica, de que la autoridad pueda establecer encajes o restricciones a los movimientos de capital.
En este sentido, el mejor aliado de los consumidores chilenos fue la parte norteamericana. […] En tercer lugar, se encuentran los beneficios algo más intangibles, entre los cuales se incluye la imagen internacional de nuestro país y lo más importante, el acercamiento a una de las economías capitalistas más grandes del planeta. Esto permite reducir las posibilidades de que nuestros gobernantes implementen políticas públicas contrarias a un orden libre, aunque lamentablemente no es un blindaje para que tales situaciones se produzcan.”
Finalmente concluye: “el Acuerdo de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos es un paso relevante en la estrategia de integración al mundo que ha seguido nuestro país desde hace tres décadas. No será el último paso, por el contrario, nuestra mirada se dirige actualmente hacia Japón y la India, siendo la zona asiática donde viajarán nuestros negociadores en los próximos años, mientras que por otro lado profundizamos los acuerdos vigentes en aquellas áreas que originalmente quedaron menos abiertas. Todo lo anterior, consolida nuestra estrategia de crecimiento y las posibilidades de que nuestros hijos puedan vivir en un Chile desarrollado.”
En resumen, Chile ha logrado ser para los Estados Unidos, un aliado estratégico en la implementación del ALCA, dado principalmente por ser la economía más abierta de la región. Pero, ¿qué podemos decir de un probable acuerdo con Argentina y Brasil?
El MERCOSUR aparece con principios contrarios al ALCA y, a su vez, al Libre Comercio. En el artículo citado en el pie de página de Benecke y Loschky se menciona que “el MERCOSUR, con el que Chile está asociado, mantiene aranceles aún muy altos, lo que recientemente frustró un nuevo intento de Chile por sumarse plenamente al MERCOSUR.4 El anuncio de la Argentina de julio de 2001 de elevar los aranceles para bienes de consumo al 35 %,5 descarta por el momento, un ingreso de Chile como miembro pleno, ya que Brasil se ha mostrado dispuesto a aceptar los aumentos de aranceles propuestos por la Argentina para bienes de consumo y la baja en el caso de los bienes de capital.”
Por otro lado, la fuerte apertura económica de Chile se traduce en que siempre propició una rápida conclusión de las negociaciones en torno al ALCA. Luego de que Argentina6 , y sobre todo Brasil, lograran hacer valer su criterio de que el ALCA sólo comience a regir hacia fines de 2005, para Chile resulta más atractivo celebrar un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos que comience a regir lo más pronto posible.
Eventualmente, Chile puede lograr el salto al NAFTA antes de que entre en vigencia el ALCA. El ingreso de Chile al NAFTA fracasó en tiempos de la administración Clinton por la falta de un fast track para las negociaciones. Chile espera que el libre comercio con los Estados Unidos impulse el crecimiento de su economía (urgentemente necesario) y redunde en más inversiones directas. Esto mismo es lo que ocurrió en México.

México

El caso de México es distinto al de Chile pero no por ello menos trascendente. Uno de los mitos que a mi entender, más confunde los beneficios del libre comercio, provienen de la idea de que “el más fuerte se come al más débil”. México provee un claro ejemplo de lo contrario tras su inserción al NAFTA. Se deduce del mito señalado que un país “latinoamericano y pobre” como México debió haber sido absorbido por las grandes potencias que representan Estados Unidos y Canadá. El país azteca participa con un 1% en la economía mundial en comparación con el 10% de Canadá y el 25% de los Estados Unidos.
Como nos dice J. Enrique Espinosa “para los países de América Latina, el establecimiento de una zona de libre comercio e inversión de alcance continental plantea preocupaciones similares a las que México tuvo que afrontar al negociar con Estados Unidos y Canadá el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Los opositores mexicanos al TLCAN manifestaban que la planta productiva mexicana no sería capaz de resistir la competencia de sus vecinos del norte y mucho menos podría modernizarse y prosperar en un entorno de comercio con ellos en el que todas las barreras arancelarias y no arancelarias desaparecieran”.
En el marco del NAFTA México ha obtenido considerables ventajas relacionadas con el comercio y la inversión. No obstante, la actual desaceleración económica en los Estados Unidos está comenzando a notarse también en México. El 35% del PBI mexicano se compone de exportaciones destinadas – en su gran mayoría – a su vecino del norte. Las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos participan con el 89% del total. En el 2000, las exportaciones crecieron un 20% en tanto que el año pasado se registró un crecimiento menor, pero no desdeñable, ya que fue de un 6%. Guarda relación directa con estos guarismos el crecimiento de la economía que en el año 2000 superó el 5%, en tanto que en el 2001 registró en el primer trimestre casi un 2%.
Vale la pena comentar que, contra lo que temían sus opositores, el TLCAN no se ha traducido en un déficit comercial crónico de México frente a Estados Unidos y Canadá: desde la entrada en vigor de dicho Tratado, el saldo comercial con cada uno de esos dos países ha sido “superavitario”. Este hecho refleja también el alto grado de complementación económica entre los socios del TLCAN, que ha sido reforzado por la inversión extranjera intrarregional: un factor fundamental que explican los flujos de inversión registrados es la intención de reubicar en forma óptima la capacidad productiva en toda el área de libre comercio aprovechando, en el contexto de un intercambio libre de barreras, las ventajas comparativas de cada país.
En el caso mexicano, el efecto del TLCAN sobre la capacidad del país para atraer capitales extranjeros es indudable: durante los primeros seis años de los ´80, el flujo promedio anual de inversión extranjera directa era poco menos de 1.300 millones de dólares, y se incrementó a unos 3.470 millones durante el período transcurrido desde el ingreso de México al GATT en 1986, y la entrada en vigor del TLCAN en 1994. Sin embargo, a partir de esta última fecha, el flujo promedio anual ha sido de casi 11.500 millones de dólares. También es de destacar que durante este último lapso, casi la totalidad de la inversión se ha dirigido al sector manufacturero (61,8 %) y a los servicios (36,9 %), incluyendo el desarrollo de canales de comercialización interior. Este último punto es significativo porque indica la expectativa, por parte de los inversionistas extranjeros, de que existe un potencial de negocios atractivo no sólo en actividades directamente relacionadas con el aprovechamiento de ventajas comparativas de México en un contexto global, sino en el potencial de negocios que ofrece su mercado interno.
En el artículo ya citado de Benecke y Loschky también se toca el tema de México: “En general, el gobierno de México apoya la creación del ALCA, sin embargo, México busca diversificar sus relaciones comerciales, incrementando sobre todo las relaciones con América Central y del Sur y la Unión Europea. El objetivo es flexibilizar el ‘abrazo’ económico de los Estados Unidos. Lamentablemente, la iniciativa del presidente Fox de llegar a una mayor cooperación con los gobiernos del MERCOSUR, no ha recogido mayores adhesiones hasta el momento. Es posible que preocupaciones internas que están enfrentando los países del MERCOSUR, en este momento, no les permitan distraer su atención. No obstante, Fox sigue insistiendo en el proyecto y espera que las negociaciones entre México y el MERCOSUR finalmente se inicien en julio.”

Irlanda

El caso de Irlanda es un poco más difícil de desarrollar dado que no hay tanta bibliografía disponible como en el caso de Chile y México, y por sobre todo porque no es un caso conocido por el común de la gente.
Irlanda es una economía pequeña y dependiente del comercio. La agricultura, que antes era el sector más importante, está disminuida por el auge de la industria que supone el 38% del PIB, el 80% de las exportaciones y emplea al 28% de la mano de obra. Aunque las exportaciones suponen el motor del crecimiento irlandés, ha habido un aumento del consumo y una recuperación tanto en la construcción como en las inversiones nacionales.
Tres datos demuestran lo que Irlanda ha logrado tras su ingreso a la Unión Europea. Es lo que podemos llamar el “milagro irlandés”. Para empezar logró un crecimiento anual promedio de su PBI desde 1996 a 2001 de un 10,5%, resultando en un PBI per cápita superior a los 17 mil dólares anuales. Como resultado, y más significativo aun, disminuyó la tasa de desempleo de un 15,7 % en 1993 a un 5,5 % en 1999. Y por último, la relación deuda/PBI bajó de un 96% en 1993 a un 50% en 1999.
Por otro lado, no se puede desdeñar la reducción de la inflación y los déficits crónicos del presupuesto. En la actualidad estos se han convertido en ganancias anuales. Más allá de su ingreso a la Unión Europea de fundamental trascendencia, Irlanda ha llevado a cabo una reforma impositiva pocas veces vista en la historia de una nación. Esta se caracterizó por una reforma de impuestos personales. Redujo el nivel más alto del 58% en 1987 al 42% en 2001. Por otro lado, la tasa reducida disminuyó del 35% en 1987 al 20% en 2001. Finalmente, implementó bajos impuestos corporativos para empresas (10%) y nulo para las exportaciones. Esto incentivó fuertemente la inversión extranjera directa logrando la incorporación de tecnología moderna y fuertes bajas en el desempleo.
A su vez, son varios los que destacan el rol del capital humano irlandés. En un trabajo titulado “Análisis comparativo del desarrollo económico de España, Francia e Irlanda en el período 1960-99” se menciona que “el impactante desarrollo económico de Irlanda en
el período 1980-99, en el que superó ampliamente a España en PIB por habitante, se debe en gran medida a la mayor dotación de capital humano, en proporción a su población, que ha tenido Irlanda. La rentabilidad de esa política es clara y manifiesta ya que en un breve período de tiempo ha despegado hasta situarse en la proximidad de la media europea.”
Pero analicemos antes de finalizar los estudios de la Heritage Foundation y el International Institute for Management Development. Irlanda se ubica en el puesto 7 del primero y también del segundo. ¿Qué implica esto? Que Irlanda es hoy una nación libre desde el punto de vista económico y que posee un alto nivel de competitividad.
Por otra parte, debemos destacar la posición que Irlanda ocupa en la clasificación mundial de la globalización 2002: ocupa el primer puesto lo cual es sumamente importante considerando los aspectos que se analizan: factores relacionados con la economía, la política, la tecnología y los avances en materia social como los viajes y el turismo internacional, el tráfico de llamadas internacionales y la carga tributaria.
En conclusión, debemos aprender del caso Irlandés que una fuerte reforma impositiva es fundamental como complemento a una integración económica. Lo mismo se debe decir de la estabilidad monetaria y el equilibrio fiscal. Un área de libre comercio incentiva a los capitalistas a invertir en aquellas naciones donde los impuestos son más bajos, las instituciones más fuertes, y las reglas de juego más claras. Todo esto redunda en menor riesgo y mayor rentabilidad y podemos encontrarlo en este país europeo.

China

Tenemos en Asia una gran cantidad de países que pueden ser examinados como ejemplo de los beneficios de una política comercial abierta. Sin embargo me he inclinado por China por la rapidez y escala de su desarrollo, y porque a diferencia de algunos países asiáticos éste ha permitido una fuerte inversión extranjera directa. Hasta hace poco un actor menor de la economía mundial, China es hoy el sexto país en términos de comercio. Y muchos pronostican que a fines de la década será el segundo, sólo detrás de los Estados Unidos.
El total del comercio de China –importaciones y exportaciones- fue el año pasado de 510.000 millones de dólares, casi 15 veces más que en 1980. Un 41% de las exportaciones tuvieron como destino los Estados Unidos. De esta manera, China suplantó hace poco a Japón como el país con mayor superávit comercial con Estados Unidos.
Bajo el gobierno de Deng Xiaoping, las autoridades chinas comenzaron a desmantelar el control centralizado de la economía y a alentar el surgimiento de empresas privadas. El tránsito parcial hacia el libre mercado se aceleró a fines de los ’80, con el eclipse de la URSS y aun más con su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Igual que sus vecinos asiáticos, las autoridades chinas alentaron la exportación como modo de promover el crecimiento económico. También querían crear empleos para su vasta población campesina. Pero a la inversa que otros países, China aceptó de buen grado a los inversores extranjeros, en particular extranjeros de origen chino. Empresarios de Hong Kong y Taiwán cuyas familias habían huido del comunismo décadas antes, fueron pioneros en mudar hacia el continente fábricas de ropa barata y juguetes. Y luego otros extranjeros se sumaron con plantas de productos cada vez más sofisticados. De esta manera, firmas extranjeras ansiosas de establecer una presencia en China, trajeron tecnología valiosa y construyeron algunas de las fábricas más modernas y eficientes del mundo.
Para las empresas extranjeras, la perspectiva de venderles a los consumidores e industrias chinas es otro fuerte incentivo. La clase media china, aun cuando es muy minoritaria en relación con el total de la población, se calcula en 100 millones de personas, y crece rápidamente. Al día de hoy, China compra más teléfonos celulares que ningún otro país del mundo. Sin embargo, debemos aclarar que más allá de las reformas destacadas, China aún debe experimentar un largo proceso si quiere estar en el selecto grupo de las naciones denominadas libres.

Algunas consideraciones finales

Considero que a lo largo del presente trabajo se han desarrollado suficientes argumentos para sostener que sería beneficioso para cualquier país latinoamericano abrir su economía al comercio internacional, entendiéndolo no sólo como el comercio de bienes y servicios, sino también por la libre entrada y salida de capitales y personas. Ahora, ¿Qué conclusiones o enseñanzas podemos tomar de las importantes experiencias internacionales analizadas? Enumeramos diez pasos a seguir:

1) Disminuir los aranceles a una tasa externa común del 6%. A partir de allí debe decrecer gradualmente hasta llegar a 0%. Chile en la actualidad posee una tasa del 8%, el cual disminuirá este año a un 6%. Esto ha hecho de esta nación un país fuertemente competitivo. Se debe seguir el mismo camino. Propongo bajar los aranceles a esta cifra de tal manera de dar un claro mensaje a los inversores de que la nación ha dado un importante giro en cuanto a su política comercial. Es fundamental que el arancel que se aplique sea uniforme, de tal manera de eliminar toda dispersión, de lo contrario además de conflictos sectoriales, se producen “cuellos de botella” insalvables entre la industria final y sus respectivos insumos.

2) Dicha política debe ser acompañada con una fuerte reforma impositiva semejante a la aplicada por Irlanda al integrarse a la Unión Europea. Esta reforma debe incluir desde bajas en las tasas impositivas (fundamentalmente al consumo y ganancias) así como una importante simplificación en el número de los impuestos. Las retenciones a las exportaciones deben ser eliminadas completamente. Cabe recordar que Irlanda aplicó aranceles nulos para las exportaciones incentivando a las empresas a invertir allí.

3) Liberar el tipo de cambio. Los países latinoamericanos se caracterizan por buscar una mayor competitividad a través de devaluaciones de su tipo de cambio. Debemos entender que estas políticas jamás generan un crecimiento en las exportaciones. Lo que sí consiguen es romper las reglas de juego y una fuerte baja en las importaciones, consiguiendo entonces un fuerte superávit comercial. ¿A costa de qué? De una importante baja en el salario real. El tipo de cambio debe ser fijado por el libre proceso de mercado, esto es variar con los cambios en la oferta y demanda de la divisa. Nunca por una decisión del Banco Central. Debe eliminarse la flotación sucia. Recién una vez que el mismo esté en el nivel de mercado puede plantearse la idea de una convertibilidad a esa paridad. La estabilidad de la moneda es fundamental.

4) Integración al ALCA. México ha demostrado los beneficios de unirse comercialmente a países de mayor productividad como Estados Unidos y Canadá. En el caso de Argentina y Brasil es vital que reviertan la imagen que han dado al mundo al solicitar el retraso de la fecha de iniciación de la misma. No se intenta terminar de esta forma con el MERCOSUR, siempre y cuando pueda negociarse la integración. Sin embargo, si el MERCOSUR o cualquier otro tratado implica posponer el comienzo del ALCA, estos convenios deben ser desechados. Algunos números reflejan la importancia de este acuerdo: 34 países participantes, una zona comercial que comprenderá más de 40 millones de kilómetros cuadrados, más de 800 millones de personas y un PIB de más de 10 billones de dólares. Esto representa una potencialidad mucho mayor a la actual del MERCOSUR

5) Recuperar la posibilidad de realizar acuerdos bilaterales. Chile no ha querido integrar el MERCOSUR por el sólo hecho de negarse a perder esta condición. El MERCOSUR ha representado un fuerte bloque proteccionista al que la Argentina se ha aliado. Los principios del NAFTA o del ALCA mencionan como punto principal que los países integrantes poseen libertad para llevar a cabo nuevos acuerdos bilaterales, siempre que no vayan en contra de lo acordado en ellos. Por otro lado, en el caso del ALCA se aclara que su creación no deberá tener como efecto crear barreras más altas a terceros países. Punto contrario a la actualidad del MERCOSUR.

6) Acuerdos de libre comercio con la Unión Europea. Esta región ha representado en la década del ´90 uno de los principales socios comerciales para todos los países latinoamericanos. A su vez Latinoamérica representa para ellos un mercado único. La Argentina debe buscar la eliminación de los subsidios agrícolas, así como la disminución de los aranceles tanto de exportación como de importación.

7) Acuerdos de libre comercio con Asia. Es importante destacar que Japón y los países del Sudeste Asiático representan en el comercio exterior a las potencias más importantes. Sus mercados poseen un importante potencial que los países latinoamericanos no deben descuidar. China, luego de pasar a integrar la OMC ha demostrado la importancia de un acuerdo de libre comercio con países de este tipo. Hoy es el principal socio comercial de los Estados Unidos.

8) Eliminar todas las trabas existentes a la entrada y salida de capitales. Acuerdos como el ALCA harán que los inversores estén interesados en nuestro país como un importante mercado desde donde producir para exportar. Varios países latinoamericanos como por ejemplo la Argentina, poseen fuertes ventajas comparativas en recursos humanos y natu rales (como el campo y recursos energéticos). El caso de China es un claro ejemplo de la importancia que tiene la inversión extranjera directa, una vez que se establece libre comercio con países de mayor productividad como Estados Unidos. Por otra parte, la industria turística tiene un importante potencial de desarrollo. El caso de España debe ser un claro ejemplo a seguir.

9) Fortalecer nuestras instituciones. Es fundamental recuperar la seguridad jurídica y proveer a los inversores de claras reglas de juego. Integrar el ALCA nos obligará a hacer un esfuerzo en este punto. Sin estas políticas de nada valen todas las propuestas realizadas. Es de destacar que Latinoamérica se ha caracterizado por constantes cambios en las reglas de juego, y que varios analistas consideran este el punto fundamental que impide un desarrollo sostenido para estas naciones.

10) Es fundamental que las reformas mencionadas vayan acompañadas de otras de igual importancia en todas las áreas. Como ejemplo pueden citarse la ya citada reforma tributaria, sumadas a la fiscal, financiera, laboral, judicial y política principalmente.

Estos diez puntos permitirán una mejor asignación de recursos con su consecuente mejora en el bienestar de los habitantes, generando automáticamente más trabajo, disminución de la pobreza y fuerte crecimiento. De esta forma, el comercio exterior será el motor de la recuperación latinoamericana.

Falta ANEXOS

Bibliografía

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  • Ensayo publicado en CADAL, Año I, Número 4, 2 de mayo de 2003

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