Pensiones en España. El desafío de la transición

Toda crisis económica abre la oportunidad de un cambio. La crisis económica en España, con su terrible efecto sobre el empleo, comienza a abrir una agenda de reformas indispensables que se hallaba cerrada desde hace mucho tiempo.

Dentro de esta agenda, el debate sobre las pensiones vuelve a estar encima de la mesa, y ya se han alzado las voces liberales del país en contra del sistema de reparto y a favor de un sistema de capitalización. En tal sentido podemos destacar los valiosos aportes de Pedro Schwartz, Juan Ramón Rallo, Gabriel Calzada y Carlos Rodríguez Braun. Incluso el ex presidente José María Aznar ha destacado que “el sistema de pensiones no puede aguantar“. (Lástima que no aprovechara su gestión para implementar una reforma).

En este artículo sólo quiero hacer una reflexión sobre un punto que ha enfatizado mi colega María Blanco: “Pasar de un sistema de reparto a uno de capitalización no es cosa fácil, las transiciones suelen ser siempre complicadas”.

Observo una tendencia, tanto en los liberales argentinos como en los españoles, a caer en el simplismo de resumir los grandes logros del caso chileno en la reforma de las pensiones. Yo mismo lo he hecho en mi columna. Pero pocos, o quizás ninguno de nosotros, nos hemos arremangado y puesto a trabajar en lo que seguramente es la preocupación de los políticos (y con ello me refiero tanto al poder ejecutivo como el legislativo): como efectuar la transición a tal sistema.

Me refiero a que el sistema de capitalización resolverá el problema de las futuras generaciones, puesto que el ahorro de la actual población activa se invertirá y rendirá sus frutos para dentro de dos, tres o cuatro décadas, dejando además una importante generación de empleo y un positivo efecto sobre la actividad económica. Sin embargo, también dejará un agujero fiscal que obligará al Gobierno que lleve adelante la reforma a endeudarse o a incrementar los recursos tributarios para financiar a los actuales pensionistas.

Y en este sentido Argentina puede ofrecerles una lección. Argentina “resolvió” el problema de la transición obligando a las administraciones de pensiones a invertir un tercio del dinero recaudado en la compra de deuda pública. Las administradoras, por un lado, recibían así importantes ganancias fruto de adquirir los arriesgados títulos públicos. El Estado, por el otro, lograba resolver un problema de caja acuciante, y así financiar a los actuales pensionistas, con los cuantiosos recursos que recibía de las administradoras. Esto es lo que en otra columna denominé el mito de las pensiones privadas.

Si el Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner decidió estatalizar el sistema, fue tanto por la voracidad fiscal que los caracteriza, como por la necesidad de interrumpir un proceso de endeudamiento público que hacía inviable la política fiscal de su Gobierno.

Los liberales españoles deben estudiar el exitoso caso chileno y también el fracaso argentino. El desafío es imaginar una transición que convenza a la clase política española de que un sistema de capitalización, además de superior, es posible.

Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek y escribe regularmente en su bitácora.

Publicado originalmente en Libertad digital, 16 de marzo de 2010.

La burbuja inmobiliaria en España

La expansión monetaria y crediticia que los distintos bancos centrales han llevado adelante en las últimas décadas ha provocado una “burbuja inmobiliaria global” sin precedentes. No se trata sólo de la crisis sub-prime en los Estados Unidos. Se trata de una “burbuja” mundial de activos inmobiliarios, como se puede observar en el gráfico No. 1, que comprende prácticamente a todos los países industrializados, como Australia, Bélgica, Irlanda, España, Canadá, Dinamarca, Italia, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Holanda, Nueva Zelanda y Reino Unido. En todos estos países el precio real de las propiedades se ha elevado en forma continua durante gran parte de la última década. Las excepciones a la regla, entre los países seleccionados, las constituyen Alemania y Japón.

El objetivo de este artículo es estudiar la burbuja inmobiliaria española, la que alcanzó niveles exorbitantes, incluso por encima de la burbuja americana.

Publicado en “GPS Económico“, primera revista on line de Economía y Negocios, No. 1 (Febrero de 2010).

Disponible aquí en forma gratuita.

CURSO DE VERANO: LAS ESCUELAS DE PENSAMIENTO MACROECONÓMICO

A cargo del Dr. Adrián Ravier. Miércoles 17 y 24 de febrero; miércoles 3 y 10 de marzo.

Objetivo: El curso tiene por objeto desarrollar un estudio comparativo de los enfoques macroeconómicos. Previa una consideración general acerca del origen de las escuelas de pensamiento, en cada encuentro se repasarán los contenidos básicos del cada una de ellas y su interpretación de la crisis financiera internacional.

Programa:

I. El origen de las escuelas de pensamiento macroeconómico
Las tres etapas del pensamiento económico. Justicia económica (Aristóteles y Santo Tomás). Política económica (Mercantilistas vs. Laissez Faire). Teoría económica. Adam Smith y los Clásicos. Revolución marginal. Economía moderna. El origen de la Escuela Keynesiana, la Escuela Monetarista y la Escuela Austríaca. Análisis comparativo entre Escuela Neoclásica y Escuela Austríaca.

II. John Maynard Keynes y el Keynesianismo
Keynes: el político, el empresario, el economista. Keynes versus keynesianismo. La Teoría General. Teoría particular orientada al corto plazo. El modelo keynesiano simple y los componentes de la demanda agregada. El consumo. La inestabilidad de la inversión y los animal spirits. El gasto público y su efecto multiplicador. El proteccionismo mercantilista. La interpretación keynesiana de la Ley de Say. La no neutralidad del dinero en Keynes. La inflación según Keynes y sus derivaciones. Keynes y los ciclos económicos. La Curva de Phillips Keynesiana. La aplicación de Samuelson-Solow. El proceso de estanflación.

III. Milton Friedman y el Monetarismo
La contrarrevolución monetarista. La lucha de Friedman contra la inflación. Curva de Phillips vs Curva de Fisher. Salario nominal vs salario real. Corto plazo vs Largo plazo. El rol de las expectativas adaptativas. La teoría cuantitativa del dinero y la causa monetaria de la inflación. La neutralidad del dinero en el largo plazo. La tasa natural de desempleo. Los agregados en el monetarismo. La regla monetaria. La independencia del banco central. La Curva de Phillips Monetarista.

IV. Friedrich A. von Hayek y la Escuela Austríaca
Macroeconomía del capital y ciclos económicos. La micro-fundamentación de la macroeconomía. Tasa de interés, ahorro, inversión y formación de capital. Causas y consecuencias de la inflación. La no neutralidad del dinero en el corto, mediano y largo plazo. La teoría austríaca del ciclo económico de Mises y Hayek. El aporte de Roger Garrison al análisis de los ciclos económicos. La deflación de precios. La Curva de Phillips de pendiente positiva.

Duración: miércoles 17 y 24 de febrero; martes 3 y 10 de marzo, en horario a convenir con los inscriptos (Opciones: de 9 a 11 hs; de 13 a 15 hs; de 16.30 a 18.30 hs).

Arancel: $150.

Consultas e inscripción: info@eseade.edu.ar o al 4773-5825

Adrián Ravier

Licenciado en Economía, Master en Economía y Administración de Empresas y Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid). Es co-autor del libro Elementos de Economía Política, editado por la editorial LA LEY, en agosto de 2007. También es compilador del libro La Escuela Austríaca en el Siglo XXI editado por la Fundación F. A. von Hayek. Es Profesor en ESEADE, Universidad del Salvador (USAL)  y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Desde mayo de 2006 es Investigador de la Fundación Hayek.

Nuevo Libro: “En Busca del Pleno Empleo. Estudios de Macroeconomía Austríaca y Economía Comparada”

Adrián Ravier publica su nuevo libro en Unión Editorial, Madrid.

RESEÑA

Esta obra se inscribe en la tradición iniciada por Roger W. Garrison de intentar hacer comprensible y de extender las ideas del paradigma austriaco al mainstream neoclásico. Adrián Ravier lo hace en su primer libro, sintetizando la macroeconomía austriaca del capital. En su segundo libro, presentando un estudio de economía comparada, apoyándose en la tradición austriaca para fundamentar una Curva de Phillips de pendiente positiva, que contradice los conocidos estudios de Phillips, Samuelson, Solow, Friedman, Phelps y Lucas, entre otros. En su tercer libro, ampliando el debate de «reglas versus discrecionalidad», sobre la base de los escritos de Hayek.

SUMARIO AMPLIADO

PRÓLOGO, por Jesús Huerta de Soto

PREFACIO, por Martín Krause

INTRODUCCIÓN, por Adrián O. Ravier

LIBRO PRIMERO

FORMACIÓN DE CAPITAL Y CICLOS ECONÓMICOS.
Una introducción a la macroeconomía austriaca del capital

I.INTRODUCCIÓN

1. El Proceso de Formación de Capital y la Teoría del Crecimiento Económico
1.1. El fundamento microeconómico de la macroeconomía. Análisis praxeológico del tipo de interés
1.1.1. Las consecuencias directas de la acción humana
1.1.2. La ley de preferencia temporal y el tipo de interés
1.1.3. Análisis robinsoniano: tasa de interés, ahorro, inversión y formación de capital
1.2. El proceso en el marco social
1.2.1. El tipo de interés bruto o de mercado
1.2.2. Ahorro, inversión y formación de capital en el marco social
1.2.3. La Estructura Intertemporal de la Producción
1.2.4. El Triángulo Hayekiano
1.2.5. La economía progresiva. Un Modelo Austríaco de Crecimiento Económico
1.2.6. La economía regresiva

2. Intervención Estatal y Ciclos Económicos
2.1. La Teoría Austríaca del Ciclo Económico de Ludwig von Mises
2.2. Las etapas del ciclo económico
2.3. El aporte de Roger Garrison al análisis de los ciclos económicos

LIBRO SEGUNDO

LA CURVA DE PHILLIPS AUSTRIACA.
Un estudio de macroeconomía comparada

I.INTRODUCCIÓN

II.LA PRIMERA ETAPA

1. La Curva de Phillips Keynesiana
1.1. Una breve biografía de A. W. H. Phillips (1914-1975)
1.2. El hallazgo empírico de Phillips
1.3. La versión keynesiana de la Curva de Phillips
1.4. Samuelson-Solow (1960) y el caso de Estados Unidos
1.5. La visión keynesiana sesgada al corto plazo
1.6. La visión keynesiana sesgada a una economía con desempleo de recursos
1.7. Keynes y la no neutralidad del dinero en el corto plazo
1.8. La refutación de la hipótesis de Phillips

III. LA SEGUNDA ETAPA

1. La Curva de Phillips Monetarista y la contrarrevolución
1.1. La Curva de Fisher (1926)
1.2. Salario real versus Salario nominal
1.3. La distinción entre el corto y el largo plazo
1.4. El rol de las expectativas adaptativas
1.5. La teoría cuantitativa y la neutralidad del dinero en el largo plazo
1.6. La tasa natural de desempleo
1.7. La Curva de Phillips Monetarista
1.8. La consecuencia de política económica para los policymakers

2. La nueva macroeconomía clásica y las expectativas racionales
2.1. Las dos objeciones al enfoque monetarista
2.2. La hipótesis de expectativas racionales
2.3. La neutralidad del dinero en el corto y en el largo plazo
2.4. Su consecuencia en el debate de la Curva de Phillips
2.5. Una breve referencia a la teoría del ciclo económico de Lucas

IV.LA TERCERA ETAPA

3. La Curva de Phillips Austriaca y una posible solución a la observación de Friedman
3.1. La observación de Friedman: La Curva de Phillips de pendiente positiva
3.2. La versión Austríaca de la Curva de Phillips y una posible solución a «La observación de Friedman»
3.3. Dos alternativas para alcanzar el pleno empleo
3.3.1. El camino de la economía de mercado
3.3.1.1. El sistema de precios y «el uso del conocimiento en la sociedad»
3.3.1.2. La función empresarial
3.3.1.3. La Teoría Austríaca del Capital
3.3.1.4. El factor de la producción «Trabajo» y la determinación de su precio
3.3.2. El camino de la intervención monetaria y crediticia
3.3.2.1. La inflación y la no neutralidad del dinero
3.3.2.2. Las expectativas
3.3.2.3. La Teoría Austríaca del Ciclo Económico
3.3.2.4. Una nota sobre la deflación de precios
3.3.3. A modo de conclusión
LIBRO TERCERO

REGLA MONETARIA VERSUS DISCRECIONALIDAD
Una ampliación del debate

I. INTRODUCCIÓN

II. PARTE I: DISCRECIONALIDAD VERSUS REGLA MONETARIA
1. Keynes, el fin del patrón oro y la gestión científica de las variables monetarias
2. El origen del debate y su evolución
2.1. Simons y su artículo de 1936
2.2. John Maynard Keynes, el joven Milton Friedman y la discrecionalidad
2.3. Friedman, el monetarismo y las reglas monetarias
2.4. Expectativas racionales, inconsistencia dinámica e independencia del banco central

III. PARTE II: UN ANÁLISIS CRÍTICO DEL DEBATE
1. Reflexiones sobre la política monetaria activa y discrecional
1.1. La pretensión del conocimiento
1.2. Las presiones políticas y la independencia del Banco Central
1.3. La incompatibilidad de los objetivos buscados
2. Reflexiones sobre las reglas monetarias
2.1. El problema de la definición y la consecuente propuesta de la regla monetaria
2.2. Regla monetaria, índice de precios e información relevante
2.3. La poca relevancia de la «estabilidad» de la regla

IV. PARTE III: AMPLIANDO EL DEBATE
1. La competencia de monedas
2. La propuesta de Hayek
3. Eliminar la banca central y el curso forzoso

V. PARTE IV: REFLEXIONES FINALES: EL ROL DEL ACADÉMICO

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE DE NOMBRES

Una política de cielos abiertos para Argentina

Es irrelevante debatir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del estado o no. En la medida que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.

En este 2010 AA cumplirá 60 años de vida. Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, esta aerolínea es hoy la mayor de su país, concentrando —según un informe del Banco Ciudad— alrededor de un 90 por ciento de la demanda de vuelos de cabotaje. Su único competidor, la empresa chilena Lan, concentra el 10 por ciento restante.

AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en Sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. En 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de re-nacionalizaciones del gobierno de los Kirchner, volviendo a la administración pública.

Los problemas sindicales continúan. Los subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia.

Sin embargo, debemos observar aquí dos problemas diferentes:

Por un lado, el de su privatización o nacionalización. Ya forma parte de la agenda pública argentina de 2011, qué hará el nuevo gobierno con una empresa que hoy es financiada en una alta proporción por recursos tributarios, y no precisamente por los pasajeros que gozan del servicio (AA acumula pérdidas diarias de cuatro millones de pesos —poco más de un millón de dólares al día—). Mauricio Macri es quizás el único candidato presidencial que disparó la intención de re-privatizar la compañía.

Por otro, la apertura y desregulación del mercado. Que AA sea pública o privada resulta irrelevante, en comparación con la necesidad de desregular el mercado e ir hacia una política de cielos abiertos. Basta observar que tanto en EE.UU. como en diversos países de Europa se cuenta con aerolíneas estatales o de bandera y, sin embargo, el servicio es superior tanto en costo como en calidad.

Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause dan en la tecla cuando afirman que “el cambio no se circunscribe a la venta de una empresa estatal ni a su paso a manos privadas, sino al marco regulatorio de la actividad que permite o restringe el funcionamiento del mercado. Es la competencia real o potencial la que incentiva a los agentes del mercado, en este caso las compañías aéreas, a reducir tarifas, ofrecer más servicios y mejorar la eficiencia. En la Argentina, en particular, por ser un país de grandes extensiones, las alternativas de transporte aéreo accesibles resultan de fundamental importancia”.

Los mitos en este campo son numerosos. La desregulación, para los mal-informados, traería aparejado: 1) “el caos, la confusión y la incertidumbre”; 2) destruiría empleos; 3) resultaría en monopolios; 4) haría a los cielos menos seguros; 5) se incrementarían las pérdidas de equipaje, la sobreventa de asientos, las demoras en las salidas y llegadas de vuelos; 6) bajaría la calidad de las comidas y otros servicios en vuelo y 7)  habría una congestión en los aeropuertos.

La evidencia empírica, sin embargo, contradice estas hipótesis. Herbert G. Gruble desarrolla precisamente un estudio comparado de la desregulación americana y la regulación canadiense, durante el período 1979 y 1988, y muestra sus conclusiones:

“La performance comparativa de las aerolíneas de Canadá y EE.UU. entre 1979 y 1988 otorga una muy rara oportunidad de estudiar los efectos de los cambios en una política económica importante. Casi como un experimento de laboratorio, la industria de un país ha continuado operando en un entorno regulado mientras que en el otro se enfrentó a políticas totalmente diferentes, […] Los datos apoyan fuertemente el análisis teórico de los efectos de la desregulación. La mayor competencia en EE.UU. llevó a una notable reducción de los costos y tarifas en relación con los de Canadá. Tan espectaculares son los resultados que otras diferencias entre los dos países no pueden explicarlos. Generalmente, la desregulación aérea provee mayores beneficios a los consumidores”.

El caso chileno, también puede ilustrar la cuestión. Un trabajo de Jorge Asecio, publicado por el Instituto Libertad y Desarrollo, explica que: “La incorporación de nuevas empresas prestatarias de servicios, así como la incorporación al mercado de nuevos y más modernos equipos de vuelo, que se adaptan mejor a los requerimientos de la demanda y presentan costos medios más bajos, aseguran un incremento de los niveles de demanda conocidos”. Además, agrega Asecio, “Las características del mercado llevaron a la autoridad a aplicar una política que permitiera generar condiciones de competencia, con lo cual se han obtenido incrementos de frecuencia, servicios a más bajo costo y una mayor cobertura aérea de nuestro país”.

En el caso de Inglaterra, la privatización de la British Airways es todavía recordada por el prestigio alcanzado en la calidad de sus servicios. El hecho de que las aerolíneas británicas compitan entre sí, como con aerolíneas extranjeras, dio como resultado que las tarifas de los vuelos que se originan en el Reino Unido sean, en general, más bajas que en los demás países europeos.

Por último, una mención especial merece el “Tratado de Cielos Abiertos para Europa”. Los 24 países miembros se resistieron durante un tiempo bastante prolongado a la desregulación, pero hoy disfrutan de los beneficios de una política de cielos abiertos entre Europa y EE.UU., pudiendo volar libremente de un país a otro, y en muchos casos, a menores costos que en automóvil, autobuses o incluso tren.

A modo de conclusión, no debemos confundir la privatización de la aerolínea argentina de bandera, con una política de cielos abiertos. La desregulación, y su consecuente competencia, muestran beneficios en todos los mercados en los que se le da lugar.

Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek (Argentina).

Publicado originalmente en El Cato Institute, 20 de enero de 2010.

¿Qué entendemos por Escuela Austríaca?

Peter Boettke, Steve Horwitz y otros intelectuales austríacos de enorme prestigio, han creado un blog hace algún tiempo -bajo el título “Austrian Economics”-, en el que se concentraban intercambios de enorme relevancia académica.

En este 2010, han comenzado los intercambios con un claro mensaje de Peter Boettke en el que se abandona la denominación de Escuela Austríaca, y se lo reemplaza por “Coordination Problem“.

¿Por qué ocurrió esto? Por algo que Gabriel Zanotti ya había señalado en un excelente post en noviembre de 2008. Tal post recibió 52 comentarios. Quizás sea tiempo de volver a verlos.

Por lo demás, quizás algún usuario del blog quiera traducir el mensaje de Boettke.

New Thinking for a New Decade

As of January 1, 2010, we are changing our name to “Coordination Problem”.  This name change is symbolic as well as substantive.  The term “Austrian economics” has become as much a hindrance to the advancement of thought as a convenient shorthand to signal certain methodological and analytical presumptions.  We started this blog with a clear purpose to emphasize ongoing research in the scientific literature, and developments in higher education as related to economics and political economy.  As a group we are committed to methodological individualism, market process theory, institutional analysis, and spontaneous order theorizing.  And while we do not shy away from policy discussions, we do not identify with any political party or specific political movement.

As an experiment, over the past six months we have been tracking the use of the term Austrian economics in the news and in the blogosphere.  Less systematically, we have also been listening carefully to the use of the term among fellow professional economists and what they think the label means.  The results do not fit our intention.  Google alert, for example, inevitably points to financial advice or libertarian politics, rarely to the research paradigm of F. A. Hayek, never to the scholarship of Israel Kirzner.  Mises is often mentioned, but Mises the ideological symbol, not Mises the analytical economist.  The “Austrian” theory of the business cycle is mentioned, but only in relationship to anti-fed politics and hard money advocacy, and never as an ongoing research program among professional economists.

These trends are not recent, but have been constant throughout our respective careers.  We have always been among those who attempted to offer resistance to this use of the term.  It has become evident to us that our efforts have been futile.  Rather than resist the pure ideological identification, we are choosing to devote our efforts elsewhere.  The name Austrian economics has been lost as a focal point for a tradition of economic scholarship, and is now a focal point for something else.  We have to let it go.

Why “Coordination Problem”?  The answer to this question has its origins in the seminal work of the 1970s development of market process theory and Gerald O’Driscoll’s brilliant depiction of F. A. Hayek’s research program in Economics as a Coordination Problem.  The contributors to this blog are convinced that O’Driscoll put his finger on the central unifying theme in Hayek’s long and diverse research career. But our intent goes well beyond Hayek studies, we are convinced that Mises and Hayek identified in the 1930s through the 1950s the central elements of sound economic and social analysis:  the problem of economic calculation and the division of knowledge; the cultural and institutional conditions which make possible social cooperation under the division of labor; and the arranging (and re-arranging due to changing circumstances) of heterogeneous and multi-specific capital goods into a coherent production plan that must mesh with diverse consumer demands.  The role of money, interest, and prices in market analysis all point back to the central theme of the discipline — the coordination of economic activities through time that results in the “wealth of nations”.

As we head into a new decade in a new century, we believe it is time to think anew the best way to communicate the animating ideas of our shared research and teaching interests.  Adam Smith represented the Scottish Enlightenment, but not all economists who followed Smith’s intellectual path were “Scottish”; and the same is true we contend for those following in the intellectual footsteps of Menger, Mises and Hayek who represented the great contributions of the Austrian school of economics.

We hope by focusing on the substantive proposition of coordination (including what it means, how it emerges, and what institutional arrangements facilitate or retard it, among many other important research questions) we can avoid fruitless debates over intellectual heritage and intellectual purity, and instead open up the discourse to a wider set of economic thinkers.  As we said: “New Thinking for a New Decade.”

¿Es posible eliminar los bancos centrales?

Hace un mes tuve la oportunidad de presentar ante la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) una lectura austríaca de la crisis financiera internacional. La AAEP reúne cada año a cientos de los más distinguidos economistas del país, donde la mayoría de los participantes no son necesariamente formados en la tradición de Mises y Hayek.

Mi presentación fue de unos 20 minutos, a partir de los cuales, se desarrollaron más tarde dos comentarios. Quiero hacer alusión aquí al segundo de ellos, correspondiente a la profesora de la Universidad de Buenos Aires, Lidia Rosignuolo.

Debo decir que su comentario fue sumamente positivo para con mi trabajo, pero cerró con la siguiente afirmación: “En los comentarios finales y a modo de conclusión, Adrián plantea aquella vieja idea de Von Hayek, que sostenía que la eliminación de los bancos centrales y del dinero público era la manera más eficiente para evitar el ciclo económico. En mi opinión, esta idea de Von Hayek, por su muy baja probabilidad de aplicación, atenta per se contra la divulgación de las ideas de la escuela austríaca”.

Me surge entonces la siguiente pregunta: ¿Es realmente muy baja la probabilidad de terminar con los bancos centrales? El siguiente análisis me lleva a sugerir que la conclusión de la profesora Rosignuolo es correcta.

Y es que si bien es cierto que la actual presión sobre el dólar no tiene precedentes, hay numerosos agentes económicos que se benefician del sistema de la banca central, lo que hace sumamente difícil un cambio de este tipo.

La historia económica nos enseña dos importantes lecciones: la primera, que el mundo siempre ha sido inestable. Han habido fluctuaciones económicas aun antes de la creación de los bancos centrales del siglo pasado; la segunda, que la inestabilidad ha sido considerable y relativamente mayor en el último siglo.

Así como la libra esterlina, al abandonar el patrón oro, comenzó a recibir presiones que terminaron desplazándola, constituyendo un nuevo orden económico mundial sostenido sobre el dólar, hoy, la moneda americana, fruto de la mala política monetaria, muestra presiones similares.

¿Pero cuál puede ser el desenlace de esta historia? Las alternativas al dólar no son muchas. Los países de la Unión Europea, por ejemplo, presentan hoy serios problemas en su sistema bancario, y con la excepción de Alemania, toda la región está inmersa en una crisis inmobiliaria que no es comparativamente menor que la de Estados Unidos. Japón continúa tratando de salir de un estancamiento que ya lleva, al menos, dos décadas, además de los desafíos demográficos. China y Brasil se presentan como emergentes en crecimiento, sostenidos sobre una extensa población y mercados atractivos para la inversión, pero con mercados financieros insuficientemente líquidos.

Todo esto ha llevado a Barry Eichengreen –profesor de Economía y Ciencias Políticas de Berkeley– a sostener que “el dólar todavía es mejor que cualquiera de las alternativas”. No se observa en la actualidad una moneda alternativa que pueda emular el desplazamiento que el dólar ejerció sobre la libra.

¿Pero qué hay con el oro? Cualquier gráfico que compare la evolución de las distintas monedas y el oro nos llevará a la conclusión que este último es la mejor reserva de valor.

¿Es posible entonces un retorno al patrón oro y abandonar el sistema de banca central tal como hoy lo concebimos? O dicho en otros términos, ¿cuáles son los factores que impiden una reforma monetaria de dichas características?

Primero, el sistema político. Los gobernantes de todo el mundo saben que ante la necesidad de sumar votos, no hay nada mejor que recurrir rápidamente al banco central para así aumentar el gasto público sin necesidad de incrementar la presión impositiva. Una sistema de patrón oro sería –en pocas palabras– una enorme traba para mantener la actual estructura de gastos, y más aún, volvería inviables los intentos de incrementar aún más los roles del Estado sobre la economía.

En segundo lugar, tenemos que mencionar el factor “cultural”, gobernado hoy por lo que Jesús Huerta de Soto suele denominar como la “estatolatría”. Parece ser una norma para la sociedad que ante un problema económico el Estado debe actuar resolviéndolo todo. La inactividad estatal sería así un problema que rápidamente ejercería presiones sobre el regreso de la banca central.

Tercero, el sistema bancario, que ya no contaría con un prestamista de última instancia que lo salve de toda la irresponsabilidad con la cual muchas veces se maneja. Aparecería así un límite de mercado a la expansión crediticia, lo cual tendría un efecto benéfico al terminar con los recurrentes ciclos económicos, pero que implicaría terminar con la política de dinero fácil y las artificialmente bajas tasas de interés.

Cuarto, muchos pseudo empresarios poderosos ya no podrían contar con el extendido favor del Gobierno, sino que deberían ganarse en el mercado el favor del consumidor.

En quinto lugar, eliminar el sistema de banca central terminaría con los elevados niveles de inflación, lo que haría inútiles a los sindicatos, que hoy pelean justamente por recuperar el poder adquisitivo perdido. Millones de sindicalistas se quedarían sin trabajo.

En sexto lugar, habría numerosos grupos de presión que perderían sus contactos políticos. Todos los sectores que hoy viven de la “ayuda estatal” tendrían que desaparecer o bien buscar ayuda voluntaria del sector privado.

Séptimo, una especial mención merecen los funcionarios y sus asesores, quienes –por todos estos cambios– se verían enormemente reducidos en cantidad y a la vez, contarían con un menor volumen de fondos para aplicar políticas públicas.

Y por último, aparece el problema de todas las organizaciones internacionales que puesto que viven de las transferencias de los Estados nacionales rápidamente desaparecerían o al igual que los sectores que viven de la “ayuda estatal” deberían formarse mediante “ayuda voluntaria y privada”.

Por todo lo dicho, eliminar el sistema de banca central parece gozar de una escasísima probabilidad de ocurrencia.

Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek y escribe regularmente en su bitácora.

Publicado originalmente en Libertad digital.

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