Reformar las pensiones

Durante mi viaje a España, Italia y Guatemala muchos amigos me preguntaron por el desastre que Cristina Fernández de Kirchner ha hecho con la estatalización de las pensiones privadas argentinas. Ya he hecho mención en otras ocasiones “al mito” que significó aquella privatización y lo alejado que estaba de un sistema ideal.

Ahora mi objetivo pasa por plantear una salida, no sólo para la Argentina, sino para el mundo. En definitiva, el problema de las pensiones se ha convertido, posiblemente, en el principal problema político al que deberán enfrentarse casi todos los gobiernos del mundo a lo largo del XXI.

¿Por qué digo que el sistema de pensiones es un problema? Muchos países, incluidas Argentina o España, tienen en la actualidad un sistema de pensiones de reparto con un alto riesgo de quiebra.

Creado en 1935 con las mejores intenciones, el sistema de reparto implicaba una proporción en la que 30 trabajadores financiaban a un jubilado. Ya en siglo XXI, los cambios demográficos –la tendencia generaliza hacia una caída en la tasa de natalidad y los avances médicos que alargan la vida de las personas– han modificado esta proporción. Hoy sólo tres trabajadores financian a un jubilado y la proporción será cada vez menor.

Claramente, en cualquier país donde este sistema de reparto esté vigente se ha quebrado ya cualquier relación entre lo que una persona aportó y lo que finalmente recibe. Aun cuando el sistema haya “funcionado” –con grandes problemas–, es previsible a los ojos de cualquier analista que poco a poco será más difícil mantenerlo.

¿Qué podemos hacer? Aprender del caso de Chile, que en 1980 decidió ofrecerle a su pueblo la posibilidad de elegir entre este sistema de pensiones de reparto administrado por el Estado y un sistema de capitalización individual gestionado por empresas privadas. El 95% de los chilenos eligieron el sistema privado.

¿Pero en qué consiste la reforma? Simplemente en que el dinero vaya a una cuenta privada de cada persona. De ser un impuesto se convierte en ahorros personales. Uno es propietario del capital y este capital crece a un interés compuesto (interés que genera interés) durante treinta o cuarenta años. Cuando uno se jubila no tendrá por qué preocuparse de si el Estado cuidó bien su dinero o en qué condiciones está “la caja” de la Seguridad Social para determinar qué pensión podrá percibir dependiendo de la “bondad” del gobernante de turno. En un sistema de capitalización el dinero está invertido y lo que se percibe a modo de pensión tiene una fuerte relación con lo que se fue aportando y con la rentabilidad que obtuvo la empresa privada elegida.

Más aún, si fallezco antes de percibir estos ingresos, puedo convertirlos en una herencia para mis hijos. También se pueden crear incentivos para favorecer el ahorro y así lograr o jubilaciones más tempranas o rentas de mayor cuantía.

En el caso de Chile, en casi treinta años los fondos de pensiones no perdieron un solo peso. No sólo eso, el sistema se constituyó bajo la previsión de que iba a lograr una rentabilidad anual del 4% y, sin embargo, desde sus comienzos las empresas privadas han cosechado una rentabilidad superior al 10%.

Casi treinta años después, uno puede observar los exitosos resultados del sistema privado. No sólo se ha conseguido duplicar las pensiones que reciben los jubilados, sino que el ahorro que surge como resultado del sistema privado de pensiones ha dado lugar a enormes inversiones que favorecen el crecimiento económico y reducen al mínimo la tasa de desempleo. La reforma chilena fue, en última instancia, la reforma fundamental que causó su milagro económico, hasta el punto de colocar hoy a este país en una situación diferenciada del resto de Latinoamérica.

Observando la crisis global actual uno podría temer que las empresas privadas pierdan el dinero invertido. Sin embargo, en los mercados de capitales se ha desarrollado una estrategia de diversificación de las inversiones que reduce enormemente su riesgo. En otras palabras, se ponen los huevos en distintas canastas impidiendo que una mala inversión acabe con el dinero de nuestras pensiones. Por otro lado, es cierto que los fondos en su conjunto se pueden ver sacudidos por una burbuja bursátil como la que hoy vivimos, pero aun así sabemos que las acciones, con el tiempo, recuperan su valor.

¿Qué rol le cabe asignar al Estado en las pensiones? Simplemente asegurarse de que el mercado sea transparente y de que haya una importante diversificación del riesgo.

Desde luego, este sistema tampoco refleja el ideal, ya que si bien me da libertad para elegir entre distintas administradoras privadas, no me permite decidir si quiero consumir hoy todos mis ingresos o en cambio ahorrarlos. Además, la propiedad sobre los fondos de pensiones también es relativa, ya que uno no puede acceder a ellos en cualquier momento, sino cumplidos una serie de años convenidos.

Aun así, creo que la propuesta, como second best, debe ser considerada. A mí modo de ver, la opinión pública no está en condiciones de digerir hoy un cambio mayor.

El artículo fue publicado originalmente en Libertad Digital.

Controlando al Leviathan, Revista Digital de Ciencias Políticas, No. 10, Mayo de 2009

Número dedicado a las elecciones del 28 de junio.

Presentamos el décimo número de Controlando al Leviathan, la Revista Digital de Ciencias Políticas de la Fundación Friedrich A. von Hayek.
 
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Esta edición está dedicada al proceso electoral  argentino que tendrá lugar el próximo 28 de junio. Ese día se celebrarán elecciones nacionales por decimocuarta vez consecutiva desde el retorno a la democracia en 1983.

No se trata de un dato menor, considerando el largo historial de gobiernos militares y/o fraudulentos que se sucedieron en el país a lo largo de buena parte del siglo XX. Sin embargo, debemos recalcar que las elecciones no constituyen la esencia de la democracia: son un requisito necesario, pero no suficiente. Son una etapa, entre muchas otras, en la constitución de un gobierno respetuoso de las leyes y de las instituciones y defensor de los derechos individuales. Además, el proceso de elecciones libres puede llevar al poder a un enemigo de la misma democracia que, instalado en el poder, termine atacando y destruyendo las instituciones. Frente a los procesos de deterioro institucional que vivimos en la Argentina y que vemos diariamente en muchos países de América Latina, es urgente limitar la discrecionalidad de los gobernantes, con frenos y contrapesos, una reducción de funciones, y un poder judicial independiente. Sabemos cuál es la meta, pero ¿conocemos el camino para alcanzarla?

Al mismo tiempo, desde hace años esperamos una reforma de las instituciones políticas que reduzca la arbitrariedad de nuestros gobernantes y transparente la acción política (fundamentalmente partidaria) y gubernamental. ¿Cuáles serían las reformas necesarias para volver a los principios de separación de poderes y de control entre poderes del estado? ¿Qué reformas harían más transparente el sistema político de nuestro país? ¿Qué pasa con el contexto político necesario para llevarlas adelante? Por ejemplo, según la cons¬titución de Venezuela todos los cargos elec¬tivos son revocables ¿Sirven este tipo de mecanismos? ¿Son viables políticamente?

Constanza Mazzina
Coordinadora

Todos contra Bernanke

Bernanke

La Reserva Federal está afrontando este año una de las situaciones más complejas de su historia, comparable a la Gran Depresión. En aquella ocasión, los fallos del banco central fueron tan significativos que la crisis se prolongó durante más de una década.

Tras la renuncia de Alan Greenspan al mando de esta institución, Ben Shalom Bernanke se convirtió desde el 1 de febrero de 2006 en el máximo responsable para detener, o al menos paliar, un ajuste de mercado que avanza liquidando empresas y elevando los niveles de desempleo en todo el mundo.

Nadie duda de que a Bernanke le sobran credenciales académicas y profesionales para ocuparse de esta tarea. Estudió economía en la Universidad de Harvard, 1975; se doctoró en Economía en el MIT, 1979; ha sido presidente del Departamento de Economía de la Universidad de Princeton; y de 2002 a 2005 perteneció al Comité de Política Monetaria del banco central estadounidense.

Sin embargo, hoy está recibiendo críticas desde todos los frentes, y el fracaso de sus políticas ha llevado a los representantes académicos de las distintas escuelas a negarle respaldo científico.

La crítica de la Escuela Austríaca, no sólo a Greenspan y Bernanke, sino a todo el sistema de la Reserva Federal, no necesita ser indagada. Doug French, por ejemplo, sintetiza una enorme literatura cuyo objetivo es mostrar la pretensión del conocimiento de aquellos que intentan controlar al mercado mediante la política monetaria, y concluye que lo único que se conseguirá es empeorar las cosas. Roger Garrison es un poco más específico y critica el anti-deflacionismo de Bernanke y su política de “inflación por objetivos”.

El keynesianismo, representado por Paul Krugman o Greg Mankiw también ha optado por alejarse de Obama y Bernanke. El primero explica que “Obama es demasiado prudente” y alienta al Gobierno norteamericano a incrementar el gasto público y a espolear la expansión crediticia; el segundo, en esta misma línea, afirma que ya es hora de avanzar hacia unos tipos de interés negativos.

Quien también se sumó a esta crítica general contra Bernanke ha sido Alan Meltzer, quizás –tras el fallecimiento de Milton Friedman– uno de los principales representantes de la Escuela de Chicago. En un artículo publicado en el New York Times, Meltzer manifiesta su preocupación por que la Reserva Federal, al intentar satisfacer las políticas de rescate de Obama, haya perdido la independencia del Gobierno. No sólo eso, Meltzer explica que Bernanke se está concentrando demasiado en obtener resultados a corto plazo, ignorando las consecuencias de sus políticas a medio y largo plazo.

Sintetizando, el mundo académico está contra Bernanke. Los mayores representantes de las distintas escuelas de pensamiento económico ya no manifiestan su apoyo a quien es el máximo responsable de detener el avance de esta crisis.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital.

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