El FMI y la Crisis

En los artículos anteriores hemos criticado algunas afirmaciones que, en torno a la crisis, han realizado ciertos economistas galardonados con el premio Nobel (Paul Samuelson o Joseph Stiglitz). En esta ocasión, quiero llamar la atención sobre el papel que está desempeñando el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la actual coyuntura y, más concretamente, sobre la “solución conjunta” que defienden.

Su director gerente, Dominique Strauss-Khan, hoy envuelto en escándalos personales, ha advertido que no habrá país en el mundo, sea desarrollado o subdesarrollado, que salga indemne de la crisis y vaticinó que “sus consecuencias pueden ser particularmente duras para la gente en los sectores de bajos ingresos, los países emergentes y en desarrollo”. Y agregó: “Es por eso que el FMI está haciendo los esfuerzos de poner a disposición ciertos fondos que puedan ayudar a esos países a mitigar esa crisis”.

Lo cierto es que el FMI forma parte del actual sistema monetario que ha provocado esta crisis global, al generar la burbuja inmobiliaria y bursátil que ahora está pinchando. La “política conjunta” a la que su director gerente hace referencia, pero sobre la cual no brinda detalles, entiendo que no es otra que la política monetaria expansiva y sincronizada del Banco Central Europeo, de la Reserva Federal y del Banco Central de Japón. Expansiva, para crear un nuevo torrente de crédito barato dirigido a incrementar el consumo, la inversión y el gasto público, con el objetivo de que, siguiendo las recomendaciones keynesianas, estimule la demanda agregada y deje atrás el estado actual de estancamiento. Sincronizada, para intentar evitar que sus divisas se deprecien las únicas respecto a las otras.

Si, en efecto, a esto se refiere el FMI por “política conjunta”, debemos decir que sólo podrá tener éxito en el corto plazo, pero que fracasará a la hora de sanear la economía global en el largo plazo, condenando al planeta a un nuevo proceso de auge y recesión en un futuro próximo.

Por otro lado, también debemos ser críticos con la “ayuda” que el FMI pretende brindar a los países afectados para promover un incremento del intervencionismo, del gasto público y del endeudamiento. Esta política sólo bloqueará los procesos de ajuste espontáneos del mercado que dejarían atrás los efectos negativos de la crisis y que permitirían emprender una nueva senda de crecimiento y desarrollo económico sostenido.

Henry Hazlitt lo explicaba claramente en su famoso libro La conquista de la pobreza:

Si no existiese la ayuda exterior, los gobiernos que hoy la reciben encontrarían aconsejable tratar de atraer la inversión privada extranjera. Para hacerlo, tendría que abandonar la política socialista e inflacionista, el control de cambios y las prohibiciones de sacar dinero del país; renunciar a la continua presión sobre los negocios privados, a la legislación laboral restrictiva y a los impuestos discriminatorios, y dar seguridades contra la nacionalización, la expropiación y la confiscación.

El FMI debe replantear sus funciones y analizar detenidamente el rol que ha jugado en cada una de las crisis financieras internacionales desde que fue creado. Creo que ya existe un absoluto consenso entre los economistas en que el organismo ha ayudado poco y que más bien ha generado un terrible daño a la economía global.

Publicado en Libertad Digital.

El New Deal argentino

Mientras Estados Unidos y la Unión Europea lanzan unos paquetes de gasto público de cientos de miles de millones de dólares y de euros con la vana esperanza de que sus economías se reactiven, el Gobierno argentino no quiere ser menos y viendo que su economía se enfría día a día y se encamina hacia una gran crisis, ha anunciado su propio plan.

 

Ante la nacionalización del sistema de pensiones, los argentinos nos hemos preguntado cuál sería el destino de los fondos (unos 24.000 millones de dólares que habían acumulado las administradoras, además de unos 4.500 millones de dólares que anualmente se sumarán a las arcas del Estado por las nuevas aportaciones de los “contribuyentes”). Ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se ocupó de despejar las dudas. Las cuatros medidas fueron las siguientes:

1) La creación de un Ministerio de la Producción, que entre otras tareas –aún por determinar–, ejecutará a partir del 15 de diciembre “el plan de obras públicas más ambicioso del que se tenga memoria, con una cifra de 71.000 millones de pesos” (algo más de 20.000 millones de dólares).

En pocas palabras, la presidenta destinará los “fondos expropiados” a un plan de obras públicas que genere empleo y reactive la economía. Es de esperar también que el Gobierno, mediante este Ministerio, pretenda controlar la producción, ignorando que en un mercado libre, gracias a las señales que proporcionan los precios, el tipo de interés y los beneficios empresariales, prevalece la famosa “soberanía del consumidor” (éste es quien determina qué se debe producir, en qué cantidad y a qué calidad). A partir de ahora, en la Argentina, los empresarios deberán seguir la voluntad del Ministerio de la Producción, en lugar de la de los consumidores.

2) “En materia de empleo vamos a condonar la totalidad de la deuda tributaria a los empresarios que tengan a todos sus trabajadores regularizados”, sostuvo la presidenta, al tiempo que aclaraba que la medida sólo se aplicará a las empresas de hasta 10 empleados.

Más allá de ciertos problemas que surgen con la aplicación de esta medida, se observa cierta miopía si uno tiene en cuenta que las empresas con menos de 10 trabajadores son las que acaparan el 75% del mercado laboral informal. La medida, en definitiva, no logrará cambiar la situación de las pymes, que es el objetivo del Gobierno.

3) “Además vamos reformar el sistema de contribuciones patronales, de manera que por cada nuevo puesto de trabajo sólo se aportará el 50 por cien de la cotización actual durant el primer año y el 75 por cien en el segundo”, explicó Kirchner.

Argentina evidencia en la actualidad un nivel de presión fiscal récord. Se ha pedido, desde distintos ámbitos, reducir esta carga con el objetivo de que las empresas puedan disminuir sus costes y generar empleo. Esta política iría en la buena dirección, pero es insuficiente y difícilmente será exitosa si tenemos en cuenta todo el otro arsenal de regulaciones adicionales que sólo incrementan el riesgo y los costes empresariales.

4) Y como cierre, la presidenta anunció un nuevo esquema impositivo destinado a fomentar la “repatriación de capitales”. De acuerdo a las nuevas categorías anunciadas, los fondos sin declarar estarán gravados con un 8 por cien, los que no formen parte del sistema financiero con el 6 por cien y los que se inviertan en títulos de la deuda o proyectos de infraestructura o inversión inmobiliaria, agraria o industrial sólo con el 1 por cien.

Según los propios informes del Banco Central, Argentina ha registrado en los últimos doce meses una fuga de capitales que supera los 25.000 millones de dólares. Difícilmente esta medida logrará generar un ingreso siquiera similar a esta cifra, más aun considerando que la propiedad privada es un concepto que el Gobierno ha mostrado desconocer.

La confusión del mensaje se trasladó a los mercados, con una pequeña subida de la Bolsa de Buenos Aires de tan sólo un 0,5 por ciento, tras haber perdido la mayor parte de su capitalización en los últimos meses.

En definitiva, Argentina ha aprobado su propio New Deal y lo financiará hipotecando el futuro de sus ciudadanos. Si sigue aplicándose la filosofía del actual Gobierno, parece inevitable que comiencen a violarse los contratos, la seguridad jurídica y la propiedad privada y que la Constitución nacional continúe siendo letra muerta. La única esperanza que puede quedarnos es que, como en tantas otras ocasiones, el Ejecutivo no cumpla sus promesas y este “plan” quede en el olvido.

Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek.

Revista Digital, La Escuela Austríaca en el Siglo XXI, No. 11

Este nuevo número incluye una entrevista a Rogelio Pontón, una biografía de Popper escrita por Gabriel Zanotti, y tres artículos: el primero sobre el comunismo de guerra de la Rusia de 1918-21, el segundo sobre la crisis global, y el tercero sobre la política medio-ambiental.

Escuela-austriaca-economia-11

Carta de presentación:
 
Nos enorgullece presentar el undécimo número de la Revista Digital “La Escuela Austríaca en el Siglo XXI”, ejemplar que nos permite completar el segundo año de vida de la misma.
 
Este número presenta una entrevista a Rogelio Pontón, un profesor de economía e historia de las ideas, que ha dedicado su vida a formar “austríacos” en distintas universidades de Rosario, en Argentina, y que en los últimos años ha recibido, de parte de sus seguidores, numerosos homenajes. Esta entrevista, concretada gracias a la contribución de Ivo Sarjanovic, es quizás un homenaje más hacia este defensor de las ideas de la libertad, y en particular, de la Escuela Austríaca. En esta entrevista responde, entre otros temas, acerca de las influencias que recibió, de cómo llegó a amar la economía que hoy enseña, sobre su biblioteca personal, sobre el grupo de jóvenes austríacos que él mismo formó y que hoy continúan enseñando esta tradición de ideas, sobre las deficiencias de la mayoría de los programas de estudio, sobre aquellos pensadores “no austríacos” que admira, y sobre la crisis financiera global actual.
 
Luego presentamos una biografía de Karl Popper escrita por Gabriel Zanotti, quien, a lo largo de su vida, ha presentado decenas de conferencias a repasar las ideas de este gran filósofo multidisciplinar. Además de recorrer su vida y obra, Gabriel nos comenta cómo para Popper “Hayek le salvó la vida”, y advierte que es un autor más difícil de comprender de lo que parece. “Igual que Ortega y Gasset, escribía muy sencillo y pensaba de modo muy complejo.” Gabriel nos cuenta también cómo ha defendido la Sociedad Abierta, y cómo esto le ha generado odio y enemigos.
 
El tercer artículo es un excelente estudio histórico sobre el “comunismo de guerra” de la Rusia de 1918-1921, un período que nos permitirá observar lo acertado del análisis de Mises de 1920 sobre la imposibilidad del cálculo económico en el régimen socialista, así como de los estudios posteriores de Hayek en la misma materia.
 
El siguiente artículo, de quien escribe esta carta introductoria, es un intento por mostrar una explicación alternativa sobre el origen y el desarrollo de la crisis global actual, respecto de otras visiones, que en general circulan por los medios, y que apuntan al mercado como el responsable, exigiendo para su superación mayor control y regulación.
 
Por último, creímos que no podíamos cerrar este segundo año sin ahondar en una temática crucial en tiempos modernos como lo es el medio ambiente, y en particular, el “calentamiento global”. Francisco Bosch nos ofrece una fuerte crítica a aquellos que pretenden, sin ningún tipo de argumentación científica, reducir la generación de energía por los “dudosos” efectos que ella generaría, y con ello, eliminar una parte importante del producto de dicha energía, con negativos resultados en materia de crecimiento y pobreza.
 
Desde la Fundación Friedrich A. von Hayek aprovechamos la ocasión para saludarlos y esperamos que disfruten de esta nueva edición de la Revista.
 
Adrián O. Ravier
Director y Coordinador

Origen y desarrollo de la crisis global actual

Si bien la mayoría de los analistas sólo empezaron a advertir de una posible recesión en los Estados Unidos a partir de mediados de 2007, hubo un conjunto de economistas, especialmente aquellos que siguen la tradición de la Escuela Austríaca de Economía, que han advertido sobre la misma desde bastante tiempo atrás.Entre los teóricos más importantes de esta Escuela nos encontramos con los fallecidos Carl Menger, Eugen von Böhm Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek y Murray Rothbard, o nuestros contemporáneos Israel Kirzner, Joseph Salerno, Peter Boettke, Lawrence White, Roger Garrison, o Jesús Huerta de Soto, por citar sólo algunos.

 

Algunos analistas afirman que la crisis global actual comienza hacia finales de la década de los ´90, cuando comienza a crearse la burbuja tecnológica. Esto sería correcto, pero pocos de estos analistas advierten que aquella burbuja, como las actuales inmobiliaria y bursátil, tuvieron su origen en la manipulación de las tasas de interés y en la expansión de la oferta monetaria y crediticia desarrollada por la Reserva Federal (Fed) desde el comienzo del gobierno de Bill Clinton.

Entre 2001 y 2002 la burbuja bursátil, y especialmente el sector tecnológico, se desinfló. Algunos economistas adjudicaron el problema a fraudes contables en empresas como Enron y Worldcom, pero en realidad, la política monetaria había cambiado, y había pasado a ser contractiva, por el riesgo inflacionario de continuar la política expansionista.

El derrumbamiento de las Torres Gemelas también golpeó a la economía norteamericana, mostrando su debilidad y alertando de un posible estancamiento. De esta manera el 11S impulsó a Alan Greenspan, presidente entonces de la Fed, y a quien podríamos considerar como el “padre de la actual crisis global”, a intentar evitar, o debiéramos decir más bien, posponer, esta crisis reduciendo las tasas de interés, desde el 6 por ciento en 2002, hasta el 1 por ciento en 2004. Cabe señalar que esta última tasa de interés era en realidad negativa en términos reales, si consideramos que la inflación de 2004 era superior a la tasa de interés nominal. Esta reducción de las tasas de interés fue provocada por una fuerte expansión monetaria y crediticia que permitió, al menos momentáneamente, abandonar las expectativas de estancamiento y recesión.

Los eventos que se sucederían a partir de aquella política monetaria son perfectamente descriptos en la conocida “teoría austríaca del ciclo económico”, desarrollada por el mencionado Mises en 1912; más tarde, en la década del ´30, Hayek profundiza estos estudios, siendo parte importante de su reconocimiento al recibir el Nobel de Economía en 1974.

La reducción artificial de las tasas de interés, y decimos artificial porque la misma no fue el resultado de mayor ahorro, sino de la expansión crediticia de la Reserva Federal, permitió que muchas empresas emprendieran proyectos de inversión que hasta antes de tal expansión eran inviables por el alto costo financiero, y a la vez, que muchas personas tomaran hipotecas para comprar sus viviendas. Esta exposición, gracias a una legislación que fomentaba el sector inmobiliario, generó la llamada burbuja inmobiliaria al concentrar la expansión crediticia en este sector. La mayor demanda impulsó entonces la construcción de nuevas viviendas (en Estados Unidos se construyeron más de 4.6 millones de nuevos hogares entre 2003 y 2006) y también un incremento en el precio de las ya existentes (el incremento alcanzó el 40 % para viviendas residenciales, entre 2002 y 2006).

Si no es erróneo, al menos es incompleto, denominar a esta crisis global como crisis subprime. Y es que la burbuja no fue sólo inmobiliaria, sino también bursátil, dado que si bien existía un sesgo regulatorio hacia el mercado inmobiliario, parte de la expansión tarde o temprano llega a otros sectores. Entre 2003 y 2006, el Dow Jones se incrementó, sin tener en cuenta los dividendos, un 45 %, el S&P 500 un 55 % y el IBEX un 125 %. Todo esto, cabe remarcar, fue el resultado de la política monetaria y crediticia expansiva dirigida por la Fed. Política, que según la teoría predicha, presenta una primera etapa de auge donde además de lo dicho, se observan incrementos en los beneficios empresariales, y en estos años en particular, fue mayor aún en las empresas constructoras (entre 2003 y 2006 los beneficios fueron de 136 % para Meritage Homes Corporation, 131 % en el caso de Cetex Corporation, 128 % para Lennar Corporation y 97 % en el caso de DR Horton Inc). No es extraño entonces observar que el sector de la construcción a su vez, haya atraído mano de obra que se desplazaba desde otros sectores.

Pero si algo caracteriza a la teoría austríaca del ciclo económico es que tal política monetaria expansiva es insostenible en el tiempo. Mises explicaba, ya en su “Teoría del dinero y del crédito” de 1912 que, “llegará un momento en que ya no será posible seguir aumentando la circulación de medios fiduciarios. Entonces se producirá la catástrofe, con las peores consecuencias, y la reacción contra la tendencia alcista del mercado será tanto más fuerte cuanto más largo haya sido el período durante el cual el tipo de interés de los préstamos estuvo por debajo del tipo natural de interés y cuanto mayor haya sido el alargamiento de los procesos indirectos de producción no justificados por la situación del mercado de capital.”

Es cierto, como afirman muchos economistas, que numerosos bancos otorgaron créditos a tasas bajas sin analizar correctamente el riesgo crediticio, pero a mi juicio, tal cosa ocurrió como consecuencia de la política monetaria y crediticia desarrollada por la Fed. Sin aquel “dinero fácil” los bancos no habrían podido crear esta burbuja especulativa.

Ya en 2004 Alan Greenspan presenta un discurso ante el congreso norteamericano donde afirma que se debiera aumentar la tasa de interés, para prevenir los primeros indicios de inflación en los Estados Unidos, y también desincentivar el tomar nuevas hipotecas para la compra de viviendas. La tasa de referencia de la Fed, que se encontraba en el 1 %, comienza entonces a subir hasta alcanzar el 5.25 %. Este aumento fue, por un lado, acompañado por una contracción del crédito, lo que redujo la demanda de propiedades, y en consecuencia, el precio de las mismas se desplomó. Por otro, elevó el costo financiero de las cuotas que aquellos que habían comprado sus viviendas a crédito debían pagar. Esto implicó serios problemas a numerosos bancos que observaron que las cuotas no se pagaban. En pocos meses, ante la imposibilidad de continuar pagando las cuotas, muchas personas tuvieron que entregar sus viviendas al banco, quien las acumulaba y observaba que el precio de las mismas caía por debajo del dinero que habían prestado.

En cuanto al mercado bursátil, desde principios de 2007, se observan fuertes caídas en el valor accionario del Dow Jones, S&P 500 y el IBEX 35.
Así, no es difícil comprender las dificultades de numerosas compañías de primer nivel como Citibank, Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac, Lehman Brothers, Merrill Lynch, AIG, algunas de las cuales fueron fusionadas con otras empresas, otras quebraron, y otras fueron rescatadas por el gobierno norteamericano. El sistema financiero, al no poder recuperar el valor de los créditos otorgados –dada la caída del precio de los inmuebles- debe comenzar a vender sus inversiones en activos financieros haciendo caer el precio de las acciones y bonos, afectando así el valor del mercado de las inversiones del sistema en general.

Es importante remarcar que las crisis económicas no son únicamente un efecto financiero o de “bolsas”, sino que el efecto es real, “no neutral”, incluso en el largo plazo. Estos movimientos artificiales en las tasas de interés afectan decisiones de inversión, especialmente generando un sesgo hacia inversiones de un plazo mayor al conveniente, dada la tasa natural de mercado. Si esto se mantiene por varios años, entonces comienzan a acumularse errores de inversión. Cuando la Fed revierte su política monetaria y la tasa de interés comienza a subir, proyectos de inversión, que quizás aún no han sido completados, dejan de ser rentables, teniendo problemas para devolver sus créditos a los bancos o teniendo que cesar sus actividades. En estos proyectos se han invertido recursos y capital, que ahora no puede utilizarse en otros proyectos, motivo por el cual se ha “destruido” capital en términos económicos. Aquel proyecto que contemplaba un astillero no puede transformarse en una fábrica de autos, y dado que los recursos de capital ya han sido utilizados en un astillero tampoco podemos producir la fábrica de autos que el mercado sí pedía. En pocas palabras, no sólo se ha invertido mal, sino que se ha retrocedido.

Ni la burbuja bursátil, ni la burbuja inmobiliaria han alcanzado aún su piso. Los precios de las acciones y de las viviendas siguen cayendo, al tiempo que numerosas empresas quiebran y despiden trabajadores. La tasa de desempleo en Estados Unidos ya es récord en los últimos 10 años.

El gobierno y la Fed, pueden tomar una decisión similar a la que tomó Greenspan en 2002, reduciendo artificialmente las tasas de interés y generando un nuevo auge económico. Pero de tomar tales medidas, debemos saber que pronto nos enfrentaremos a un nuevo episodio con similares características a las que hoy estamos viviendo.

Algunos analistas llaman a “regular” mejor los mercados y abandonar la “liberalización financiera”. Ignoran estos economistas, a mi juicio, que llegamos a esta crisis luego de intentar emular, en materia monetaria, aquellas políticas que Carl Marx planteaba en su “Manifiesto Comunista”, o John Maynard Keynes, proponía en su “Teoría General” cual es “gestionar científicamente” las variables monetarias, decidiendo la autoridad monetaria la cantidad de dinero que debe haber en circulación y controlando a partir de allí el nivel de la tasas de interés, del tipo de cambio, de generación de empleo e incluso la tasa de crecimiento económico. Si hay algo que el sistema financiero no tiene es ausencia de regulaciones y controles.

No recuerdo, a modo de prueba empírica, que durante la vigencia del Patrón Oro, el mundo haya experimentado un episodio de inestabilidad tan fuerte como el presente.
No podemos dejar de advertir tampoco el problema de “riesgo moral” que implica el salvataje que hoy desarrolla el gobierno norteamericano. La sensación que queda, es que no importa los errores de inversión que se cometan en el futuro, ni el excesivo riesgo que los empresarios asuman, ante riesgos de insolvencia o quiebra, el gobierno norteamericano los rescatará. Este mismo “riesgo moral” lo observamos en el sistema financiero, cuando la banca central, en el caso norteamericano la Fed, juega un rol de prestamista de última instancia para rescatar a bancos, como es hoy el caso de Citibank.

Entre las propuestas que le valieron a Hayek el mencionado Nobel de Economía se encuentra eliminar las intervenciones sobre el mercado monetario y crediticio, terminando con el curso forzoso de la moneda gubernamental, y dar lugar a un sistema monetario libre o de “libertad bancaria”. Si seguimos este camino, y el gobierno norteamericano se abstiene de intervenir en la economía mediantes regulaciones, controles o subsidios, la economía se recuperará rápidamente a través de un ajuste de mercado que acomodará la economía a la realidad económica subyacente. Es cierto que algunas empresas o bancos caerán, pero este es un costo ineludible para corregir los desaciertos acumulados durante tantos años de tasas de interés artificialmente manipuladas. En economía, ciertos límites metodológicos nos impiden acertar en predicciones cuantitativas o de tiempo, pero me apresuro a predecir, que de liberarse el sistema financiero, como ha sugerido Hayek, en menos de un año, la creatividad empresarial habrá creado suficientes empresas para absorber a todos los trabajadores que hoy están desempleados.

* Adrián Ravier es Economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Artículo publicado originalmente en la revista digital: “La Escuela Austríaca en el Siglo XXI”, No. 11, diciembre de 2008. También publicado en HACER. Una síntesis fue publicada en MateriaBiz.

El primer error de Obama

Hace un mes que Barack Obama ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, por lo que, a partir del 20 de enero de 2009, deberá tomas las decisiones políticas pertinentes para que la economía abandone un estado de estancamiento y recesión e inicie un proceso de desarrollo económico genuino y sostenible en el tiempo.

En su primera entrevista tras haber sido elegido, si bien se negó a hablar del New Deal, sí explicó que su prioridad será evitar “ahondar en la recesión” y que por ello no es momento de preocuparse “en exceso de déficit público”. Sostuvo que existe un consenso entre demócratas y republicanos para no criticar “el déficit del año que viene o incluso del siguiente”. “Hemos de hacer lo que sea para conseguir que la economía se mueva otra vez. Vamos a tener que gastarnos dinero ahora para estimularla”.

Este primer error de Obama obedece a la mitológica creencia de la mayoría de los economistas y políticos de que el New Deal aplicado por Roosevelt tras la Gran Depresión de los años treinta, contribuyó a relanzar la economía y generar empleo. Es cierto que Obama rechazó emular aquel plan, pero lo hizo por considerar que debía crear uno nuevo “acorde con nuestra época”. En otras palabras, Obama desarrollará un conjunto de políticas similares a las del New Deal, pero “adaptadas” al s. XXI.

Este plan “keynesiano”, que consiste en “gastar y gastar” de cualquier forma para así “estimular la demanda agregada”, nunca podrá tener los resultados esperados. Keynes llegó a recomendar en su tiempo la política de “hacer pozos y volver a taparlos” con tal de que el Estado inyectara liquidez en la economía, pagando salarios e incentivando el consumo.

Basta el sentido común para darnos cuenta del error de este razonamiento. Frédéric Bastiat ya lo decía claramente en su famoso ensayo Lo que se ve y lo que no se ve. Y es que para financiar toda esta obra pública, Obama deberá o aprobar nuevos impuestos o endeudarse o emitir moneda. En cualquier caso, el gasto público implica quitar recursos del sector privado y productivo, para destinarlo al sector público improductivo e ineficiente.

Obama observará los resultados de su “plan de gasto”, pero no podrá ver todas aquellas obras que no se realizarán por el desvío de los recursos necesarios para financiarlos. En economía no existe la magia. La escasez existe y el mercado ha mostrado ser más eficiente en su gestión.

Si la Gran Depresión de los años treinta duró tanto fue por las políticas intervencionistas que aplicaron Hoover primero y Roosevelt después. El grave problema es que los economistas de nuestro tiempo no han aprendido esta lección.

Ernesto Merimée, profesor universitario y miembro de la Academia Española, ya lo decía claramente: “¿Para qué demonios sirve la historia si nadie aprovecha sus enseñanzas?” .

Artículo publicado el 3 de diciembre en Libetad Digital.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.