Por Adrián Osvaldo Ravier *
En los últimos setenta años la Argentina jamás ha podido solucionar el problema del déficit fiscal. Jamás ha podido aplicar el principio básico que todo Tratado de Finanzas Públicas enseña, “equilibrio presupuestario”. Dicho déficit ha sido financiado con todas las fuentes de financiamiento que existen (cobro coactivo de impuestos, emisión monetaria y endeudamiento) y hasta se puede decir que la Argentina ha creado una nueva fuente al utilizar en los años ´90 el ingreso por las privatizaciones para financiar el gasto público.
La Argentina de hoy no es la excepción. La expansión crediticia generada por Martín Redrado en el Banco Central ya ubica a la Argentina entre los tres países con mayor inflación del mundo (junto a Venezuela y Rusia), y nuevamente se comienza a hablar de una inflación anual de dos dígitos. Algunos economistas afirman que la Argentina es “el único país en donde la tasa de inflación se duplicó en el último año, ya que pasó de 4,9 % en 2004 al actual 9,6 %”. Por supuesto esto es insignificante si recordamos que en la década del ´70 los precios subieron más de 1500 veces, y en toda la década de los ´80 lo hicieron en más de 3,3 millones de veces, pero no cabe duda que el malestar que se observa en la sociedad argentina de hoy obedece, entre otras causas, a la suba sostenida de precios.
El Presidente Kirchner, renovando el viejo peronismo argentino ataca a los supermercados, y a todo tipo de empresarios, como causantes de este desastre, pero un análisis económico serio demuestra que la única causa universal (y con esto quiero decir, para todo tiempo y lugar), de la inflación es siempre la emisión monetaria.
Por supuesto, la ignorancia acerca de un acertado análisis económico en este aspecto no es sólo de la dirigencia política, sino que fundamentalmente es un problema que nace en las Universidades. Hoy cualquier estudiante de la Licenciatura en Economía de cualquier Universidad argentina, sea pública o privada (pero todas con programas regulados por el Ministerio de Educación), no estudian otra cosa que distintas formas de intervenir en el proceso económico. Se preguntan si deben aplicar un tipo de cambio alto o bajo, sobrevaluado o devaluado, pero jamás piensan en librarlo al mercado. Se preguntan si expandir el crédito un 3 %, un 5 % o un 10 % anual, pero jamás se les ocurriría eliminar tal política. Se preguntan si aplicar aranceles de diversos porcentajes para cada producto, pero jamás se plantean eliminarlos. Y sobre el tema en cuestión, estudian diversas causas para la inflación que poco tienen que ver con la realidad.
Se estudia por ejemplo la Keynesiana “inflación por exceso de demanda”; o una “inflación de costos”, donde tiene lugar las condiciones climáticas, la puja redistributiva entre asalariados, empresas y sector público, aumento del precio de insumos (como podría ser el petróleo) o por una devaluación para aquellos procesos productivos que utilizan insumos importados; Un tercer caso es el que debemos a nuestro gran economista argentino Julio Olivera, quien inspirado en Keynes ideó la “inflación estructural”. Esta surgiría porque el gobierno estaría más interesado en combatir la inactividad económica que la inflación. Olivera describiría ciertas características que poseen los países latinoamericanos como la “inflexibilidad parcial o total a la baja de los precios”, la “inelasticidad precio a las importaciones y a la oferta de productos agropecuarios”, o un “sistema tributario regresivo e inelástico”. Estas características estructurales son las que generan presiones inflacionarias “básicas”. Pero por supuesto que esto no es todo. Los “estructuralistas” también hablarían del déficit fiscal al que en el inicio de este artículo hicimos hincapié, observando que la inflación se acentúa cuando se monetiza incrementando la oferta monetaria para convalidar la suba de precios.
El mundo académico y político entero, con excepción de Latinoamérica, entendió en los años ´70 que la única causa universal de la inflación es la emisión monetaria. Milton Friedman por ejemplo desarrolla en su Curva de Phillips de largo plazo una explicación de por qué la emisión monetaria no puede generar más empleo, y sí puede subir los precios. Robert Lucas a través de su modelo de “Expectativas Racionales” también explica el problema de la Curva de Phillips de corto plazo de Keynes y como se invalida en el largo plazo el efecto inicial. Y por supuesto podemos remontarnos varias décadas antes a los escritos de Ludwig von Mises quien en su “Teoría del dinero y el crédito” de 1912 ya explicaba las verdaderas causas de la inflación. Friedrich A. von Hayek, el Premio Nóbel de 1974 y quien debatiera largamente con Keynes en los años ´30 también daba una correcta explicación al problema.
Pero observemos algunas palabras del Premio Nóbel Milton Friedman sobre el tema en cuestión en su obra “Libertad de Elegir” (p.352):
“La inflación es una enfermedad, peligrosa y a veces fatal, que si no se remedia a tiempo puede destruir a una sociedad. Los ejemplos abundan. Los períodos de hiperinflación en Rusia y Alemania tras la Primera Guerra Mundial, cuando los precios alcanzaban un valor doble o superior de un día al otro, prepararon el camino para el comunismo en un país y el nazismo en otro. La hiperinflación que se produjo en China tras la Segunda Guerra Mundial facilitó la victoria del presidente Mao sobre Chiang Kai-shek. La inflación en el Brasil, país en el que el aumento de precios en 1954 alcanzó la cifra del cien por cien, trajo el gobierno militar. Una inflación mucho peor contribuyó a la caída de Allende en Chile en 1973 y a la de Isabel Perón en 1976, seguida en ambos países por la toma del poder por parte de una junta.
Ningún gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de haber provocado la inflación, ni siquiera en aquellos casos en que la virulencia de ésta es menor. Los funcionarios públicos encuentran siempre alguna excusa: hombres de negocios voraces, sindicatos codiciosos, consumidores despilfarradores, los jeques árabes, el mal tiempo o cualquier otra que parezca, aun remotamente, plausible. (…) Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no pueden llevar a un incremento general de los precios de los productos. Pueden producir una subida o bajada temporal de la tasa de interés. Pero no pueden ser la causa de una inflación continua por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee una máquina de imprimir mediante la cual producir estos trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos; nadie puede autorizar legalmente a un contable para que realice asientos en los libros, operación equivalente a la impresión de esos trozos de papel”;
Y luego agrega (p.372),
Ningún gobierno está dispuesto a aceptar la responsabilidad de haber provocado la inflación, ni siquiera en aquellos casos en que la virulencia de ésta es menor. Los funcionarios públicos encuentran siempre alguna excusa: hombres de negocios voraces, sindicatos codiciosos, consumidores despilfarradores, los jeques árabes, el mal tiempo o cualquier otra que parezca, aun remotamente, plausible. (…) Todo esto puede conducir a aumentos de precios de bienes individuales, pero no pueden llevar a un incremento general de los precios de los productos. Pueden producir una subida o bajada temporal de la tasa de interés. Pero no pueden ser la causa de una inflación continua por una razón muy simple: ninguno de estos aparentes culpables posee una máquina de imprimir mediante la cual producir estos trozos de papel que llevamos en nuestros bolsillos; nadie puede autorizar legalmente a un contable para que realice asientos en los libros, operación equivalente a la impresión de esos trozos de papel”;
Y luego agrega (p.372),
“Es sencillo encontrar un remedio a la inflación y, sin embargo, su puesta en práctica es difícil. Del mismo modo que un aumento excesivo en la cantidad de dinero es la única causa importante de la inflación, la reducción de la tasa de crecimiento de la oferta monetaria es el único remedio para eliminarla. El problema no consiste en no saber qué hacer, pues resulta bastante sencillo. El estado debe hacer crecer la cantidad de dinero a una velocidad menor”;
Y podemos agregar las palabras de Ludwig von Mises en su “Teoría del Dinero y del Crédito” de 1912, cuando afirmaba (p.201):
“Un peligro que necesariamente acecha a todo intento de política inflacionista es el del exceso. Una vez admitido el principio de que es posible, permisible y deseable tomar medidas para ‘abaratar’ el dinero, inmediatamente se suscitará la más agria y violenta controversia sobre hasta dónde se ha de llevar este principio. Los partidos interesados no sólo discreparán acerca de las medidas a tomar, sino también sobre los resultados de las ya tomadas. Ninguna medida antiinflacionista puede tomarse sin violentas controversias. Es éste un terreno en el que prácticamente no caben los consejos de moderación. (…) Existen dificultades que habrán de ser tenidas en cuenta en toda política que tenga por fin una reducción del valor del dinero. La inflación continuada acabará llevándonos, de un modo firme e interrumpido, hacia el colapso.”.
En esta misma obra Mises desarrolla su Teoría Austríaca del Ciclo Económico que luego sería tomada y mejorada por el Premio Nóbel Hayek. A mi modo de ver, y esto ya es una apreciación subjetiva sobre el proceso inflacionario que en la Argentina estamos viviendo, el proceso de crecimiento económico que hemos experimentado entre 2001 y 2005 no es más que un “boom” artificial creado por esta emisión monetaria que necesariamente alcanzará su punto máximo en cualquier momento y la economía lamentablemente se verá nuevamente en una grave crisis y depresión.
En esta misma obra Mises desarrolla su Teoría Austríaca del Ciclo Económico que luego sería tomada y mejorada por el Premio Nóbel Hayek. A mi modo de ver, y esto ya es una apreciación subjetiva sobre el proceso inflacionario que en la Argentina estamos viviendo, el proceso de crecimiento económico que hemos experimentado entre 2001 y 2005 no es más que un “boom” artificial creado por esta emisión monetaria que necesariamente alcanzará su punto máximo en cualquier momento y la economía lamentablemente se verá nuevamente en una grave crisis y depresión.
Esto también puede observarse empíricamente. Si comparamos el PIB de julio 2005 con julio 2004 la economía ha crecido casi un 9 %. Pero si comparamos julio 2005 con junio 2005 el cambio es casi nulo. La economía ya está en una meseta. Por supuesto es imposible hace una proyección cuantitativa de la tasa de crecimiento económico que experimentaremos en 2005 (aunque muchos pseudo-economistas lo intenten), pero es claro que los argentinos nuevamente nos veremos sumidos en graves dificultades para salir de este nuevo ciclo económico.
* Adrián Osvaldo Ravier es Licenciado en Economía (UBA). Completó su Máster en Economía y Administración en ESEADE y actualmente cursa su doctorado en Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es investigador asociado a la Fundación Atlas 1853 e investigador Junior de ESEADE.
Artículo publicado en la Fundación Atlas 1853
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