Revista Digital: La Escuela Austríaca en el Siglo XXI, Nº 15

Este ejemplar incluye una entrevista inédita a Lawrence H. White y contribuciones de Ricardo Crespo, Miguel Ángel Alonso Neira, David Sanz Bas y Adrián Ravier.

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Es un placer para la Fundación Friedrich A. von Hayek presentar el decimoquinto número de la Revista Digital La Escuela Austríaca en el Siglo XXI.

En esta oportunidad presentamos una entrevista a Lawrence H. White, uno de los máximos representantes de la Escuela Austríaca moderna y defensor de la banca libre con reserva fraccionaria. White nos cuenta aquí cómo llegó a las ideas de la Escuela Austríaca, su paso por la UCLA, la influencia de Axel Leijonhufvud en su tesis doctoral y el por qué de su especialización en la banca libre y en la historia económica. Reflexiona sobre el debate banca libre versus coeficiente de caja del 100 por cien; opina sobre el pensamiento de Mises en materia monetaria; se distancia de la propuesta de Hayek en La desnacionalización de la moneda; destaca las contribuciones de Roger W. Garrison en Tiempo y dinero; y muestra algunas reflexiones sobre la crisis financiera internacional, la que basa en profundos estudios previos. Nos cuenta sobre su próximo libro, The Clash of Economic Ideas, que podríamos ubicar en el campo de la historia del pensamiento económico. Allí utiliza los principales debates de política económica y experimentos de los últimos cien años para enmarcar una discusión sobre la evolución de las teorías económicas acerca de estos eventos. Sobre el cierre, es optimista respecto al futuro de la Escuela Austríaca e invita a sus miembros a debatir con el mainstream. Si sólo hablamos entre nosotros nos estancamos; si debatimos con otros tenemos el desafío de mejorar nuestros argumentos.”

A continuación incluimos un nuevo aporte de Ricardo Crespo, esta vez con una breve biografía de Joseph Schumpeter, a quien considera un “economista atípico”. Destaca su “Historia del Análisis Económico” como “el mejor tratado sobre la materia” y explica que el empresario schumpeteriano desempeña un papel clave como motor del desarrollo económico. “Él es quien aporta los componentes de innovación y cambio tecnológico que hacen avanzar los negocios.”

El tercer artículo es una contribución de Miguel Ángel Alonso Neira, quien presenta algunas reflexiones sobre la crisis financiera internacional, identificando como su principal causa “la alteración de la estructura del capital de la economía originada por la política de bajos tipos de interés de la FED y del BCE entre los años 2002 a 2006.”

A paso siguiente, incluimos un nuevo aporte de David Sanz Bas, esta vez con una fuerte crítica a la teoría keynesiana del ciclo económico. El artículo nos permite comprender la lógica de aquella teoría e identifica sus fallas centrales, destacándose la ausencia de una teoría del capital.

Este decimoquinto número de la revista cierra con un artículo de quien escribe estas líneas, donde sintetizamos un trabajo del mencionado Larry White en relación con las causas de la crisis sub-prime.

Desde la Fundación Friedrich A. von Hayek agradecemos al lector el seguir acompañándonos y esperamos disfruten de esta nueva edición.

Adrián O. Ravier
Editor

El mito del “Saving glut”

Greenspan_BernankeSon cada vez menos los economistas que ignoran la responsabilidad de la Reserva Federal de Alan Greenspan en la crisis financiera internacional. Tanto la Escuela de Chicago como la Escuela Austríaca explican que el tipo de interés a corto plazo fue demasiado bajo durante demasiado tiempo, creando una burbuja inmobiliaria sin precedentes.

La Escuela Austríaca en particular ha señalado que la Fed redujo los tipos de interés por debajo de su nivel natural, distorsionando los precios relativos y creando un enorme proceso de mala inversión que hoy extiende sus consecuencias sobre la economía global.

Nuestro objetivo aquí es presentar una reflexión sobre la defensa que Alan Greenspan (2005; 2007; 2008a; 2008b) y Ben Bernanke (2005; 2006; 2007; 2009) han desarrollado como respuesta a estas acusaciones. Los dos últimos presidentes de la Fed se han declarado inocentes de haber creado la burbuja de crédito que dio lugar a la burbuja inmobiliaria y a la crisis de 2008. Su defensa se puede sintetizar en dos puntos: (1) las hipotecas no tienen tanta relación con los tipos de interés a corto plazo que fija la Fed, sino con los tipos de interés a largo plazo; (2) estos tipos de interés de largo plazo se vieron reducidos en los últimos años por un “saving glut”, es decir, una “abundancia mundial de ahorros” originada en países como China y la India.

Y es que hay algo de verdad en esta defensa. Al observar la evolución del tipo de interés nominal a 30 años –relacionado con las hipotecas en Estados Unidos– éste efectivamente cayó 113 puntos básicos entre 2001 y 2004, mientras que la inflación cayó sólo 15 puntos básicos. Sin embargo, la Fed redujo “artificialmente” la tasa de interés desde un 6,50% hacia principios de 2001 hasta el 1% a finales de ese mismo año. Esta reducción es de 550 puntos básicos, es decir, muy por encima de lo que los ahorros mundiales podrían explicar. Sostener que la reducción de la tasa no fue artificial y que obedece a los ahorros reales carece de sentido.

En este sentido es particularmente interesante el trabajo de Roger W. Garrison, quien señala que una reducción real de la tasa de interés, motivada en “ahorros reales”, debería haber prevalecido durante cierto tiempo.

La pregunta que no encuentra respuesta bajo la explicación de los dos últimos presidentes de la Fed es la siguiente: si la reducción en los tipos de interés a corto plazo obedece a factores reales, como la abundancia mundial de ahorros, ¿cuál es la explicación para la subida de estos tipos de interés? Recordemos que entre mediados de 2004 y mediados de 2006, estos tipos de interés subieron del 1 al 5,25%, tras 17 incrementos consecutivos y periódicos de 25 puntos básicos.

George Reisman (2009) es todavía más profundo. Su trabajo, sobre la base de la teoría austríaca del capital apunta específicamente a desmentir el “mito del saving glut” (el mito del exceso de ahorros), señalando cinco argumentos centrales: primero, si los ahorros fueran responsables de la crisis, debimos haber experimentado una reducción del gasto en consumo en los países en cuestión. No hubo tal evidencia. Segundo, el ahorro implica un crecimiento en la oferta de bienes de capital, más producción, y precios más bajos, incluyendo los de los propios bienes de capital. Estos resultados son incompatibles con las burbujas de activos que experimentamos. Tercero, si de algún modo el ahorro fuera responsable de la burbuja inmobiliaria, los recursos financieros no podrían haber desaparecido de un momento a otro. Pero estos recursos financieros se esfumaron como consecuencia del fin de la política de dinero fácil y la revelación de la falta de capital. Cuarto, si los ahorros abundan, los bancos y las empresas tendrían más capital, no menos. La falta de capital es precisamente el producto de la mala inversión y el sobreconsumo, que son a su vez consecuencia de la política crediticia expansiva, no de un mayor ahorro. Quinto, y especialmente importante, hay que recordar que en los trece años entre 1994 y 2006 la tasa de ahorro de Estados Unidos, incluyendo todos los ahorros externos que entraron al país relacionados con los déficits de cuenta corriente, nunca excedieron el 7%, y en ocho de esos trece años, fueron sólo del 3%.

Reisman (2009) concluye que los aludidos “ahorros” entrando a la economía americana vía déficits de cuenta corriente, no representan ahorros, sino el producto de la expansión monetaria y crediticia que la Fed llevó a cabo. Este mismo aspecto fue estudiado por el economista español Juan Ramón Rallo, quien señala que:

El supuesto ahorro asiático no era en realidad ahorro a largo plazo. Los estadounidenses saldaban su déficit exterior vendiéndoles deuda a los asiáticos y los asiáticos (especialmente los chinos) utilizaban esa deuda como respaldo para emitir su propia moneda interna. ¿Consecuencia? El poder adquisitivo se duplicaba: Estados Unidos iba siempre defiriendo sus pagos (podía consumir a crédito de manera indefinida) y los asiáticos iban transformando esas promesas de pago futuras en dinero presente. Los datos son inapelables: entre 2002 y 2008 el déficit exterior acumulado de Estados Unidos con China fue de 1,34 billones de dólares, lo que en buena medida fue sufragado por los activos estadounidenses adquiridos por China durante ese período (1,07 billones) y que se corresponde a su vez con los aproximadamente 1,35 billones de renminbis (valorados en dólares) que emitió el Banco Central chino. Lo que sucedió fue, por tanto, que China concedió crédito a largo plazo a Estados Unidos sin esperarse a cobrarlo. Esto poco o nada tiene que ver con un aumento del ahorro, más bien con un cobro anticipado vía inflación.

La Escuela Austríaca logra, por consiguiente, demostrar que la defensa de Greenspan y Bernanke sobre la responsabilidad en la crisis no se sostiene.

Este artículo fue publicado originalmente en Libertad digital bajo el título “El mito del exceso de ahorros“.

Premio Nobel de Economía 2009

nobel2009El Premio Nobel de Economía 2009 fue otorgado a los estadounidenses Elinor Ostrom y Oliver Williamson, anunció hoy la Real Academia Sueca de Ciencias en Estocolmo.

“La investigación de Elinor Ostrom y Oliver Williamson demuestra que el análisis económico puede arrojar luz en la mayoría de las formas de organización social”, explicó el jurado.

Ostrom, de la Universidad de Indiana, “demostró que las copropiedades pueden ser administradas en forma eficaz por asociaciones de usuarios”.

Por su parte, Williamson, de la Universidad de Berkeley, “probó que los mercados y las organizaciones jerárquicas, a imagen de las empresas, tienen estructuras de gobernación alternativas que difieren en su forma de resolver los conflictos de interés”.

¿Fueron estos premios una sorpresa para la Academia? Pienso que no. Si bien las probabilidades de ambos eran de 1 sobre 50, ambos pertenecían a la nómina de posibles candidatos.

¿Pero cómo recibe la Escuela Austríaca a los nuevos galardonados? Una vez más, las opiniones en el blog del Mises Institute son variadas. Pero no sólo allí. De un lado, Libertad digital destaca que Ostrom “defiende la propiedad común”. Del otro, economistas como Peter Boettke sostienen que Lin Ostrom trabaja sobre la base de la tradición de Adam Smith y David Hume hasta Friedrich A. von Hayek y James M. Buchanan.

Acceda a algunos posts de opinión.

En cualqueir caso, ahora sólo nos queda estudiar los trabajos de los dos nuevos galardonados y aprender de sus contribuciones.

James M. Buchanan y el análisis económico de la política

La Universidad Francisco Marroquín acaba de publicar un nuevo ejemplar de la revista LAISSEZ FAIRE.

En este número se ha publicado un artículo de Adrián Ravier, titulado “James M. Buchanan y el análisis económico de la política”, donde se intentar sintetizar el pensamiento de este premio Nobel en relación con el Public Choice, o teoría de la elección pública.

Acceda al artículo.

Acceda a la revista Laissez Faire No. 30-31, de marzo-septiembre de 2009.

LAISSEZ-FAIRE

Revista de la Facultad de Ciencias Económicas

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UNIVERSIDAD FRANCISCO MARROQUÍN

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No. 30-31


Marzo-Septiembre 2009

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El Origen y el Auge del Neosocialismo en América Latina Eduardo Mayora
James M. Buchanan y el Análisis Económico de la Política
Adrián O. Ravier
Is There a Market for Money, or Are There Markets for Money? There ain’t no such thing as the Supply of or Demand for Money William Barnett II and Walter Block
The Economics of Ray Bradbury’s Fahrenheit 451 Cecil E. Bohanon and W.Allen Hutson
Usura, Créditos Predatorios y Educación Financiera Kristiano Raccanello
La Subversión del Sujeto Cartesiano
Carlos Seijas
El Estrafalario Mundo de las Teorías Históricas de la Justicia: Retomando el Argumento de Nozick
Martín Hevia y Ezequiel Spector
El Modelo Hicks/Garrison Estático Marco Antonio Del Río R.
La Crítica es una Manera de Ejercer la Imaginación: Entrevista a Mario Vargas Llosa Jorge Coaguila

Réplica a Rallo. Calidad versus cantidad de dinero

En mí último artículo señalé que hay cierto consenso entre los economistas de las distintas escuelas de pensamiento macroeconómico sobre la necesidad de evitar la contracción secundaria mediante la expansión de la base monetaria. Dicho en pocas palabras, el rol activo y anti-cíclico del keynesianismo, el anti-deflacionismo monetarista, la lectura del free banking de los austríacos Hayek-White-Selgin-Horwitz-Garrison-Rizzo-O’Driscoll de oponerse a la “contracción secundaria” y ahora la “prudencia política” del profesor Huerta de Soto, todos se oponen a que la Reserva Federal abandone completamente la política monetaria, y en su lugar, afirman que –de distintas maneras– el banco central debe “hacer algo”. El objetivo de la columna fue simplemente rechazar el mito de que todos los austríacos están de acuerdo que el ajuste sea por precios, renunciando a la política monetaria.

Mi colega austríaco Juan Ramón Rallo contestó a mis comentarios con una columna muy interesante, en donde se adhiere al consenso y en el que rescato un punto central: “no importa tanto la cantidad, sino la calidad de dinero”.

Rallo es uno de los principales representantes de la teoría cualitativa del dinero, desarrollada originalmente por Antal Fekete a través de los escritos de Adam Smith y Carl Menger. En pocas palabras, en este enfoque “el gran problema de la crisis global actual es que los bancos recibieron depósitos a corto, pero prestaron a largo plazo.”

Hay dos cuestiones que quisiera señalar al respecto: la primera, relativa a la cantidad de dinero; la segunda, en relación con la calidad de la política monetaria de Bernanke.

La primera cuestión es que Rallo desarrolla una crítica sobre la teoría cuantitativa del dinero que no comparto. Y es que esta teoría, si bien con problemas propios de su agregacionismo, nos enseña una verdad fundamental sobre “el nivel general de precios”. Es cierto que no nos dice nada sobre lo que ocurre con los precios relativos –con todas las implicancias que ello tiene y que han sido ampliamente demostradas por la Escuela Austríaca–, pero sí explica los determinantes del agregado de los precios. Así, lo que no explica no invalida lo que dice.

La cantidad de dinero importa, y eso es precisamente lo que Friedman intentó demostrar; algo que, de hecho, ha tenido muy buenos resultados en materia de política económica. Detener el fuerte proceso inflacionario chileno en los años 80 es un mérito que debemos reconocerle al espíritu de la regla de Friedman. Y es que una regla monetaria que limite la expansión entre un 3% y un 5% no será óptima, distorsionará los precios relativos, generará cierta mala-inversión, pero no generará desequilibrios importantes como para dar lugar a la actual crisis global.

En otro lugar he desarrollado una crítica a esta regla monetaria y he llegado a la conclusión de que el problema no son las consecuencias que surgirán de su cumplimiento, sino las consecuencias de su incumplimiento. No hay razones para esperar que un banco central sea independiente del gobierno y se sujete a dicha regla.

La segunda cuestión se refiere a que en una teoría “cualitativa” del dinero podemos abrir otros dos aspectos: por un lado, el plazo al que se reciben y se otorgan depósitos y préstamos; y, por otro, a quién se le presta el dinero.

La responsabilidad de los plazos, punto ampliamente enfatizado por Rallo, entiendo que debe recaer sobre la esfera de los bancos comerciales, y que debe ser completamente irrelevante para la política económica. Dicho en otras palabras, ni el gobierno, ni el banco central debieran ocuparse de regular este aspecto. De hacerlo, estaremos atacando la libertad bancaria.

Y es que además no es necesario. En un sistema de banca libre, donde se elimina el banco central y el curso forzoso, los bancos necesariamente acomodan su expansión crediticia a la demanda. Si se exceden, empiezan a perder reservas, y si no corrigen su actitud rápidamente, la pérdida de confianza los hará salir del mercado dejando su lugar a otros bancos emisores con mejor manejo de la oferta de billetes. Como bien señala Nicolás Cachanosky, este es el efecto descrito por la llamada Ley de Gresham: en un mercado libre la moneda fuerte desplaza a la débil.

En este sentido, el factor central es el que señala Lawrence White: los pánicos bancarios. Los potenciales pánicos permiten a los depositantes controlar el riesgo que los bancos comerciales asumen. Dicho control impide que los bancos tomen riesgos innecesarios, esto es, los disciplina.

Así, si interpretamos el encaje de plazos entre depósitos y préstamos como una regla de prudencia que los bancos comerciales deben seguir, es de esperar que los incentivos a aplicarla sean mayores bajo un sistema de banca libre.

Respecto del segundo punto, sobre “a quién” se le presta el dinero, encuentro sintonía entre “cualitativistas” y los defensores de la banca libre.

Rallo argumenta que mi énfasis estuvo en la cantidad de dinero, cuando debí advertir que “el problema real no está ahí, sino en que ha aumentado demasiado porque se ha prestado a sectores a los que nunca se debería haber prestado”. Pero este punto sí que lo advertido. De hecho, pienso que el problema de la acción discrecional de la Fed fue tanto “cuantitativo” como “cualitativo”, y no logro comprender por qué deberíamos ignorar la relevancia de uno de estos motivos.

En el plano cualitativo, la Fed expandió la base monetaria comprando deuda privada de alto riesgo, en lugar de comprar deuda del gobierno y ahora tiene una cartera de activos cuyo valor y liquidez desconoce y que le será difícil revender en cuanto comience a aumentar la velocidad de circulación del dinero.

¿Podemos afirmar entonces que respaldo –con matices– la política de Bernanke? Pienso que no. ¿Podemos afirmar que la crítica de White a Bernanke es sólo por la “cantidad” de dinero? Tampoco. De hecho, ante esta crisis Lawrence White ha sido uno de los pocos economistas que estudió minuciosamente el balance de la Fed para sintetizar en un artículo la enorme discrecionalidad con la que Bernanke está actuando.

En conclusión, es sumamente relevante señalar que el dinero que hay que crear para atender la mayor demanda no tiene por objeto salvar a ningún banco, sino estabilizar el ingreso nominal (M x V). La Fed no hizo esto. En su lugar, sin intervención del Congreso, desarrolló una política monetaria selectiva, destinada a prestar a sectores muy específicos.

Artículo publicado originalmente en Libertad digital, el 17 de septiembre de 2009.

Poder adquisitivo del oro y algunas monedas seleccionadas en los Estados Unidos

¿A QUÉ CONCLUSIONES LLEGAN LOS ECONOMISTAS DESPUÉS DE ANALIZAR ESTE GRÁFICO?

Poder adquisitivo del oro y monedasAcceda al pdf.

El dólar está barato

“Hoy, con ingresos que crecen al 14% y el gasto público al 25%, el déficit fiscal de 2009 llegará a los $25.000 millones (U$S 6500 millones). A esta cifra, habría que agregarle pagos de capital de deuda pública por U$S 5000 millones. Este monto de U$S 11.500 millones hace que el Gobierno recurra cada vez más al BNA -menos crédito privado- y al BCRA -menos reservas-. Además, del robo cometido a fines de 2008 contra los que estaban ahorrando en las AFJP.”

Análisis de José Luis Espert para La Nación.

¿Bernanke contra la contracción secundaria?

Réplica de Juan Ramón Rallo a un artículo que publiqué en Libertad digital.

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RalloEn su último artículo, mi compañero austriaco Adrián Ravier viene a defender con algunos matices la actuación de la Reserva Federal durante el último año consistente en incrementar la oferta monetaria para impedir una contracción secundaria; esto es, para evitar la quiebra de bancos por una falta de liquidez sistémica. Apoya su opinión en autores también austriacos de tanto renombre como Friedrich Hayek, George Selgin o Lawrence White y en menor medida en otros monetaristas como Milton Friedman y Anna Schwartz.

Ravier, sin embargo, desconfía de la magnitud del incremento en la oferta monetaria que ha llevado a cabo Ben Bernanke; en su opinión, el presidente de la Reserva Federal se ha pasado de frenada y ha “creado” más dinero del que era necesario para salvar a los bancos. Y sus dudas son más que razonables: la base monetaria (el dinero propiamente dicho) se ha duplicado en menos de un año en lo que supone, con diferencia, el mayor incremento de la historia. Tan exageradas son las estadísticas que muchos (demasiados) analistas se han lanzado a la piscina pronosticando que estas políticas nos llevarán a la hiperinflación. ¿Tiene razón mi colega Ravier o la tiene el friedmanita Bernanke? Por supuesto, mi opinión se acerca bastante más a la de Ravier, pero por motivos no del todo coincidentes a los suyos.

Primero, hay demasiada mitología entre todos los analistas, especialmente entre los monetaristas, sobre la magnitud de la expansión monetaria que ha llevado a cabo la Fed. La base monetaria simplemente se ha duplicado no porque Bernanke haya puesto en funcionamiento la imprenta de dinero, sino porque los bancos privados han dejado de prestarse dinero entre sí y se lo han comenzado a prestar a la Reserva Federal (en forma de depósitos a la vista). Dicho de otra manera, en gran medida se trata de un simple efecto estadístico: antes el banco A le prestaba 100 dólares al banco B y ahora los deposita en los baúles de la Fed. Y dado que el dinero que hay en estos “baúles” integra la definición de “base monetaria”, las estadísticas monetarian reflejan un incremento brutal de la cantidad de dinero.

Segundo, como consecuencia de lo anterior, el interbancario se secó literalmente (los bancos dejaron de prestarse entre sí) mientras que la Fed comenzó a nadar en una abundancia de dinero (el que los bancos privados atesoraban en sus baúles). ¿Qué debería haber hecho Bernanke en estas circunstancias? ¿Sentarse encima de esta montaña de dinero mientras una parte muy sustancial de los bancos carecía de crédito para sobrevivir? No, en efecto, Bernanke hizo grosso modo lo correcto entre octubre y diciembre del año pasado (cuestión distinta es el antes y, sobre todo, el después) cuando comenzó a prestar a corto plazo a los bancos el dinero que él también había recibido prestado a corto plazo (en forma de depósitos). Básicamente, los bancos tenían demasiado miedo para prestarse dinero entre sí, así que primero se lo prestaban a la Fed y luego la Fed se lo volvía a prestar a los bancos. De este modo evitamos una innecesaria quiebra del sistema financiero por un súbito incremento de la demanda de dinero sin envilecer la moneda.

Nada realmente extraordinario y que, por cierto, no es una aportación original de Milton Friedman. Ya durante el siglo XIX se consideraba que la función más importante de los bancos centrales consistía en actuar como prestamista de última instancia, esto es, concediendo créditos a corto plazo a los bancos en dificultades durante un pánico financiero.

El gran teórico de la banca central de finales del s. XIX, Walter Bagehot (a quien, por cierto, Bernanke ha apelado en numerosas ocasiones para justificar su política), ya defendía en su magnum opus Lombart Street que el Banco de Inglaterra debía combatir las crisis de liquidez prestando sus reservas a la banca en momentos de dificultad. Pero ya antes que Bahegot, numerosos autores habían llegado a conclusiones análogas: Henry Thornton, Thomas Tooke o Henry Dunning Macleod, por nombrar sólo algunos.

En realidad, Friedman vino a confundir a todo el mundo (confusión que todavía persiste hoy) al defender que la misión del banco central en tiempos de crisis era evitar, no la iliquidez bancaria, sino las contracciones de la oferta monetaria (especialmente en la actualidad, es posible que la oferta monetaria crezca sin proporcionar liquidez al sector financiero y viceversa, que la oferta monetaria se contraiga y sin embargo el sistema financiero no necesite liquidez).

La recomendación de Friedman no significa prácticamente nada y, desde luego, no sirve como guía de actuación para una política sensata de la banca central. No es tan importante cuánto aumentan o disminuyen magnitudes bastante arbitrarias que definen la oferta monetaria (como la M0, M1, M2, M3 o M4) cuanto qué hace con sus reservas un banco central (y esta sería mi principal discrepancia con Ravier). Y repito, en momento de crisis lo que debe hacer un banco central es prestar sus reservas a corto plazo contra activos de calidad también de corto vencimiento con el objetivo de evitar que la banca y la economía privada entren en una contracción secundaria. Como digo, esto fue lo que hizo Bernanke, mal que bien, a finales de 2008. Pero, ¿es todo lo que ha hecho?

Por desgracia, no. Desde el comienzo de 2009 el presidente de la Fed comenzó a meter la pata hasta el fondo, ya que se olvidó del sensato objetivo de prestar sus reservas a corto plazo y puso en marcha su famoso helicoptero inflacionista: la Fed comenzó a utilizar sus reservas a corto plazo para comprar alrededor de 700.000 millones de dólares de activos a largo plazo –entre ellos titulizaciones hipotecarias a 30 años de Freddie Mac y Fannie Mae y deuda pública de los déficits de Obama– para tratar de reinflar el crédito e iniciar una nueva burbuja especulativa. Esto no tiene nada que ver con evitar una contracción secundaria y todo que ver con monetizar deuda pública y jugar a lo que hace 50 años se llamó Operación Twist.

Si por algo sentenciaba que la recomendación de Milton Friedman de que hay que evitar la contracción de la oferta monetaria no sirve de nada y sólo añade confusión a unas directrices muy claras desarrolladas por los economistas del s. XIX, es porque con estas actuaciones suicidas, impropias de un banco central serio, la Fed también está evitando que se hunda la oferta monetaria y, sin embargo, está colocando en grave riesgo la viabilidad futura del dólar y de la economía.

Por consiguiente, aunque Ravier se queja de que la oferta monetaria ha aumentado demasiado, el problema real no está ahí, sino en que ha aumentado demasiado porque se ha prestado a sectores a los que nunca se debería haber prestado. Esto es, el problema está en que la Fed se ha endeudado a corto plazo para prestar masivamente a largo, justo la insostenible estrategia financiera que nos ha arrastrado a la situación actual.

Pero en todo caso, sí coincido con Ravier, Hayek, Selgin, White y, por supuesto, con Huerta de Soto en que un sistema financiero que no padeciera las actuales leyes de curso forzoso y el monopolio de emisión de las autoridades monetarias sería un sistema que no generaría crisis como la que ahora padecemos.

 
Juan Ramón Rallo es jefe de opinión de Libertad Digital, director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, profesor de economía en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de la bitácora Todo un Hombre de Estado. Ha escrito, junto con Carlos Rodríguez Braun, el libro Una crisis y cinco errores donde trata de analizar paso a paso las causas y las consecuencias de la crisis subprime.

Combatiendo la contracción secundaria

En su famoso estudio sobre la Historia Monetaria de los Estados Unidos, Milton Friedman y Anna Schwartz sostuvieron que la Gran Depresión obedecía a errores de la Reserva Federal. El problema no fue la expansión monetaria y crediticia de los años veinte, decían, sino más bien la contracción secundaria de la oferta monetaria producida entre 1929 y 1933, lo que provocóuna gran deflación de precios que destruyó una gran parte del sistema bancario (de los 25.000 bancos que operaban en 1929, sólo quedaron 12.000 en 1933).

¿Qué queremos decir con “contracción secundaria”? Como explicara Roger W. Garrison “una espiral descendente de la actividad económica que se realimenta y que provoca que la recesión sea más profunda y/o que dure más de lo que era necesario por la necesitada liquidación de las malas inversiones”.

Friedman y Schwartz, en consecuencia, recomendaban que la Reserva Federal debía evitar una crisis semejante reinflando la oferta monetaria.

¿Tiene esto alguna relación con lo que Bernanke hace hoy? Por supuesto. En noviembre de 2002, en un discurso que Ben Bernanke ofreció en honor a Milton Friedman, pronunció las siguientes palabras: “Permítanme terminar mi conferencia abusando levemente de mi carácter de representante de la Reserva Federal. Quiero decirles a Milton y a Anna: en lo que respecta a la Gran Depresión, tienen razón, fue culpa nuestra. Lo lamentamos mucho. Pero gracias a ustedes, no volveremos a hacerlo”. Lo cierto es que Ben Bernanke está intentando llevar adelante las políticas que Friedman y Schwartz habrían recomendado seguir ante la Gran Depresión, esto es, expandir la base monetaria para evitar la “contracción secundaria”.

Muchos dirán que esta es una política keynesiana, por el rol activo que el gobierno y la Reserva Federal asumen ante la crisis. Sin embargo, hemos de notar que expandir la base monetaria cuando la oferta monetaria se contrae es una operación con cierto consenso en la academia.

¿Incluye este consenso a los austríacos? Por un lado, no. Jesús Huerta de Soto por ejemplo ha señalado en un reciente artículo titulado Los errores de Ben Bernanke publicado en el último número de la revista académica Procesos de Mercado (Primavera de 2009) que “en vez de una crisis en V, profunda y rápida (que es lo que el mercado libre propiciaría), la intervención monetaria y gubernamental fuerzan innecesariamente una recesión mucho más prolongada y dolorosa”.

Por otro lado, sí. Y es que Friedrich A. von Hayek, en su famoso libro Precios y Producción (1931) afirma que la Reserva Federal debe expandir la base monetaria para evitar esta “contracción secundaria”. En términos de la ecuación cuantitativa (MV=PY), Hayek propone mantener MV constante.

Esto traería dos consecuencias: primero, en lo que refiere a los aumentos de productividad que el mundo experimentó en la década de 1990, la economía debió crecer sostenidamente (aumento de Y) acompañada de una sana deflación de precios (reducción de P o lo que Joseph Salerno denominó como growth deflation). De haber permitido la Reserva Federal que los precios cayeran a lo largo de la década, hoy no estaríamos inmersos en esta crisis.

Segundo, y ya metidos en problemas, Hayek proponía (como ideal) que la Reserva Federal permita la necesaria liquidación de mercado mientras la autoridad monetaria evita la contracción secundaria (el pánico) mediante el mantenimiento de un flujo constante de gasto.

Vale la pena aclarar que el aumento de la oferta monetaria (M) que proponía Hayek, y hoy defienden Lawrence White y George Selgin, entre otros, no sería de la magnitud, ni de la calidad, del que Bernanke ofrece hoy. Por un lado, hoy la expansión de la oferta monetaria supera el 20%, un monto que está bastante por encima de lo que el mercado habría necesitado para evitar la “contracción secundaria”. Por otro lado, en lugar de los rescates arbitrarios que la Reserva Federal deja hoy a la discrecionalidad del gobierno americano, estos autores habrían preferido una expansión de la oferta monetaria a través de operaciones de mercado abierto, esto es, comprando bonos y sin favorecer el “riesgo moral”.

De este modo, algunas de las grandes empresas que fueron rescatadas habrían caído y otras habrían sido fusionadas o reestructuradas, dando lugar al ajuste de mercado.

Desde luego, Hayek favoreció un sistema de banca libre en el que se eliminara el curso forzoso, lo que habría evitado llegar a situaciones como ésta. Pero si asumimos la existencia de un banco central, y ya que estamos inmersos en la crisis, la política de evitar la contracción secundaria parece gozar hoy de cierto consenso.

Artículo publicado originalmente en Libertad digital, 20 de agosto de 2009

Rose Friedman, QDEP

RoseAun cuando Rose Friedman -al igual que su esposo- han sido críticos de la tradición austríaca, la considero una de las más importantes defensoras de los principios de la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado.

Se presenta aquí la traducción al español del breve texto publicado en el sitio web de la Fundación Milton y Rose Friedman.

Rose Friedman, QDEP

El martes 18 de agosto del corriente falleció Rose Director Friedman, en su casa de Davis, California, por  una insuficiencia cardíaca. Si bien la fecha de su nacimiento es incierta, se cree que tenía 99 años de edad.

Será recordada como una talentosa economista y como una influyente defensora de la libertad. Su trabajo en economía ayudó a desacreditar la idea de que el gobierno puede manejar la economía activamente, contrariando las políticas que obstaculizan la creación de riqueza y, por tanto, ayudando a extender las bendiciones de la prosperidad a millones de personas en todo el mundo. Como una abanderada de la libertad, ha contribuido a influir en la opinión pública –especialmente en la década de 1980- contra la creciente intromisión del gobierno en la vida de las personas.

También será recordada como la socia profesional y amada esposa y amiga de su difunto marido, Milton Friedman, con quien estuvo casada 66 años.

Nació en una pequeña aldea que se encontraba en Rusia y que hoy es parte de Ucrania. Sus registros de nacimiento se perdieron, pero ella cree haber nacido en diciembre de 1909. Cuando era una niña, su madre la llevó a ella y a sus hermanos para América, donde su padre ya se encontraba por haberse escapado de las amenazas contra su vida derivadas del antisemitismo. Abandonaron su tierra justo antes de que esas tierras fueran devastadas durante la Primera Guerra Mundial.

Su contribución más importante fue el libro de 1980 La Libertad de Elegir, que ella co-escribió con su marido, además de la compañía que le proveyó a Milton en diez programas de la serie PBS. Ambos fueron de gran éxito – el libro encabezó los best-seller por cinco semanas – y tuvo un profundo impacto en la comprensión pública de la libertad. En un tiempo en que la confianza en las ideas fundadoras de la nación se encontraron amenazadas, La Libertad de Elegir desempeñó un papel decisivo en el restablecimiento de la fe en la Libertad en América.

Rose Director conoció a Milton Friedman en 1932 cuando los dos estaban sentados, uno al lado del otro, en orden alfabético, como estudiantes de posgrado en la Universidad de Chicago. En sus memorias, Dos personas con suerte, Milton reconoce a Rose haber sido una socia crucial en la casi totalidad de su capacidad económica y en lo que hace a sus trabajos de políticas públicas. Además de sus otros logros, Rose tuvo el distintivo logro de ser la única persona de que se tenga conocimiento que le ha ganado un argumento a Milton Friedman.

En 1996, fundó la Fundación Milton y Rose Friedman para promover las políticas de selección de escuelas, que permiten a los padres a elegir la escuela pública o privada que es mejor para sus hijos. A partir de entonces en adelante, la pareja Friedman concentró sus esfuerzos en la promoción de la libertad de enseñanza a través de la opción escolar. Rose se desempeñó como vicepresidente y co-presidente de la Fundación desde su creación.

Rose Friedman sobrevive en su hijo David y su hija Janet, cuatro nietos y tres bisnietos. De acuerdo con sus peticiones, su cuerpo será cremado y las cenizas esparcidas en el mar.
La familia ha pedido que en lugar de flores o regalos, las contribuciones se hicieran en honor de la Fundación Milton y Rose D. Friedman.